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3 agosto 2009 1 03 /08 /agosto /2009 08:03

Clich--Literatura

Dialéctica en la Poesía Mística

Teresa de Ávila: la Poesía (3)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
http://espacio-geografico.over-blog.es/,

México, 03 ago 09.

  

                                                  La resignación no es otra cosa que la reafirmación de la fe, y de ahí la confianza (la confide, con fe), de vivir la no-vida en la que sufre, sabedora de que alcanzará, mediante esa resignación, la muerte que es no-muerte, sino en realidad la vida verdadera.

 

“Sólo con la confianza vivo de que he de morir, porque muriendo el vivir me asegure mi esperanza”

 

                                                 “Muriendo el vivir”, es en realidad la idea inversa: vivir hasta alcanzar el morir, pero en la metafísica católica cristiana, la vida es en realidad sufrimiento de “muerte” en tanto el castigo divino; y por lo tanto, la muerte es en realidad “vida”, en tanto la salvación del alma, en tanto la redención del ser.  Ello explica los siguientes versos:

 

“muerte do el vivir se alcanza, no te tardes, que te espero”

 

“Mira que el amor es fuerte; vida, no me seas molesta, mira que sólo me resta, para ganarte perderte”

 

                                                   Teresa de Cepeda no es en ninguna forma de ánimo suicida, por lo contrario, refrenda su resignación.  Pero así como ha suplicado a Dios sin ver satisfecho su deseo, “negocia” de la manera más mundana con La Vida: la acción del alma sobre el cuerpo humano.  Prácticamente, entonces, lo que está haciendo, es pedirle al alma que cese su acción.

 

“Venga ya la dulce muerte, el morir venga ligero”

 

                                                    Y esa inversión de ideas que de manera tan exquisita está a lo largo de todo el poema, es refrendada en la siguiente estrofa:

 

“Aquella vida de arriba, que es la vida verdadera, hasta que esta vida muera, no se goza estando viva: muerte, no me seas esquiva; viva muriendo primero...”

 

                                                    Después termina el poema con la expresión directa de su negociación con La Vida, confesando así, su más profundo amor por Dios.

 

“Vida, ¿qué puedo yo darle a mi Dios que vive en mí, si no es el perderte a ti, para merecer ganarle?  Quiero muriendo alcanzarle, pues tanto a mi Amado quiero, que muero porque no muero”

 

                                                    Pero encerrando en ello la otra faceta profunda de la dialéctica, ya no sólo la contraposición de los opuestos, sino su propia unidad; que en su sentido más profundo, ha de ser una unidad confundida como identidad.

 

                                                   “Dios que vive en mí”, principio panteísta propio de la época en los pensamientos más avanzados, cuando ella en realidad está “viviendo la muerte” en esta vida, es, haciendo ver que de cualquier manera Dios está en ella, la expresión más profunda de esa identidad, así sea confusamente no deslindada, y en consecuencia: ella es Dios.

 

                                                    Pero, teologalmente, ello tendrá la mayor trascendencia e importancia.  La mística es el camino a Dios, “la comunicación directa e inmediata del hombre con la divinidad” (Bartra, Agustín; Antología de la Poesía Mística; Editorial Pax-México; México, 1966), en la que fuera de esa relación nada tiene significado.

 

                                                   “El misticismo –dice Agustín Bartra (Op. Cit)–, fue como una santificación de la sensualidad africana...  Sea como fuere no puede menos que reconocerse que hay una palpitación sensual evidente en los más grandes místicos, y en la alada energía del éxtasis un arrebato donde Eros no está del todo ausente”.  Y así, quizá no sea sólo la filosofía dialéctica contenida, sino la mezcal de ello con toda esa sensualidad erótica, lo que hace de este poema, nuestro preferido.

 

                                                  Acaso todo ello se complementa con otro de sus sensuales poemas, del que sólo citamos por ahora el título, y los dos rimeros versos:


VUESTRA SOY, PARA VOS NACÍ

Vuestra soy, para Vos nací,
¿qué mandáis hacer de mí?...


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