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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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18 enero 2010 1 18 /01 /enero /2010 09:00

 Américo Vespuccio: “La Cuarta Parte Faltante”.

Ensayo, 2010.
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri  
Espacio Geográfico”, Revista Electrónica
de Geografía Teórica 
http//espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 18 ene 2010.

 

Entramos en conocimiento del problema de “la Cuarta Parte Faltante de la Tierra”, con motivo de que hacia principios o mediados de los años ochenta (no recordamos con precisión la fecha), asistimos a un ciclo de conferencias impartidas por el historiador colombiano, el Dr. Gustavo Vargas Martínez, en la Facultad de Filosofía.

 

A lo largo de unas cuatro sesiones, expuso la historia esencial de la Geografía: el desarrollo de la cartografía como el proceso del conocimiento del espacio terrestre, desde la Antigüedad hasta el momento europeo del descubrimiento de un nuevo continente, al que se le dará el nombre de América.

 

Más allá de ese evento y una breve plática, nunca más volvimos a tratar con él, a pesar de nuestra disposición a su invitación para trabajar, junto con otros jóvenes compañeros geógrafos invitados, en la continuidad, ampliando y profundizando ese tema de investigación.  Sólo que, entre esa invitación y una siguiente plática, medió la eternidad.  Alguna vez, poco tiempo después, nos encontramos casualmente en las oficinas de una Editorial, respondió al saludo, pero siguió su camino; y por nuestra parte supusimos cancelada esa invitación.  Casi una década después visitábamos la Escuela Nacional de Antropología e Historia por algunas consultas, y nuevamente, de manera circunstancial, nuestros pasos se volvieron a cruzar; sólo que esta vez, con su actitud evasiva...  Simplemente era que desde el primer momento, se había convertido, siendo inducido a ello, en uno más a través de quien se aplicaba “el rigor de la proscripción institucional”; y como en todos los casos, sólo había que sonreír, y lamentar su condición.

 

El tema en realidad nos atraía, era de historia, pero suponía una solución teórica, ciertamente, geográfica; un problema de geografía teórica sumamente fascinante.  Pero ante su actitud de pleitesía institucionalista inducida vista desde el principio, decidimos desde entonces no tratar más con el tema para que no se fuese a interpretar como un arribismo oportunista de nuestra parte.

 

Sin embargo, hacia fines de 1986 habíamos estado trabajando indirectamente en esa materia, para participar en el I Simposio Nacional Sobre el Desarrollo Histórico de las Investigaciones Oceanográficas en México; sin recordar que fue primero, si aquel Ciclo de Conferencias –que nos parece que así fue– o este Simposio; pero para el mismo preparamos una ponencia con el título de: La Geografía en el Desarrollo Histórico de las Investigaciones Oceanográficas en México (que en algunas ediciones más de esta revista electrónica insertaremos); y he ahí que, sin saber de qué hablar, inventamos el título ad hoc al evento, y luego nos dispusimos a buscar con qué llenarlo.  No ocurriéndosenos otra cosa que relacionar a la Geografía y a la investigación oceanográfica, como el conocimiento de los océanos derivado de la experiencia de las exploraciones geográficas.

 

Y en esa historia de una relación muy forzada, redactamos, con las consultas básicas, dos párrafos de un pasaje que resultó sorprendente:

 

“...en el Globo Terráqueo de Behaim..., se establece la teoría de que Asia se extendía 100º más allá de sus límites reales, lo que le acercaba en alrededor de 10,000 km más a Europa por la Ruta de Occidente.

 

Por último, los más notables geógrafos de esta época vinculados a la oceanografía (que en su forma incipiente es la náutica en general), fueron Juan de la Cosa (1460-1510), y Américo Vespucio (1451-1512), quienes –y especialmente este último de acuerdo con la carta a Lorenzo de Médicis de 1504 [*], en donde le dice haber encontrado no islas o la vanguardia de Asia, sino la cuarta parte de la Tierra [**]– descubren realmente en estas tierras a un nuevo continente...”.

