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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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21 septiembre 2009 1 21 /09 /septiembre /2009 08:00

Clich--Educaci-n--Posgrado-Educaci-n 

Dialéctica de Dirección de Grupos.

Ensayo, 2002*

 

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;

 http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 21 sep 09.

 

 

 

Introducción 

 

                                      El arte de dirigir, está en el arte de convencer a ser dirigidos.  Convencer a otros a ser dirigidos, implica lograr imponer una autoridad intelectual y moral, cuyo reconocimiento se da en la confianza depositada.  Pero cuando esta confianza se puede rescatar, diríamos con kant, a priori; es decir, antes e independientemente de la experiencia; será porque aquellos a quienes se habrá de dirigir en el proceso de enseñanza aprendizaje, se dan en calidad de “objetos de plastilina”, favoreciendo el poder moldear en ellos nuestro rudimentario arte de educar.  Mas con ello, otorgándonos el placer, no tanto de facilitarnos el trabajo, sino de ver en ellos como sujetos, el arte realizado que se consuma en su humanización, nuestra propia realización social humana.

 

                                      Aun cuando debe decirse también, que lo menos que se puede hacer ante esa confianza depositada, será corresponder otro tanto con lo mismo, si no es que con mucho más, con la confianza a priori que nos hace darnos a su vez como “objetos de plastilina”, reconociendo y otorgando su calidad de sujeto, que habrá de ver consumado en su interacción con nosotros, su propia realización social humana.

 

                                      Así, en una primera parte, estableceremos nuestra tesis en el marco teórico dialéctico materialista, y su contra-tesis correspondiente dada en el marco teórico estructural-funcionalista; dejando en claro que el objeto del presente ensayo, será destacar la importancia del fundamento teórico, que hace del “manejo” de grupos (esto es, del arte de gobernar y dirigir), un arte en el proceso de enseñanza, que no reduce el aprendizaje, el aprender a pensar, puramente al ejercicio de “manipulación”, es decir, al concepto: “fácil de usar e intercambiable”

 

                                      Es con esa filosofía dialéctico materialista que habremos de hacer, en una segunda parte, un análisis crítico al planteamiento estructural-funcionalista respecto al “manejo de grupos”, cuya limitación esencial no será tanto el reducir el grupo –en particular un grupo de seres humanos-, a una estructura de elementos, que en vez de contradicciones vivas y complejas, contiene sólo relaciones arbitrarias de dependencia funcional (“roles”), para lo cual sólo basta establecer el orden finalista del sistema; sino cuya limitación esencial, es reducir al elemento humano del sistema, a una entidad manipulable; esto es, “fácil de usar e intercambiable”.

 

                                      De este modo, en la tercera parte de este ensayo, en el arte de educar sin manipular, sin usar, sintetizamos la contradicción dialéctica esencial maestro-grupo en el proceso de dirección de grupos, y la base en que se expresa: el amor fraterno, ante el significado del temor.

 

                                      Vaya nuestro más sincero agradecimiento a todos cuantos departimos nuestras invaluables experiencias docentes.  Se salva el duelo de un interesante curso concluido en una primera espiral, en el reconocimiento que ahora podemos hacernos de nosotros mismos, viéndonos perfeccionados en quienes compartimos.

 

                                      Y sea pues, especialmente, a quien con fino arte de poder y dirección supo polarizar desde el primer momento la contradicción fundamental de la dinámica de grupos: la teoría y la práctica, con cuya apasionada vivencia nos hizo entender buena parte de la problemática esencial cotidiana que enfrentamos en nuestros propios grupos; a nuestra maestra Norma Linda Reyes Segura, esperando que este ensayo; elaborado por quien deseando ser de plastilina resulta ser del más burdo granito; pueda ser apenas un vago destello de su propia realización social humana.

  

 

1     El Arte de Dirigir

  

                                      Se puede exponer la definición de “Educación”, como “la ciencia y arte de...”, y no porque además de ser una ciencia, sea un arte, sino porque lo que se quiere enfatizar con ello es el papel que el arte juega en ella.

 

                                      Toda ciencia, por el sólo hecho de serlo, contiene necesariamente el arte en tanto que por éste se entiende la creatividad, y aun más, se entiende la forma más acabada de la realización social humana, objeto último de la ciencia y el arte.  Es por ello que en la ciencia de la educación, el papel del arte adquiere especial atención: es decir, que la educación es una ciencia que reclama de especial creatividad en tanto la realización social humana, se ha de expresar en la formación del ser humano mismo.

