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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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28 febrero 2011 1 28 /02 /febrero /2011 00:01

Geopolítica del Eje del MalA Cuarenta Años del Primer Estudio Global: “Los Límites del Crecimiento”.  Ensayo (1/4).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

28 feb 11.

 

Del Prólogo a la edición en español.

 

El trabajo “Los Límites del Crecimiento”, publicado en inglés a principios de 1972 por Dennis L. Meadows y un grupo de colaboradores del Instituto de Massachusetts (IMT), <<independientemente de todo prejuicio ideológico>>, su fin es, en la consideración de Víctor L.Urquidi, quien redacta el Prólogo a la edición en español, es:

 

“crear conciencia del problema central del estudio del planeta: el de la capacidad del planeta en que convivimos para hacer frente, más allá del año 2000 y bien entrado el siglo XXI, a las necesidades y modos de vida de una población mundial siempre creciente, que utiliza a tasa acelerada los recursos naturales disponibles, causa daños con frecuencia irreparables al medio ambiente y pone en peligro el equilibrio ecológico global –todo ello en aras de la meta del crecimiento económico, que suele identificarse con bienestar” (pp.11-12).

 

Se trata simplemente, se dice ahí por la autoría, de legar una sociedad que “pueda ser administrada en forma racional, y represente, si no para todos, sí para la gran mayoría, una condición de vida aceptable en lo material y plena en lo espiritual” (p.12).

 

Está claro ahí, que los problemas agudos se veían ya, entrado el siglo XXI; por lo tanto, algo para lo que había que prepararse a tres décadas de anticipación, empezando por despojarnos del criterio de que el “crecimiento económico sea idéntico a bienestar”, vaga idea, entendible en investigadores del Instituto de Maasachusetts, pilar del orden capitalista, por la que podría entenderse que de lo que se trata, es de no identificar el <<goce de lo superfluo –muy propio de la ideología capitalista–, con esa idea de bienestar>>; de tal modo que nuestra sociedad…, y aquí está quizá la idea más esencial de todo el trabajo: “pueda ser administrada en forma racional…”, es decir, de manera planificada, por más que ello huela a azufre socialista.

 

Luego, para vergüenza de los analistas cuarenta años después que continúan en el mismo pasmo sin reconocer el papel de la economía capitalista en la que los recursos naturales sólo son mercancía en beneficio de sus usufructuarios, ya se decía en el documento:

 

“Tal como van las cosas, por ahora no parece probable que se produzca ese tipo de sociedad.  Las naciones industrializadas que consumen la mayor parte de los recursos naturales del mundo en beneficio de una pequeña parte de la población, marcha casi ciegamente hacia niveles de consumo material y deterioro físico que a la larga no puede sostenerse” (p.12).

 

Y en la economía capitalista de consumo de mercancías, ese “casi ciegamente”, se puede absolutizar, pues justo ese consumismo mercantil, el hacer de los recursos naturales asunto de comercio, no es sino ceguedad absoluta, que, como se expresa allí mismo, polariza a las naciones entre un mayor y un menor desarrollo entre ellas; a lo que nosotros agregamos, producto de la explotación de unas por otras.

 

Ya desde entonces se hacía ver la inviabilidad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en la que, se dice en el escrito: “En lo político se carece de meta…  En lo económico y social, se opera por “decenios”…” (p.13), en vez de proyectos a más largo plazo.

 

Elaborado el estudio con auspicio del Club de Roma, no pretendía establecer metas ambiciosas, ni tampoco “es un anuncio del fin del mundo” (p.13), el punto más crítico del mismo quizá esté en su afirmación de que:

 

“…la población y la producción globales no pueden seguir creciendo indefinidamente, porque se ponen en juego –están ya influyendo– factores que tienden a limitar semejante expansión, entre ellos el agotamiento progresivo de los recursos, el posible aumento de la mortalidad y los efectos negativos de la contaminación ambiental” (pp-13-14).

 

Estudios demográficos posteriores demostraron que la población mundial no tenía un crecimiento maltusiano, sino que ésta se estabilizaría hacia mediados del siglo XXI y luego comenzaría a decrecer de manera natural.  Y tampoco se consideraba el factor real del desarrollo progresivo de la ciencia y de la técnica (“difícilmente pueden esperarse milagros tecnológicos" (p.19), dicen los autores; pero más aún, no se valora en manos de quién está esa ciencia y esa tecnología, y a favor de qué la administra), como el tiempo transcurrido lo ha demostrado, al punto que, hoy, como entonces, el problema no es ni ha sido, la producción, sino la especulación que se hace de ella y su distribución desigual; justo lo que obliga a su planificación; pero lo cual presupone, a su vez, la desenajenación de los recursos naturales de su propiedad privada mercantil, para hacerla responsabilidad social del Estado.

 

“El afán de lucro [y] la incapacidad para establecer una paz duradera, no dan lugar a mucho optimismo” (p.19).  Ello, traducido, lo que dice es que <<el afán capitalista y su espíritu imperialista y de dominio guerrerista sobre los pueblos del mundo, no dan lugar a mucho optimismo>>.  Pero he ahí, justo, el espíritu inverso en el pensamiento socialista, que llenaba de optimismo por el futuro; y por lo cual este documento fue valorado de otro modo en su momento.

 

Otro factor importante a considerar, es que los autores, sin ser marxistas y partidarios del socialismo, ya se pronunciaban por “una buena administración de las variables globales” (p.15), lo cual, evidentemente, no podría ser sino de manera global, pero justo ello, no es sino la predicción marxista de una sociedad mundial e internacionalista.

 


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