 

Y ahí estaba, la solución al problema en la asociación de 100º a los 10,000 km, y éstos a la “cuarta parte de la Tierra”, como la cuarta parte faltante del perímetro de la misma, había sido dada.  El trabajo lo leímos, y así, tal cual, fue dicho ante todos los asistentes a ese Simposio, ya que todos los trabajos se presentaron en el Auditorio del Museo de Ciencia y Tecnología.  Para nosotros resultaba algo natural y evidente, pero no nos dimos cuenta de su trascendencia, sino justo cuando un asistente de la primera fila, al terminar la exposición, se levantó y fue hasta nosotros para pedirnos que releyéramos ese pasaje.

 

No obstante, transcurrieron veinte años; entonces, en el 2006, falleció el Dr. Gustavo Vargas (nos enteramos de ello al tratar de revisar su obra por Internet, para redactar este artículo, considerando que ese dato lo hubiese ya desarrollado); y casi veinticinco años después, volvemos al punto.

 

Hasta donde hemos podido averiguar, y no siendo realmente exhaustivos, nos parece que esa explicación al problema ha seguido como incógnita [si entre los lectores hay quien conozca que ya antes ha sido expuesta por alguien, con gusto lo aclararemos en estas mismas páginas; ello no demeritará ni en el orgullo ni en la satisfacción profesional, en todo caso, de haber resuelto el problema independientemente], y hasta en tanto no se demuestre otra cosa, podemos afirmar, por lo menos provisoriamente, que nos es el honor de haber resuelto un problema que ya duraba casi cinco siglos.

 

No obstante, es aún una solución que se pudiera decir, tentativa, dado un hecho clave: con todo, nosotros no hemos leído, en fuente de primer orden, ni el Mundus Novus, ni la Lettera de Américo Vespuccio.  Luego de un cuarto de siglo hemos vuelto al tema al redactar este artículo, y a ello, hoy podemos agregar lo siguiente: entre un mar de textos sobre el tema, las citas hechas a dichos textos de Vespuccio, básicamente siempre son las mismas, y la que específicamente nos interesa; o sea, aquella donde expresa la idea del <<descubrimiento de la cuarta parte del mundo>>, sólo hemos encontrado una verdadera lectura seria al respecto, con una cita textual (no con corchetes en paráfrasis), incluso en el idioma original.

 

Esa obra es la del historiador mexicano Edmundo O’Gorman: La Invención de América (primera edición, 1958).  Entre lo mucho que hay que tratar de la riqueza contenida en dicho texto, destaca lo siguiente: O`Gorman retoma el mapa de Teodosio Macrobio de 1483, para establecer la existencia hipotética de las Antípodas; aún ello, no obstante, lo podemos remontar al Globo Terráqueo de Crates del año 150 ane.  Como sea, para la época de Colón y Vespuccio, dicha hipótesis es vuelta a poner en escena.  Y de la misma manera, remonta al siglo IV con Isidoro de Sevilla (560-636), el problema de “la cuarta parte del mundo”, sobreentendiéndose la referencia a las mismas Antípodas.

 

Trata O’Gorman, a su vez, sobre el dato “del paso marítimo que empleó Marco Polo en su viaje de regreso a Europa”, y su disyuntiva ante el problema de lo que el autor llama “la tesis de la península única”, refiriéndose a la Península  de Malaca, entonces conocida como el “Quersoneo Aureo”; o la “tesis de la península adicional”, aludiendo en este caso, precisamente, a Cattigara; proporcionándonos todo ello –dice el autor–, “el esquema fundamental para comprender el significado de las exploraciones...”[1]

 

En sus notas al pie, deja en claro que para Waldseemüller, esa “cuarta parte” es una gran isla; y retoma de éste el controversial texto original: “...et alia quarta pars per Americú Vesputiú inventa este...”[2].

 

Pero el Dr. O’Gorman aclara algo fundamental acerca de esa frase, y citamos de este en su Nota 117: “En efecto, dicha frase puede entenderse de dos maneras, según se entienda, a su vez, el verbo “invenio” empleado en ella.  Si se traduce por el verbo “descubrir”, como es habitual, surge el problema; si en cambio, se traduce, como es también posible, por el verbo “concebir”, en el sentido de discurrir o comprender, entonces, no sólo desaparecen las dificultades, sino que aclara bien el motivo que tuvieron los autores de la Cosmographiae Introductio para considerar justo que la “cuarta parte” del mundo llevara el nombre de Américo, puesto que así se reconoce que fue él quien concibió su existencia...”[3].