 

                                      Planteado el problema en este ensayo de que frente al “manejo” (de lo cual deriva “maniobra” o “manipulación”) de grupos, bajo un fundamento teórico estructural-funcionalista, nosotros establecemos el concepto de “dialéctica en la dirección de grupos”, bajo el cual la tesis que se desarrolla en este ensayo, se expresa en el hecho de que <<el grupo debe dirigirse, dada su propia naturaleza; y no dado un “orden finalista de sistema”; hacia sus propios fines de aprehensión del conocimiento y capacidad de producción del mismo>>, y es allí, en la propia naturaleza dada, que ha de expresarse el arte (la creatividad socialmente humanizada), en contraposición al arreglo arbitrario del grupo (su “manipulación”), entendido como un sistema de relaciones de dependencia funcional.

 

                                      La “propia naturaleza” de un grupo, es su dialéctica interna, esto es, el juego de sus contradicciones muy particulares.  De la detección y soluciones que se den a estas, se hará ese arte de dirección del grupo.

 

                                      Los “roles” o posiciones que se asumen o se hacen asumir, más que simples elementos arbitrarios de un sistema, serán expresión de esas contradicciones, las cuales podrían ser incluso de carácter antagónico, y son resultado de “luchas de poder” en diversos ámbitos: ideológico, político, intelectual, de prestigio, etc., que en unos grupos se manifiestan con mayor intensidad que en otros, o se centra más en un ámbito que en otro.

 

                                      Entre estas contradicciones, la principal es la que se da entre el maestro y el grupo, en una diversidad de contradicciones secundarias, ya entre “grupos de poder” (entre roles) o bien entre el maestro y esos subgrupos, e incluso con alumnos dados en lo singular.  De cómo se plantee y resuelva desde el primer momento la contradicción principal, dependerá todo lo demás; es decir, quedarán determinadas las contradicciones secundarias, las cuales se minimizarán o exponenciarán.

 

                                      Mediante el análisis de las contradicciones, éste se convierte, en análisis de intereses y necesidades; a diferencia de un especulativo (y dicho con reservas), análisis de asociaciones dadas bajo el concepto de “transferencia”**.

 

                                      De este modo, la diplomacia respecto al tratamiento de esos intereses (aspecto subjetivo) y necesidades (aspecto objetivo), formará la dirección del grupo.

 

                                      Un aspecto subjetivo (dado en el posible interés del grupo), podría ser, por ejemplo, el nivel de profundidad de los conocimientos a impartirse, de donde deberá negociarse con lo que teóricamente esté prefijado en el interés del profesor.  Un aspecto objetivo (dado en aquello que es condición de necesidad, en aquello a lo que todo queda obligado), es, en el ejemplo más crítico, el tener que acreditar un curso mediante una calificación.

 

 

2  Orden Finalista

  

                                      La “dialéctica de dirección de grupos”, es sólo un concepto que hemos propuesto para, desde el método dialéctico, hacer el análisis crítico al concepto “manejo de grupos”, por su parte, fundado en el método estructural-funcionalista expuesto por Armando Bauleo, tanto en su “Psicología y Sociología de Grupos”, como en su “Ideología, Grupo y Familia”.

 

                                      Se establece allí, en general, al Grupo como una unidad estructural, es decir, como algo que puede tomarse en sí mismo sin relación a nada; que no sea tampoco en términos absolutos; que evoluciona en distintos momentos de conciencia, de sí y para sí (esto es, de su conciencia de existencia como grupo a su conciencia de sus objetivos como grupo), bajo los conceptos de “Indiscriminación” y “Discriminación” respectivamente; y que internamente constituye un sistema, es decir, un conjunto de elementos interrelacionados dirigidos a un fin, teniendo por tales elementos, en distintos niveles de organización, a los alumnos y maestro, o a los “roles grupales”, y por objetivo o fin, “...el juego afectivo que aparecerá frente a la información, que será la tarea a tratar”[1],  que dicho de otra forma, es el proceso educativo de enseñanza y aprendizaje que se sintetiza en lo que se llama “la tarea”, en un momento dado, elemento mismo del sistema en tanto “líder” del proceso.

