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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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14 noviembre 2011 1 14 /11 /noviembre /2011 00:01

Átomos y VacíoAl Investigar en Geografía, ¿Qué es lo que se quiere?  Artículo, 2011 (1/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

13 nov 11.

 

Al Investigar en Geografía, ¿Qué es lo que se quiere?, y qué es lo que ha de expresarse, dicho muy concretamente.  Hasta aquí los estudios geográficos han sido evidentemente cualitativos, es decir, describiendo los procesos estables sobre la base de la investigado causalmente y explicado en otras ciencias.  Ahora, obtenido un objeto de estudio bien determinado, su investigación causal propia ha de implicar preferentemente el análisis cuantitativo: esto es, la explicación de los aspectos cambiantes y sensorialmente imperceptibles, de ese objeto de estudio y de sus propiedades, lo que ha de implicar experimentos o desarrollo de modelos y simuladores, medición y registro; elaborando una tesis que afirme lo propuesto en la solución de un problema, y una hipótesis que lo corrobore o verifique.  Pero he ahí que, por ello, lo que se quiere, tiene que expresarse más concretamente.

 

¿Qué nos da información, ¿cómo simplificamos las restricciones?  Engels, en su Dialéctica de la Naturaleza, decía que: “La matemáticas es una ciencia, que tiene como objeto las formas espaciales y las relaciones cuantitativas del mundo real”, luego entonces, razón esencial para su aplicación en los estudios geográficos.

 

Ahora que, esa aplicación de la matemática a ños estudios de la geografía, no ha de ser “aplicando ecuaciones a la realidad”, sino, inversamente, expresando las relaciones cuantitativas reales, en ciertas y propias ecuaciones.

 

Galileo y Kepler no partieron en sus estudios de una teoría dada ya corroborada, antes al contrario, se elevaron prácticamente de la nada, había datos antecedentes, pero, o era de falsa interpetación, o meramente estadísticos; por lo tanto, tuvieron que elaborar el conocimiento y su teoría generalizando a partir de sus simples observaciones, de sus experimentos y mediciones, en un laborioso proceso inductivo.  Eso de lo que luego Bacon y Descartes generalizaron teóricamente como método científico.

 

En el hacer geográfico de este momento histórico, estamos en esas condiciones galileano-keplerianas, aun cuando, ciertamente, con la enorme ventaja de una alta teorización tanto del método científico, como de los antecedentes del objeto de estudio.  Ello quiere decir que ya desde fines de 1989, el geógrafo tenía que haber pasado a esos procesos rigurosos del trabajo científico; de modo que, veinte años después, ya hubiese algún adelanto notable en la investigación del espacio geográfico enb cualquiera de sus aspectos.  Pero lo sorprendente es el vacío total de desarrollo científico en ese esencial sentido, por lo menos, en los últimnos quince años.

 

El geógrafo, en ese modelo de la metodología galilenao-kepleriana (lo cual no debe interpretarse como su aplicación mecánica reduccionista), primero tiene que mostrar ampliamente los hechos (análisis cualitativo), y luego tendrá que pasar a su demostración teórica (análisis cuantitativo), en un riguroso arreglo con la lógica.

 

Todo lo que el geógrafo actualmente hace, sólo parece verdadero, tanto ma´s, cuanto mayor es la evidencia objetiva y concreta de los hechos; pero de ello no sólo no arroja –como debiera ser precisamente de ello– conocimiento nuevo, sino que lo dado carece de demostración científica en tanto que el geógrafo, aun cuando ya dispone de una aparato teórico metodológico consistente con su objeto de estudio (el espacio terrestre), no lo aplica explícita, metódica y sistemáticamente, haciendo uso de ese aparato teórico mediante el cual haga abstracción de ese objeto concreto de estudio, y lo elabore así, en una síntesis, un conocimiento nuevo.

 

No enuncia a cada paso los spostulados de su objeto de eestudio, sus principios o leyes más generales, sus categorías propias; no formula con ese contenido las tesis a demostrar, obtenidas de aquellos hechos ampliamente mostrados; luego, no deduce consiguiente hipotético alguno que le permita demostrar con rigor teórico científico, ese conocimiento nuevo obtenido; y más lejos está aún, de que sus conicimientos se traduzcan en teorías formales y en leyes*.

  

*        Peor aún, Eratóstenes en el siglo III ane, descubrió la regularidad de la zonalidad planetaria, la que reconoció mediante las llamadas esfrágidas.  Por siglos, esta ley empírica acerca de la estructura del espacio terrestre estuvo ahí, hasta que en 1976, A.M. Riábchikov finalmente la enuncia como tal.  Luego de ello, ningún otro geógrafo (incluyéndonos nosotros), hasta donde sabemos, y por lo menos en el mundo hispanoamericano en donde su obra “Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica” se difundió, ha desarrollado algún nuevo conocimiento tomando tal ley de la zonalidad planetaria como base.

 


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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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