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28 septiembre 2009 1 28 /09 /septiembre /2009 08:02

    La Estructura Económica de México.

 Ensayo, 2009 (2/5)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 1º oct 09

 

Debemos preguntarnos si vivimos hoy una necesidad histórica de cambio sustancial en nuestra forma social de organizar la producción y distribución.  Y la respuesta nos la dan desde el Grupo de los Veinte (G20), hasta los funcionarios de Hacienda y de la Banca nacional y mundiales, y su respuesta es: sí.  El problema real no es ese cambio en sí, que otras veces se ha dado; sino el que, “lo que no se sabe”, es que es lo que debería ser esa nueva situación económica.  O bien, que se sabe, pero históricamente es tal, y no hay manera de que sea otra, que dar el paso es tanto propiciar la extinción de los que hoy detentan el poder y sus privilegios...; con la angustiante paradoja de que, no dar el paso, de cualquier manera es propiciar la desaparición, pero en este caso, de con la caída abrupta y violenta.

 

Ello nos plantea la necesidad de entender las formas y políticas de administración que habrán de quedar determinados por esos cambios, y preparados para ello.

 

Ante tal hecho, debemos una tesis, un juicio lógico, idea central a argumentar demostrativamente; esto es, que: <<Toda necesidad histórica de cambio, es de modificación de la estructura económica>>, ya que ello es determinante de las formas y políticas de administración.

 

Y demostrar su certidumbre, no sólo será argumentar en su favor , sino principalmente, estableciendo la necesidad de una hipótesis en correspondencia; esto es, que: <<Toda necesidad histórica de cambio, es determinante de las formas y políticas de administración>>; empezando por referir los antecedentes históricos, en donde podamos corroborar que toda estructura económica es determinante de la forma y políticas de administración.

 

En ese sentido es que hemos adelantado ya algunos aspectos del panorama de la estructura económica de México, en el momento en que ésta nace al capitalismo moderno, o actual.

 

Detallemos ahora algo de esos mismos antecedentes históricos.  Al aproximar la historia de México hacia los años en que se inició el estallido social independentista con los disturbios y luego la revuelta generalizada, tras la intransigencia y la represión de la clase social en el poder; en la Nueva España en su ocaso, había –nos dice el historiador soviético M.S. Alperovich en su obra cuya característica principal es su exhaustiva documentación– unas 5,000 haciendas y otros tantos ranchos, por supuesto, pertenecientes en su mayoría a los españoles peninsulares”, y en menor grado, a los “criollos”.

 

A los datos ya aportados, podemos agregar, tomados de la obra “1810-1824, Historia de la Independencia de México”, de Alperovich, que, por ejemplo, los tributos (impuestos) que la población indígena pagaba hacia 1786, era de $2.00 anuales (2.8 % de sus ingresos anuales), más el llamado impuesto per cápita, el diezmo, la alcabala; el cual se elevó a la década de los ochenta, en un 30%; entre unos 80 impuestos según dice Alperovich tomando los datos del historiador mexicano Diego López Rosado; población indígena que representaba para entonces, 2’400,000 habitantes, el 40 % de la población total novohispana.  Las otras dos grandes clases sociales eran la de los criollos, que sumaban 1’100,000 habitantes (18 %); con apenas 15,000 habitantes (0.25 %) que componían la clase de los “españoles peninsulares”.

 

Hacia el último tercio del siglo XVIII, el problema principal se centraba en la necesidad de producción; y a ello se debe el trabajo de “Bernardo Ward, miembro del Consejo del Reino y ministro de Comercio, en su libro Proyecto Económico (1762) propuso que con el fin de elevar la productividad de la agricultura de las colonias americanas fueran entregadas las tierras a los indios...”[1].  Asimismo, ya desde 1781, “José de Hablaos, alto funcionario real, intendente del ejército y de las finanzas de Venezuela, envió un memorando al rey Carlos III en el que señalaba que, si no se adoptaban medidas decisivas, el reforzamiento de la lucha por la independencia en la América hispana conduciría inevitablemente a la desintegración del imperio colonial español”[2].  Pero el sistema de explotación colonial adoptaba medidas contradictorias, y “en 1783 el Gobierno de Madrid recordó al virrey de la Nueva España la prohibición de fundar nuevas empresas cuya producción pudiera competir con la española”[3].  Y “en 1785 se procedió a una nueva reducción de impuestos...”[4].  Finalmente un dato más:

 

El virrey ganaba:                     $   60,000 al año

El arzobispo:                           $ 130,000 al año

Los peones:                            $          96 al año

 

Queda claro por qué la revuelta, que llevó a la Guerra de Independencia.



[1]       Alperovich, M.S; 1810-1824 Historia de la Independencia de México; Grijalbo; México, 1967; p.71.

[2]       Ibid. p.71.

[3]       Ibid.p.74.

[4]       Ibid. p.73.


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