 

                                      De cómo ordenemos o arreglemos a conveniencia los elementos del sistema, esto es, con capacidad de maniobra o manipulación, estableceremos las relaciones de unos elementos o roles en función de los otros, de tal modo que dicho orden satisfaga finalmente la tarea.

 

                                      El proceso se antoja a tal punto arduo y desgastante; en particular en el supuesto de la posibilidad del cambio de roles; que no sólo por ello nos es criticable, sino más aun, si se establece a tal grado mecánica y subjetivamente, ya que el principal riesgo pudiera estar en acabar  confundiéndose los medios con los fines, es decir, centrando la atención más en las “técnicas de manejo de grupos”, que en la información (o formación estrictamente dicho), del educando.

 

                                      Manejar al grupo como algo artificial, asignando y reasignando “roles” para ajustar las relaciones de dependencia funcional, puede ser no sólo desgastante, sino peor aun, dar lugar a un conductualismo nuevo; frente a la dirección natural de un grupo a partir de lo que naturalmente es, o decide ser.

 

                                      El “aprendizaje grupal” es así, el proceso en el que el grupo toma conciencia de sí y para sí, más que el hecho de que por ello sea factible o favorezca, el que el grupo adquiera el contenido de una información; sin embargo una cosa se asocia a la otra, y no obstante un hecho en cierto modo hable por el otro, el aprendizaje del conocimiento en sí, no es un hecho colectivo, sino individual, dependiente del cómo piensa cada cual.  De no dejarse en claro esto, el riesgo es creer incluso que estemos logrando que por fin aprendan por igual los que antes no lo hacían.

 

                                      De ahí que debe reflexionarse con detenimiento el pasaje en el que Bauleo, retomando a de Rivére, dice de qué manera éste “muestra cómo se visualiza y explicita en el grupo operativo la ligazón entre acción y verbo o entre lo afectivo y lo pensado, e indica cómo esa unión, en un momento determinado, permite otra forma de visión sobre la tarea –de donde Bauleo concluye.  Es de esta manera que la función del grupo será..., el aprender a pensar”[2], (lo que por lo demás, se plantea por Bauleo en términos de postulado).

 

                                      La exageración es evidente: se aprende a pensar según Bauleo, no por la comprensión de la lógica, sino por el trabajo grupal.  Y apoyándose nuevamente a Rivére, agrega: aprender a pensar, “ocurre cuando el individuo puede cambiar su rol..., adoptar nuevas conductas...”[3].  Es por ello –por la revaloración de la conducta como indicador de conocimiento-, que se da especial atención a lo que se denomina “Emergente”; en donde la función del líder tiene un papel determinante, ya que, dice Bauleo: “El líder tiene la misión del cumplimiento de una finalidad (...) que es la de asumir implícitamente la organización más que la tarea del grupo”[4].

  

 

3  Arte de Educar sin Manipular

  

                                      Si aprender a pensar no es asunto de “roles” ni “operación grupal” –a decir nuestro-, sino como quedará establecido desde Aristóteles, un asunto de raciocinio, de los conceptos y juicios que se elaboran bajo una teoría del conocimiento dada, o dicho en síntesis, un asunto del “logos”, o sea, de la teoría o lógica; el manejo grupal debe reducirse pues al conocimiento de las contradicciones que naturalmente se dan en todo grupo, a fin de estar en capacidad de tener un control consciente de ellos.

 

                                      Siendo entre dichas contradicciones la principal, aquella que se centra en la relación maestro-grupo (más que la relación maestro-alumno en lo individual), el arte de educar; y entre otras muchas facetas que conlleva el educar; el arte particular de enseñar y aprender a pensar, no puede establecerse –a nuestro juicio y dada nuestra experiencia-, en el orden de un conflicto antropológico-social, ni socio-político, ni aun psicosocial, que pretende resolverse, y con ello menos aun, por vía de la manipulación de grupos atenuando las contradicciones en la intervención de “roles”.

 

                                      El arte de educar particularmente centrado en el enseñar y aprender a pensar, tiene su propio campo de debate –y así lo experimentamos cotidianamente en nuestro quehacer docente-,  en el orden de los conflictos de las ideas y teorías, de los juicios y los raciocinios; en suma, en el orden de los fundamentos teóricos (de los métodos de la teoría del conocimiento y sus fundamentos gnoseológicos o epistemológicos); de ahí que piense mejor –independientemente del fundamento teórico que se asuma-, quien más se aproxima o de hecho posee, una conciencia de dichos fundamentos teóricos; y viceversa, el alumno que carece de ello, sólo articula un discurso disparatado, o en el mejor de los casos, guarda silencio.

