Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog

Presentación Del Blog

  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
  • Contacto

Buscar

Archivos

28 septiembre 2009 1 28 /09 /septiembre /2009 08:01

    La Estructura Económica de México.

 Ensayo, 2009 (1/5)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico"; Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 28 sep 09.

 

 

                              La caracterización del momento actual en México, tiene su esencia en la estructura económica

 

                              Antes hemos afirmado el hecho de que <<el estado de cosas actual, ha dado de sí todo lo que podía dar>>.  Pero esa ya no es una premisa de tesis a demostrar, sino una premisa antecedente en calidad de demostrada; no sólo por lo que teóricamente antes, desde los años ochenta, se dijo acerca de ello, ni por los hechos de evidencia; sino por el reconocimiento generalizado, incluso en el plano internacional, de aquellos mismos que en otro tiempo fueron sus enconados defensores, y que hoy hablan de la necesidad de un nuevo modelo económico; ante una crisis que amenaza transformarse en estallido social.

 

                              Suele decirse que los pueblos sin memoria histórica están condenados a repetirla.  Sí, está bien, así es.  Pero quedarnos en ello nos llevaría al error que se repite desde los tiempos de la Revolución Francesa, de que, en consecuencia, lo que necesitamos para cambiar, es educación.  Poco más de dos siglos van desde que eso se empezó a hacer en la época moderna, y la ignorancia sigue siendo la ignorancia; es decir, la falta de entendimiento de la realidad, la falta de criterios para descifrarla y entenderla.  Porque educar no se limita a los conocimientos obtenidos, ni en calidad ni mucho menos en cantidad; sino en la capacidad del análisis crítico de los mismos.  Los analfabetas funcionales, esos que aún con Maestrías o Doctorados no entienden lo que leen ni son capaces de redactar un ensayo (y de ahí que sólo se titulen por Diplomados), han recibido mucha de esa “educación”, pero siguen en la “docta ignorantia”.  Como los estudiantes de hoy, que bien se entrenan para ello en el ejercicio de “copiar y pegar” lo primero que sobre el tema salga en Internet, ya no se diga sin leer siquiera lo que toman de ahí, sino en el burdo plagio, sin citar ni dar la referencia documental correspondiente.

 

                               Así, no es educando como habrá de cambiar la situación, sino será cambiando la situación, como se habrá de posibilitar la verdadera educación.  En consecuencia, no obstante, hagamos algo por el análisis crítico de nuestra situación actual; esto es, dotémonos de la capacidad real para transformarla.

 

                               Partamos de 1776 en que se inicia el proceso de independencia de las colonias inglesas en América, con el Congreso Continental de los trece Estados Unidos de América, lo cual es reconocido en 1783 por Gran Bretaña, culminando en 1787 con la constitución de la República Federal; y la publicación misma en ese 1776, de La Riqueza de las Naciones, de Adam Smith.  A ello le siguió, en España, el decreto de Comercio Libre de 1778, según la propuesta de José de Campillo y Cossío (desde 1743); lo cual llevó a que “a fines de 1780 –apunta Brading– se había triplicado el valor del comercio con el imperio americano...”[1], justo cuando las reformas borbónicas dirigidas por José de Gálvez en Nueva España, finalmente operaban con el nombramiento de doce intendentes, los cuales empezaron a suplir en la administración política el orden virreinal, sin que por ello pudiesen evitar “el año del hambre”, de 1786*.  La lección histórica importante, es que con esas reformas, el Imperio Español se aproximó a su fin; pero que sin ellas, de cualquier manera, y con mayor razón, se hubiera dado su derrumbe. Poco después tiene lugar el acontecimiento de la convocatoria a los Estados Generales en Francia en 1789, dicho por David Brading en su Apogeo y Derrumbe del Imperio Español: “...las deudas de la monarquía fueron la causa inmediata de la Asamblea de los Estados Generales...”[2]; y en España, la metrópoli de Nueva España, en 1782 se funda el primer Banco nacional de España, y unos años con posterioridad, “la figura más llamativa de la Ilustración española”, nos dirá David Brading, Gaspar Melchor de Jovellanos, publicaba en 1795, su Informe de Ley Agraria, siguiendo las ideas fisiocráticas de Smith, que dejaba atrás el modelo mercantilista.

 

                               En ese proceso internacional ocurre la Revolución Francesa de 1789; desde un año antes gobernaba ya en España Carlos IV (1788-1808), y en ese lapso, tras la invasión francesa a España resuelta con la paz de Basilea de 1796, comienza el derrumbe español.

 

                               La guerra contra Francia tuvo que ser financiada por el primer Banco español fundado (el Banco de San Carlos), pero la generalización del conflicto bélico internacional, ahora con Gran Bretaña, con la parálisis comercial, trajo la crisis económica: el Banco de San Carlos agotó el crédito público, y para 1801 se produjo una devaluación del 75 %.

 

                              Desde 1798 se había planteado la necesidad de la venta de las tierras de la iglesia, lo cual se efectuó en 1804 con un valor de 12 millones de pesos (860 millones de reales); en medio de la generalización y el recrudecimiento de la guerra internacional que desembocó en 1805 con la llamada Batalla de Trafalgar, con la que llegó a su fin el Imperio; y en 1808, comenzó la insurrección general, iniciándose en Nueva España con el golpe de Estado del hacendado Gabriel de Yergo contra el virrey Iturrigaray, con lo que se quebró lo poco que quedaba de legalidad y autoridad del Estado, dándose lugar a la primera conspiración independentista en Valladolid en 1809.

 

                               Como referencia para valorar el dato económico anterior, en 1770, nos dicen Flores Cano y Rojas, los ingresos de la Real Hacienda eran de poco más de 17 millones de reales; para 1809 como consecuencia del aumento de producción, del comercio libre, pero sobre todo, de la recaudación de tributos, llevó los ingresos a casi 70 millones de reales.  Y fue esa recaudación de tributos, la exacción que llevó al límite a la población, quedando con ello dispuesta para la revolución.


[1]       Brading, David; Apogeo y Derrumbe del Imperio Español; Clío, Col. La Antorcha Encendida; México, 1996; p.25.

*       Enrique Flores Cano y Rafael Rojas, en El Ocaso de Nueva España (Clío, Col. La Antorcha Encendida; México, 1996; p.15), explican que 1 peso equivalía a 8 reales, y que el salario máximo de los peones apenas rebasaban los 4 pesos mensuales (32 reales por mes).  Aproximadamente, en ese “año del hambre” de 1786, 1.0 kg de maíz, costaba poco más de 1 real, la octava parte, o poco más de 12 %, del salario mensual de un peón; esto es, 2 Kg de maíz que se podrían consumir en un día, costaban la cuarta parte del salario mensual.
[2]       Ibid ; p.11.


Compartir este post

Repost0

Comentarios