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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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10 octubre 2010 7 10 /10 /octubre /2010 23:05

Clich--Literatura 

20 de Calificación.

  Cuento-Historieta, 1997 (5/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 25 oct 10.

 

Resultaba así, que todos se hacían aproximadamente la misma pregunta: <<¿cómo puede ser que ellos estén aprendiendo de todo, si se la pasan jugando o tocando la guitarra, o platicando boberías en la Cooperativa…  Todavía los que se meten a la Biblioteca o a las computadoras, pues bueno, se puede entender, pero los otros, cómo van a aprender, ni caso nos hace nadie>>.

 

Con esa situación tan desconcertante, habían sondeado a algunos de sus compañeros sobre cómo era que estaban aprendiendo, y lo que les oían decirles, parecía de fantasía.

 

_  No, es que nuestro profesor de deportes está “re-loco” –les aclaraban sus compañeros.

_  Pero por qué…

_  Es que empezó el entrenamiento por que determináramos el perímetro del balón, para ver si cumplía con el reglamento, y que si lo debíamos inflar a tantas libras para que cumpliera con las especificaciones…

_  Sí, que loquera –agregó otro de ellos–, nos mandó a que nos asesorara el profesor de física, porque tuvimos que calcularle la elasticidad del balón y su rebote…

_  ¡”Oye”!, pero sí nos sirvió eso de dónde le tenemos que pegar a la pelota para que tome ciertos efectos según por donde el aire va a circular con mayor velocidad, aun que la amolada fue tener que calcularlo…

_  También ha estado interesante eso del consumo de calorías y la alimentación para reponerlas –añadió uno más–, y cómo funcionan las células, los tejidos musculares y los huesos durante el ejercicio bajo distintas condiciones geográficas; hasta las reacciones químicas que se dan…

_  Sí –concluía uno más–, ¡ustedes creen!, hasta tuvimos que presentrle un trabajo de la historia del deporte en relación con la situación social, económica y política de cada momento; con mapas e ilustraciones…, ¡hasta la redacción y ortografía nos consideró!

 

Se dieron cuenta que aproximadamente en los mismos términos les explicaron sus compañeros de música y las computadoras.  Un día llegaron con los comilones de la Cooperativa.  La maestra los tenía con sus tortas enfrente, pero no les permitía comerlas.  Más bien de ellas salían papelitos largos con los que estaban teniendo que determinar el PH, y tenían unas tabulaciones donde medían las calorías por los componentes de la torta…, cuando terminó la práctica, ya nadie quiso comérselas.

 

En ese panorama, se sentían los más desvalidos, y ello los llevó a reflexionar nuevamente.

 

_  “Oigan”, el Profe Injusto” no nos quiere –dijo por fin el alumno que tenía fama de aplicado–, porque, “dizque” que ya nos puso 10…

_  Pues sí, a quién se le ocurrió … -comentó una de ellas.

_  ¡Y yo para qué quiero 10 si no sé nada! –terminó el aplicado.

_  ¡Ah –intercedió una de ellas–, pues acuérdense de lo que dijo!: “...mientras deseen estudiar, tendrán derecho a entrar”.  ¡Pues entonces tenemos derecho a entrar!

_  Sí –intercedió otro–, pero él dice que para qué, si ya nos puso el 10 que queríamos…

_  ¡Pues entonces –dijo furiosa una de las niñas– hay que decirle que no queremos su mugroso 10, y que nos enseñe!

 

Y a esta propuesta, estuvieron todos de acuerdo; el problema era ahora que ya se sentían tan distanciados del Salón y del maestro, que no hallaban la manera de animarse a hacerlo, y entonces tuvieron que discutir hasta la manera de volver a acercarse.

 

_  ¡Pues ya hombre! –dijo impaciente alguno.  Simplemente vamos y se lo decimos y ya.

_  ¡¿Si?, a ver, ve tú!, apenas metas la nariz, te va a correr.

_  Bueno –volvió el impaciente–, pues hay que decírselo cuando lo veamos fuera del Salón…

_  ¡Ah, no; ya sé! –interrumpió una de ellas al compañero–, hay que decirle a algún maestro o maesta que se lo pida por nosotros…

_  ¡Ah, sí, ajá! –intervino otra de ellas proponiendo a una maestra que todos juzgaban que le complacería al maestro por bonita, y rieron todos de buena gana con la idea.

 

Pasaron los días y no se atrevían a hacerlo ni por su cuenta, ni a pedir la intervención de la supuesta maestra, y sólo se reunían en el lugar de siempre para recriminarse mutuamente su negligencia.

 

_  ¿Saben qué? –dijo por fin una de ellas–, a lo mejor si hablamos con la maestra, nos va a decir que nosotros lo hagamos personalmente, así que mejor vamos haciéndolo ya.

_  ¡Ay!, a ver, yo voy –dijo otra de ellas–, y poniéndose de pie, decididamente se encaminó al Salón…

 

Todos quedaron otra vez expectantes y preocupados, sentían que era un momento decisivo y las cosas las estaban haciendo muy a la ligera, si lo comparaban con todo lo que hicieron con las pirámides humanas y el periscopio.

 

Conforme ella se aproximaba al Aula, sentía que los pies se le hacían de plomo.  Dobló por el pasillo y vio de reojo a sus compañeros en el otro extremo, sentados y acongojados bajo los rayos del Sol, y eso le hizo vencer el peso que sentía en los pies.

 

Sin pensarlo más, abrió la puerta.  Su corazón latía fuertemente, las manos le sudaban, tuvo que hacer un gran esfuerzo para que le saliera la voz…

 

_  Ho-la Profesor, ¿qué hace?...

_  Pues aquí, hecho un lío, quiero hacer tantas cosas a la vez, y no hago ni una…  Stch!, caray… -el profesor emitió un chasquido como de desesperanza, pero a la vez, haciendo como que aprovechaba la visita, le pidió ayuda en el montaje de un aparato, en lo que le explicaba lo que quería hacer.

 

No le dio oportunidad a que planteara nada, la trató como si hubiera estado ansioso de tener a alguien que le escuchara, se soltó hable y hable de todos sus proyectos, y en cada caso remataba diciendo: “…pero aquí también necesito ayuda…”

 

Total que ella nunca encontró el momento para discutir el punto del 10, o su deseo de aprender, y, aturdida, finalmente se despidió.

 

Apenas puso un pie fuera del Salón y cruzó miradas con sus compañeros, se llevó las manos a la cara y se detuvo como reprochándose el no haber expuesto el problema, y al mismo tiempo, ya no a atreverse a entrar nuevamente al Salón.

 

11-Se-llevo-las-manos-a-la-cara.jpg

 


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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Literatura
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