 

                                      Y como el mejor y más sano debate nace del ejercicio y ejemplo de la figura por excelencia no-manipuladora que fue Sócrates (quien nada hacía artificialmente con sus diletantes, sino todo exclusivamente en el discurso teórico con el intelecto a partir de lo dado), podemos concluir que el orden de los conflictos entre ideas y teorías, se finca en la confianza mutua entre educador y educando, dada por aquello único real que viabiliza óptimamente el educar, el enseñar y aprender, que es el amor, en este caso, fraterno.

 

                                      Esa es la solución a la contradicción principal; resuelto ello, todo lo demás discurrirá sin problemas serios.  De ahí que, al parecer, la condición primera de toda condición, sea intentar “seducir” al grupo, embelezar y fascinar, así sea tan sólo a unos cuantos (o unas cuantas, ya que esto opera entre géneros opuestos), que por lo regular serán los que, por lo común, clasificamos (“etiquetamos”) como “los mejores”; y luego valiéndonos de ellos, construir todo lo demás***

 

                                      De ahí que sostengamos que, no politizando, o estrictamente dicho, no burocratizando (del griego Cratos, Dios del poder, de la violencia; y del francés, bureau, escritorio; de donde se entiende como el “poder cuasi divino desde el escritorio”), las contradicciones en el quehacer docente o grupal, tenga más valor el ser más amado, que temido.  Lo cual no excluye el uso del poder para, en un momento dado –de cuando en cuando-, literalmente dicho, infundir terror y ser temido, poniendo las cosas en su lugar y haciendo que el juego funcione bajo sus propias reglas.  Bajo el influjo del amor, la resistencia al amor, por su propia naturaleza desaparece y el poder se hace infinito; mas bajo el influjo del temor, la resistencia al temor se hace infinito y en un momento dado, vencido el temor, el poder desaparece (y ¡hay de aquel Profesor, Dios se apiade de su alma!).

 

                                      Ese análisis de las relaciones maestro-grupo, remite sin dificultad a la analogía de la relación Estado-sociedad, relación estudiada por primera vez en el s.XVI por Maquiavelo (por lo demás bajo el análisis que hoy llamamos deontológico, del acto moral de facto); donde el Estado, para subsistir, está obligado a ser más temido que amado, porque gobierna la desigualdad social y la inhumana explotación.  Pero ello da lugar a una falsa analogía, dado que entre Estado y maestro, se habla de dos formas de poder diametralmente opuestas, en tanto se ejercen en relaciones sociales distintas: el Estado en un poder impuesto y de clases sociales, por definición de antagonismo; pero el docente representa por su parte en su esencia, un poder intelectual y de autoridad moral, que él se gana, que le es otorgado o reconocido, y por lo tanto no-antagónico.

 

                                      De ahí que –a nuestro juicio-, el profesor no requiera de ese autoritarismo cerrado para poder ser, cuando que más bien ello lo niega; sino que, justo el contenido y forma de esa “seducción”, de ese embeleso y fascinación, radica en saber generar precisamente esa autoridad intelectual y moral.

 

                                      Para este tipo último de profesor, sus alumnos no habrán de moverse por forma bajo el temor a la sanción, sino por contenido, emotivamente o conmovidos bajo el compromiso moral; es decir, del reconocimiento de lo bueno de hacer.

 

                                      Efectivamente, es un profesor que permanentemente se mueve en el límite, pues será profesor (hará acto de fe de su conocimiento), mientras tenga alumnos (es decir, a quienes iluminar, que es lo que significa “alumno”).  Si los alumnos en un momento dado deciden no serlo, él perderá su razón de ser; de todo lo cual el profesor autoritario tiene que despreocuparse, pues su función no le es dada por el alumno, sino institucionalmente, donde el alumno sólo se ve limitado a acatar.

 

                                      En uno, su palabra es ley, el magíster dixit, “el maestro lo ha dicho”, por autoridad moral e intelectual; en el otro, su palabra es ley, si bien quizás por autoridad intelectual, esencialmente por corresponder al magíster directum, es decir, por “el derecho del maestro”.