 

Analicemos esta importante contribución de O’Gorman: si se emplea, dice, el verbo “descubrir”, surge el problema; y ello, porque el debate es si quien descubre es él, o antes lo ha hecho Colón, que ha reconocido en esas mismas tierras a un “Mundo Novo”.  Una leve diferencia, sería que Vespuccio parece expresar, explícitamente, que ese mundo es la hipotética Antípodas: “<<Llegamos a una tierra nueva que encontramos[***] ser tierra firme (...).  Llegué a la parte de las Antípodas, que por mi navegación es la cuarta parte del mundo (...)...>>”[4].  Y en esta frase, Vespuccio no dice otra cosa, que: <<luego de navegar la cuarta parte del mundo (90º, entre 40º de latitud del hemisferio norte desde Portugal, más 50º de latitud del hemisferio sur casi hasta las Islas Malvinas), llegamos a las Antípodas; es decir, al lado opuesto, no refiriéndose con ello al continente que recorría por sus costas, el cual ya era conocido y sólo lo bordeaba explorando el punto en el cual se encontrara el Cabo de Cattigra>>

 

                              Luego O'Gorman dice, si en cambio se usa el verbo “concebir” (comprender, deducir), desaparecen las dificultades, y se aclara lo justo para Waldeseemüller, de nombrar a la “cuarta parte del mundo” como América.  ¿Se aclara?  No.  La equivalencia de conceptos es tal, que la confusión se hace casi inescrutable.  ¿Cuál “cuarta parte del mundo”?; el extremo sur de Cattigara?; el hipotético continente de las Antípodas?  Cuando Vesputiú inventa; cuando realmente dice haber descubierto la “cuarta parte del mundo” (por supuesto no como la parte navegada, ni mucho menos como el supuesto despojo que pretendiese hacer de la gloria de Colón); ciertamente, lo hace incluso en los dos sentidos de la acepción del concepto, pues lo que descubre, no es ningún continente concreto, sino por vía de la deducción, la comprensión, la concepción de lo abstracto de un espacio cuya longitud sexagesimal era de 90º y decimal, de 10,000 km, eso que descubre es: la cuarta parte faltante, en el perímetro de la Tierra de 40,000 km, calculado originalmente por Eratóstenes.

 

                              Esta es nuestra contribución, estaba ahí desde 1986.  Pero es necesario corroborarla con la lectura directa del Mundus Novus y de la Lettera de Vespuccio, para no depender de citas sueltas, literalmente con la ambigüedad de citas de segunda mano hechas en forma de paráfrasis.  Pero ello será ahora asunto de las nuevas generaciones de geógrafos, en particular de aquellos formados en la investigación teórica (mal llamada “pura”), o investigación básica, de punta, o de frontera, como también se le conoce.  Si nos es posible, ya volveremos a  ello.



[*] En realidad hubo una primera carta a Lorenzo de Médicis, pero donde Américo Vespucio dijo lo de “la cuarta parte faltante”, fue en una segunda carta dirigida a su amigo Piero Soderini, el cual a su vez la hizo llegar al duque Renato II, y éste finalmente a Walseemüller.

[**] Esta frase citada de la carta a Soderini: “...haber encontrado no islas o la vanguardia de Asia, sino la cuarta parte de la Tierra”, preferentemente, debió entrecomillarse; sólo que ahora no recordamos la fuente de dónde la tomamos.

1   O’Gorman, Edmundo; La Invención de América; Fondo de Cultura Económica, Lecturas Mexicanas Nº 63; primera edición, 1958, presente edición, 1984; México, 1984; p.97.

  Ibid. Nota 117 (subrayado suyo).

  Ibid. Nota 117 (subrayado suyo).

[***]   También se expresa como: “descubrimos que es tierra firme...”, y no una isla.

   Varela Bueno, Consuelo; Amerigo Vespucci; Ediciones rei, Biblioteca Iberoamericana; México, 1991; p.62 (cita en paráfrasis por la autora).


 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Historia General de la Geografía
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