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2 octubre 2009 5 02 /10 /octubre /2009 08:02

Clich--Filosof-a

Comentarios a Hume, Del Conocimiento

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 2 octubre 2009.

 


De Hume (1711-1776), Del Conocimiento

Sarpe Nº 48, Madrid, 1984.

 

El idealismo subjetivo empirista de Hume, es un “materialismo al revez”.  Materialismo, porque su posición respecto a la relación sujeto-objeto es corresponde a dicha interpretación, pero al revez, porque él es idealista, y pretende hacer de esa interpretación materialista, una interpretación idealista.

 

Dice Hume en una primera cita interesante: “no somos nosotros los únicos seres que razonamos, sino también uno de los objetos respecto del cual razonamos” (p.25).  La relación sujeto-objeto, muy materialistamente, muy en el lenguaje de “los filósofos”; refiriéndose con ello a la manera como Hume asocia a los abundantes materialistas del siglo XVIII, todos filósofos; parece desdoblarse, pues el sujeto ya no sólo es sujeto que piensa, sino también objeto que es pensado.

 

Sin embargo, explica Hume: “no es nuestro cuerpo lo que percibimos cuando miramos nuestros miembros, sino ciertas impresiones que penetran por los sentidos” (p.142).  Pero esa posición empirista materialista en Hume, lo confunde y al tenerse que ver obligado, en consecuencia, a afirmar que ello parte de una existencia real objetiva; y así, lo más que puede decir Hume, es: que ello “es un acto del espíritu  tan difícil de explicar...” (p.142)

 

Pero efectivamente, el problema esencial es la relación causa-efecto; particularmente dicho por Hume: “cuáles de las impresiones e ideas son causas, y cuáles efectos” (p.34).  Las impresiones (percepciones por sensaciones fuertes, dice Hume), anteceden a las ideas (percepciones débiles); las primeras son causa de las segundas.  Y hasta aquí, a nuestro parecer, la relación causa-efecto es correcta (es decir, coincide con la interpretación materialista adecuando el lenguaje).

 

No obstante; y este será el principal aporte de Hume; poco más adelante somete a discusión poniendo en entredicho “la prioridad en el tiempo de la causa con relación al efecto” (p.69)..., y entonces resulta que, para Hume, esa relación es meramente convencional, asunto de hábito o costumbre, tal como nuestro autor lo enuncia, en calidad de hipótesis (p.133); y todo, dice Hume, porque “la razón no puede nunca demostrarnos la conexión de un objeto con otro...” (p.86).  Y a partir de aquí, el mundo objetivo desaparece, y todo ocurre en el ámbito de la metafísica.  Todo se plantea como si fuese desde una posición “materialista”, pero en el mudo de lo exclusivamente subjetivo (en eso consistió, por decirlo así, el “truco” de Hume).  La relación causal no ocurre en el mundo de los objetos materiales, de los fenómenos objetivos (como lo piensa tanto el vulgo, como “los filósofos”; o sea, los materialistas), sino sólo en el mundo de la asociación de ideas.

 

Si el conocimiento fuese sólo probable, como dice Hume, si jamás hubiese certidumbre; jamás podríamos llegar a conocer realmente las cosas.  Esa es una posición agnosticista en Hume.

 

Al final, lo más trágico para Hume, es que nos tenga que decir que: “Creo que un lector inteligente hallará menos dificultad en asentir a este sistema que en comprenderlo plena y claramente” (p.164).  O dicho de otro modo, que si hemos de ser inteligentes, habremos de aceptar el dogma.


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