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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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10 agosto 2009 1 10 /08 /agosto /2009 08:05

    Caracterización de a Situación Actual:

La Contradicción Principal.

 Artículo, 2009 (5/5)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 21 sep 09.

 

 

                               Decíamos en el artículo anterior, que, políticamente, las cosas no van a ocurrir por la buena voluntad de nadie, sino por la correlación política de fuerzas.  Y es en ese objetivo en lo que se va a centrar toda la práctica política en los próximos tres años.

 

                                Esto debe recordarnos que el actor fundamental de la correlación política de fuerzas, es la sociedad, el pueblo; y como en otros momentos de la historia, es del análisis de la situación social, de donde derivará la explicación de los acontecimientos.

 

                                En este momento (segundo semestre de 2009), el reino omnímodo de esa correlación política, es del PRI y de lo que socialmente representa: lo que se da en llamar con una geometría que suena burda, el “centro-derecha” (con el PRD como la “zurda de la derecha”, y el PAN como la “derecha de la derecha”); dejemos esos enredos y categorisemos de manera distinta las fuerzas actuantes: en la correlación política significativa, todo se mueve en la derecha, es decir, en la lucha interburguesa.  La diferencia entre unos burgueses y otros, sólo es la medida de su conservadurismo; o dicho de otro modo, su naturaleza más o menos reaccionaria y retrógrada.

 

                                En ello, el PAN representa a esa burguesía más conservadora, propiamente la gran burguesía o burguesía del gran capital, sumisa aliada del capital monopólico internacional; los grandes propietarios de lo que debiera ser la propiedad social (para éstos, el mundo ha de ser como ellos lo conciben, y todos los demás, literalmente, sólo somos sus súbditos); el PRI representa a una burguesía media económicamente, y una burguesía moderada políticamente, con ciertos valiosos tintes nacionalistas y progresistas, pero ya anacrónicos; adversa a las prácticas monopólicas imperialistas (para estos, el mundo es ciertamente la sociedad, pero ellos, los destinados a gobernarla “por el bien de ella misma”); el PRD-PT, por su parte, representa al sector más progresista de la burguesía nacional, y ciertamente el sector más amplio; pequeña burguesía progresista deseosa de cambios sociales, entendiendo por éstos, “cambios a su situación social” particular; que se nutre de un proletariado ascendente ideológicamente un tanto deformado, y de una pequeña-burguesía venida a menos y con desplantes revolucionarios.

 

                                 Luego está la verdadera izquierda, los representantes legítimos del proletariado (o lo que queda de ello entre lo legítimo, y medio de cooptación del Estado para su control; o sea, la representación de los obreros, los campesinos, y todos los demás que en conciencia los acompañamos, estando en la misma condición de jodidos); izquierda que no se le ve, en parte por la profunda situación adversa de nuestro tiempo, y en parte porque se quedó atorada por allá en los años setenta-ochenta del siglo pasado.  Y, finalmente (luego se suelen olvidar), también están por ahí, las masas.  Y decíamos al terminar el artículo anterior, observemos ahora las transformaciones de esa correlación, a la luz de un breve fundamento teórico histórico.

 

                                 En un análisis dialéctico materialista, marxista, de la situación de esa correlación de fuerzas económico-sociales y políticas, lo esencial es el análisis de las contradicciones tanto principales como secundarias.  Y así, nosotros ubicamos como contradicción principal del momento (segundo semestre del 2009, aun cuando ciertamente el proceso está teniendo una velocidad de cambio insospechada), está en el conflicto de intereses entre la burguesía media y la pequeña burguesía nacionales y nacionalistas.  El momento histórico en las condiciones objetivas, le corresponde a esta última, pero en las condiciones subjetivas, en la capacidad de ésta para asumirlo, no está aún a la altura de ello (septiembre, 2009).

 

                                  Y detengámonos en una consideración esencial: primer aspecto; el momento histórico en las condiciones objetivas le corresponde tanto a la pequeña burguesía nacional bajo las insignias del PRD-PT, que ante la magnitud de esa correlación de fuerzas, históricamente, dadas las condiciones objetivas del momento histórico, está llamada, incluso, no sólo a abanderar el estallido social, sino, en un momento dado, a convocarlo.  Esa es la magnitud de su compromiso moral histórico, porque en ese punto está la situación social.

 

                                 Tiene dos, y sólo dos, alternativas: 1) o actúa a la altura histórica como en su momento lo hicieran los burgueses insurgentes de la Guerra de Independencia, o como lo hicieran los burgueses como Madero, los Carranza, etc, en la revolución democrático-burguesa de 1910-1917; o, 2) actúan como un Manuel Zelaya, o peor aún, como un Cuauhtemoc Cárdenas, en una irresponsabilidad social histórica descomunal.

 

                                 Segundo aspecto; no hay más “elecciones democráticas”, eso se acabó; la gran burguesía representada por el panismo tuvo la oportunidad histórica de hacer valer el paso de la democracia corporativa a la democracia representativa; pero justo por ser quien es, hizo exactamente todo lo contrario, y nos tiene no sólo al borde del fascismo, sino en los mecanismos de un fascismo disfrazado.  El proceso electoral, con todo y su “voto nulo” y un abstencionismo con mayor conciencia de causa como expresión de las masas; es ahora ya, tan sólo el calibrador de la correlación de fuerzas para hacer valer la toma del poder por la pequeña burguesía nacionalista y progresista, ya de forma pacifica, o bien por la fuerza, ante el hecho de que no hay más alternativa.  Si la fuerza de la burguesía media es tal que no sólo se obstina por el poder (independientemente de todo voto o elecciones válidas o no), sino que claramente, con legalidad y legitimidad se hace de él; o peor aún, si la gran burguesía declara un abierto fascismo para quedarse en el poder; con los costos sociales inmediatos y a largo plazo que fueren, la insurrección –por más que la burguesía media triunfe legítimamente– será obligada, y tanto más, cuanto más turbio ese triunfo; pero y sí, y sólo sí, ahora las masas están a la altura moral para asumirlo (lo cual es motivo de otro análisis aparte).


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