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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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10 octubre 2010 7 10 /10 /octubre /2010 23:03

Clich--Literatura 

20 de Calificación.

  Cuento-Historieta, 1997 (3/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 18 oct 10.

 

Acordaron un nuevo plan: pondrían dos vigías para cuidar los movimientos del maestro cuando éste estuviese de regreso; entre tanto, volverían a intentar la pirámide humana con más calma sin temor a se sorprendidos.

 

Así lo hicieron, se repitió la historia, pero esta vez el pequeño bajó de las alturas sin contestar nada, ante la desesperación de todos, para afirmar: “ni modo, tiene que subir otro de ustedes, porque no me van a creer “.

 

_  ¡Pero por qué, por qué, qué hay?! –con avivada curiosidad todos se le fueron encima repitiendo incansables: “¡¿por qué, qué hay?!...”, y cuando por fin se decidía describiendo lo que había visto, en eso los vigías dieron la señal  de alarma, y todos se replegaron a sus posiciones a distancia.

 

Llegó el maestro al Salón, pero esta vez algo diferente  estaba ocurriendo: dejó la puerta entreabierta…  ¿Esa era la gran oportunidad!, pero quien se atrevería a ir a husmear por la rendija de la puerta.

 

Todos se pusieron de pie, se inquietaron, iban para un lado y para otro, se animaban los unos a los otros a atreverse, pero nadie daba un paso en esa dirección.

 

Continuaron pasando los días y ellos seguían reuniéndose ahí, a conjeturar sobre lo que podría estar ocurriendo dentro del Salón, que despreocupadamente permanecía con la puerta semiabierta.

 

Con el tiempo, habían logrado medir con bastante precisión los movimientos regulares de entrada y salida del maestro, así como, por supuesto, su tiempo de permanencia tanto fuera como dentro, y ello les dio confianza para acordar un nuevo plan más osado.

 

Diseñaron entonces un largo periscopio que en dos o tres días por fin tuvieron terminado.  Al salir el maestro –quien, por supuesto, cerraba la puerta–, irían a observar por la abertura de la cortina.  Ahora todos podrían ver lo que estaba allí adentro.  Pero, para su desesperación, sólo se observaba un sector muy limitado del fondo del Salón.  Allí estaba el escritorio del maestro, su silla, el pizarrón (entero y normal), y algunas cosas más que sólo les intrigaba y avivaba más su curiosidad.

 

07-Disenaron-un-largo-periscopio.jpg

 

El plan del periscopio fue insuficiente, y casi lo desechan arrumbándolo en la basura, cuando a alguien se le ocurrió un nuevo plan.

 

_  ¡Hey, ya sé! –despertó uno cual estratega–, hay que usar el periscopio cuando el maestro esté adentro…

_  ¿Y para qué? –dijo una de ellas.

_  ¿Qué ganamos con eso? –dio otra.

_  Pues así vigilamos –dijo el estratega del plan– cuando vaya a salir, y mientras, que alguien se asome por la puerta.

 

Todos sopesaron en silencio la posibilidad por un momento, y aun cuando aumentaba el riesgo, no veían otra solución.

 

08-Arrumbandolo-en-la-basura.jpg

 

Recuperaron su periscopio; aún más, le hicieron una innovación: lograron hacer que el juego de espejos superiores giraran horizontal y verticalmente.  Acordaron el día, se armaron de valor, y realizaron con éxito su trabajo de espionaje.

 

Luego lo intentaron una y otra vez sin mayor novedad; el maestro, mientras guardaran silencio, nunca hacía por ir a la puerta a reprenderlos, y así iban turnándose para observar por la puerta con más comodidad.

 

Habían recuperado la confianza a tal punto, que dejaron el periscopio de lado, y ya se agolpaban a la puerta desafiantes.  Cuando el bullicio aumentaba de tono, el maestro prestaba atención a lo que ocurría en la puerta y se dirigía a cerrarla .  En el acto, todos salían disparados a sus posiciones de resguardo.

 

Días después, el profesor agregó un letrero más a la puerta, que ahora nuevamente mantenía cerrada: “PROHIBIDA LA ENTRADA”.  Aun cuando a diferencia, algunas veces corría las cortinas permitiendo que se viera al interior.

 

Entonces, como moscas, sus alumnos permanecían en esas oportunidades, pegados a la ventana silenciosos e intrigados sobre lo que su maestro hacía con tanto interés, concentración y dedicación.

 

09-Ya-podian-asomarse.jpg

 

Un día tenía a la vista  un gran Globo Terráqueo que mostraba toda su estructura interna y externa; otro día proyectaba en una pantalla lo que hacía en la computadora; un día más iba colocando en la pared una serie de mapas que acababa de graficar, y algo hacía en ellos, midiendo y trazando…

 

Recuperada la confianza de sus alumnos, sabedores de que algo muy raro había pasado, reconsideraron su idea de que “El Injusto” fuera loco, ni mucho menos, peligroso.

 


 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Literatura
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