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21 septiembre 2009 1 21 /09 /septiembre /2009 08:00

Clich--Relaciones-Internacionales--Exopol-tica

 

La dialéctica de la contradicción

en la consumación de la conciencia en sí

del ser humano

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

http://espacio-geografico.over-blog.es/,

México, sep 09.

 

 

El teorema de la incompletud, de Gödel, en la subsunción.

 

                               La esencia de la dialéctica es el análisis de las contradicciones, y en este breve ensayo analizaremos la contradicción que se presenta en el proceso de consumación de la conciencia en sí del ser humano; esto es, aquella en la cual, de una parte, la conciencia social es una determinación del ser social; y por otra parte, el ser social es una determinación de la necesidad.  De donde, simplificando, la conciencia es una determinación de la necesidad.  Así, debemos encontrar cuál es esa necesidad determinante de la conciencia de ser humano.

 

                              Pero a su vez, toda contradicción tiene una forma de solución dependiendo de la naturaleza de los contrarios, de modo que, en una solución de antagonismo extremo, un opuesto es eliminado por el otro; o bien, allí donde los opuestos apenas se distinguen, un opuesto es asimilado por el otro.

 

                              En general, la solución a las contradicciones ocurre por el procedimiento lógico conocido como subsunción, en lo cual los pares de opuestos, por mediación lógica, se sintetizan en una nueva identidad.  Y ello es precisamente el fundamento del teorema de incompletud de Gödel (1906-1979), el cual particularmente se expresa como “la imposibilidad de formalizar (en determinadas circunstancias) la demostración de la consistencia de un sistema formal dentro de ese mismo sistema” (Runes, Dagoberto D; Diccionario de Filosofía; Grijalbo).

 

                              Ello, en nuestra contradicción en la que de una parte la conciencia social es una determinación del ser social; y por otra parte, el ser social es una determinación de la necesidad (o simplemente, en donde la conciencia es una determinación de la necesidad); significa que, ante la imposibilidad de formalizar un sistema dentro de sí mismo; esto es, que ante la imposibilidad de hacer la conciencia dentro de la conciencia misma, ello impone una solución de síntesis en la necesidad.

 

                               El punto clave en la solución de la conciencia de ser humano, está, pues, en entender la condición de la necesidad; y en general, por ello deben entenderse las condiciones objetivas ineludibles que le determinan, que le hacen ser lo que es; de modo que incidir en ello, es incidir en la conciencia.  Así, <<la necesidad es un estado condicionado por la insatisfacción de las exigencias vitales, y orientado a satisfacerlas>> (Foroba; Diccionario de Filosofía; Progreso, Moscú).

 

                              Pero aclaremos antes lo que hay que entender por “conciencia”; y a ello nos referimos cuando hablamos de la forma en que el ser humano se relaciona con la realidad objetiva, de modo que la conciencia es la forma como refleja el mundo de los objetos materiales fuera de su pensamiento (en lo cual va el uso del lenguaje y su comunicación con otros seres sociales), ubicándose en él.  En ese sentido, la conciencia es el proceso socio-histórico de comprensión y conocimiento producto de la sensación, percepción y representación del mundo objetivo, dándole significación y sentido, lo que a su vez implicará el acto volitivo o moral como un compromiso y una responsabilidad ante él.

 

                              En consecuencia, esa forma de reflejo de la realidad objetiva dándole significación y sentido, es algo determinado por la insatisfacción de las exigencias vitales, orientado a su satisfacción.

 

                               Finalmente, refirámonos, en consecuencia, a esas exigencias vitales insatisfechas y por satisfacer, que condicionan la conciencia en sí del ser humano; y éstas no son otras, que, en primerísimo lugar, la condición de ser social; y, en subsecuencia a ello, el reconocimiento no sólo del otro por lo que, en su comunicación, adquiere de él; sino el reconocimiento de sí mismo en los demás, por lo que valora tanto de ellos como de sí mismo.

 

                               La realización de esto último, y sólo en la medida de que ello ha venido siendo real, es lo que ha venido dando lugar a la conciencia en sí del ser humano.  Incidir en esa conciencia, implicará entonces, rechazar el individualismo y adoptar una responsabilidad colectivista; la fraternización y comunicación, con el reconocimiento entre las culturas, identificándonos en ellas como seres humanos diversos, valorando en ellas lo que valoramos de nuestra cultura misma.

 

                               Sean estos los principios de nuestras relaciones internacionales humanas, y entonces estaremos preparados para darnos un significado y sentido en un propósito como especie; es decir, darnos una conciencia para sí.  Cuando eso sea, y sólo cuando eso sea, es que estaremos en posibilidad adecuada para salir exitosos como especie humana ante un eventual contacto con otra especie inteligente no-humana.  O dicho al revez, en función de esto último, incidamos en nuestras relaciones internacionales que favorezcan, por ahora, esa conciencia en sí.

 


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