 


 
Conclusiones

 

 

                                      Nada de esto se hubiera escrito, en nada de esto el autor de estas líneas hubiera reflexionado, si no se hubiese visto movido por el compromiso moral en su papel de alumno en el Módulo sobre “Manejo de Grupos”.

 

                                      El “inteligente y maquiavélico ejercicio de poder” allí ejercido por aquella en quien se reconoce a plenitud el magíster dixit, y por ese compromiso ético-estético de corresponder al magíster dixit, nos ha felizmente obligado.  Ha sido simplemente, el placer de reconocer el ser propio en lo diverso de la alteridad y vernos en ello realizados.

 

                                      El análisis crítico bajo una solución dialéctico materialista del “Manejo de Grupos”, planteado desde un punto de vista estructural-funcionalista, no ha hecho sino confirmar teóricamente lo que de manera empírica realizábamos en nuestra práctica docente.  Bien por este sólo hecho valdría la reflexión aquí transcrita.  Mas ello no lo ha sido todo.

 

                                      Educar es humanizar (lo contrario es la enajenación del individuo y la alineación social), más el fundamento de la humanización es el amor.  El enamoramiento, la humanización, es también el vencimiento constante del temor, del poder, de la desconfianza, más no del poder del otro, del temor y desconfianza al otro, sino del de uno mismo.

 

                                      De ahí que seamos tanto más humanos, cuanto más nos aproximemos a ser, ya en la mitología hebrea, una Lilith; la primea mujer creada por Dios, que no acepta el “rol” por Él impuesto, por lo cual fue castigada y transformada en la serpiente que luego “seduciría” a Eva, para que ésta comiera del fruto del Árbol de la Sabiduría, que afrentaría a Dios, pues haría de Eva un ser con conocimientos convirtiéndola a su vez en Diosa; o bien en la mitología griega, un Prometeo, capaz por su parte de arrebatar a los dioses el fuego de la sabiduría y darlo a los mortales para que se hicieran dioses, y castigado a su vez por Zeus por tal acto.  Humanizarse, es vencer el temor a quien debe ser más amado que temido, es vencer el temor a Dios, al poder, para ser uno; cada uno de nosotros; Dios, y el poder mismo.

_____

  

Bibliografía

 

Bauleo, Armando; Ideología, Grupo y Familia; Folio Ediciones, 2ª Edición, México 1974.

_          Psicología y Sociología de Grupos; Editorial Fundamentos, 1ª Edición, Buenos Aires 1982.


*       Ensayo, marzo de 2002.

**     El que un alumno o conjunto de alumnos, vea en una maestra a “su mamá”, más que un “complejo” psicológico “revelado” en la asociación, quizás –y e aquí la reserva-, sea tan sólo una manera metafórica de decir las cosas, esa manera que sustituye la larga, minuciosa, difícil y comprometedora explicación de que sea “muy maternal”.

[1]       Bauleo, Armando; Ideología, Grupo y Familia; Folio Ediciones, 2ª Edición, México 1974, p.19

[2]       Ibíd. p.45

[3]       Ibíd. p.45

[4]       Bauleo, Armando; Psicología y Sociología de Grupos; Editorial Fundamentos, 1ª Edición, Buenos Aires 1982, p.65.

***    Por lo menos como docente en el género masculino, en grupos en que predomina el género femenino, ello se vuelve un arte exquisito, que cuanto más se da como un juego, como un jugueteo entre lo pudoroso y el coqueteo en el más absoluto respeto a mis alumnas, más mágico y exquisito es.  Quizás como docente desde el lado del género femenino, el asunto discurra con exquisita delicadeza de un modo inverso; pero me sería difícil considerarlo.  Y si esto se ha de publicar alguna vez, lo dicho aquí al pie de página, debe omitirse a favor de la magia.


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Comentarios

Luis Ignacio 01/08/2010 01:24


Hola Norma!
Pero gracias de qué.  La verdad no me atreví a dejar la dedicatoria, sentí que habría que dar convenientemente algunas explicaciones para darle contexto a aquello de Maquiavelo.  Pero te
prometo hacer un artículo nada más para aclarar ese asunto, por lo demás, enormemente importante.
Saludos. 


Norma Linda Reyes Segura 01/07/2010 03:17


Maestro: Muchas gracias! Con mi mayor admiracio'n.