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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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23 agosto 2010 1 23 /08 /agosto /2010 08:02

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010 

Análisis Crítico a los

“Apuntes para la Historia de la Geografía en México”,

de Manuel Orozco y Berra, 1880.

  Ponencia, II Congreso Mexicano de Historia

de la Ciencias y de la Tecnología, 1990 (1/4).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, D.F; 26 ago 10.

 

El siglo XVII fue prolijo en el levantamiento de Relaciones Geográficas, Informes, Crónicas de Viajes, etc.  En el singular capítulo XI, Orozco y Berra ha puesto de relieve la importancia de la “Instrucción y Memoria para la Descripción de las Indias”, que en parte fue causa de esas abundantes Relaciones Geográficas; mas, no obstante, Orozco y Berra no les da el tratamiento especial como documentos geográficos, de una importancia paralela a la cartografía.

 

Al parecer, para él, estos documentos se reducían a un carácter histórico.  Así, se puede deducir de un pasaje en el capítulo XX, en el que para hacer la historia de la Geografía con base en la exploración y la cartografía, Orozco y Berra, textual, dice: “Estas exploraciones no eran inútiles a la geografía; servían para reconocer la dirección de las montañas; los ríos con sus vados, el volumen de sus aguas y sus crecientes, los aguajes diseminados y su situación, los productos de la tierra, las diversas tribus que poblaban el país, etc.  Muchos de estos viajes, ejecutados por gentes ignorantes no dejaron más de los enseñamientos prácticos que se perpetuaron oralmente entre los colonos; pero de algunos quedan derroteros precisos, con la descripción de los lugares y cálculo de las leguas, que ya presentan mayor interés, y no falta alguno que se sitúe cierto número de puntos por cálculo de la latitud”[1].  Es decir, los Informes o Crónicas de Viajes, se reducen a los documentos históricos para constancia de los hechos y no forman parte en sí del proceso de investigación geográfica; aun cuando no dejan de ser útiles a la Geografía.

 

Entre los capítulos XVI a XXIII, estudia todo lo relativo al siglo XVIII.  De esta parte, destaca en el capítulo XXI al referirse al “Teatro Americano (1746) de Antonio Villaseñor y Sánchez, que aun cuando critica de adolecer de graves deficiencias científicas (sin mencionar cuáles), dice de él ser el “único trabajo geográfico y estadístico publicado en aquella centuria”[2], y en especial el capítulo XXIII, en el que hace un resumen de “lo que había sido la ciencia geográfica en la colonia…”[3].

 

Dice allí Orozco y Berra: “El siglo XVI fue de exploración y de descubrimientos”[4], y agregamos nosotros, de representaciones gráficas, que si bien deficientes, y continua la cita de Orozco y Berra, “eran estos los primeros pasos dados en el contenido de la ciencia…”[5].

 

Sobre el siglo XVII, omitiendo la abundante aportación de Relaciones Geográficas, dice que este siglo no ofrece nada notable.

 

El siglo XVIII es el que Orozco y Berra califica de brillante, en el que destaca el interés de os gobiernos por los trabajos, por los establecimientos públicos y los métodos de enseñanza.  Preestablece aquí, antes de abordar el siglo XIX, el papel meritorio de Humboldt.

 

A partir del capítulo XXIV y hasta el término de su obra en el capítulo XXXI, Orozco y Berra trata la historia de la Geografía que le es contemporánea: el siglo XIX.

 

Se muestra un cambio cualitativo, cesan las exploraciones y descubrimientos, y estas actividades se traducen en trazo de límites y divisiones políticas.

 

Llama la atención el capítulo XXVII, en donde esa transformación cualitativa del saber geográfico deriva al trabajo de detalle regional y de mayor calidad, concibiéndose por Orozco y Berra en 1856; siendo Oficial Mayor del Ministerio de Fomento; el Atlas Nacional, cuya Comisión reprodujo la actividad exploradora y cartográfica ahora a esta escala..  Por su parte, las Relaciones Geográficas adquirieron ahora también el nombre de Memorias.

 

A partir de este capítulo, Manuel Orozco y Berra se sitúa a sí miso como parte de esta historia, y es interesante mencionarlo, porque va en ello el entendimiento mismo de los antecedentes de sus Apuntes para la Historia de la Geografía en México.

 

El desarrollo y las transformaciones cualitativas en el saber geográfico, conducen también a la elaboración de la primer Carta Geográfica de México, formada por el mismo Manuel Orozco y Berra: su Carta Etnográfica de la República Mexicana (1857), cuya carta base es la Carta General de la República Mexicana, formada por Antonio García Cubas, para la configuración y división del territorio.  Debe hacerse notar en este punto, que la cartografía temática en México era ya elaborada incluso por los estudiantes del Colegio de Minería, quienes, según instrucción dada por su Director, deberían de elaborar de las situaciones del Real de Minas; dando lugar a la cartografía de distintos procesos que hoy conocemos como geomorfológicos, “para cuya inteligencia –dice la instrucción, que es recogida por Santiago Ramírez en su trabajo:“Datos para la Historia del Colegio de Minería”– señalará, en lo posible con diversos colores en el plano geográfico, la extensión que ocupa según la calidad de sus rocas”[6].  Por lo demás, se descubre en ello la metodología de investigación geográfica racionalizada por Manuel Orozco y Berra en su obra: “Geografía de las Lenguas” (1864).

 

Curiosamente, la obra que aquí analizamos de Manuel Orozco y Berra, termina lamentándose de no haber podido abordar  las aportaciones de José Salazar Ilarregui, primer Ing. Geógrafo formado en la institucionalización de la Geografía en México.

 

Manuel Orozco y Berra (1816-1881), de mente preclara, a los 18 años de edad, en 1834, se titula como Ingeniero Topógrafo (o Agrimensor) e Hidromensor, en el Colegio de Minería.  Esta formación es la que lo aproximaría a la ciencia de la geografía, a pesar de su activida literaria y sus estudios de abogacía, mismos que lo enrolarán en la vida pública y el despliegue de un quehacer semienciclopédico.

 

Inmerso en la vida pública, no siendo político por convicciones, vaciló en el momento de la Guerra de Reforma (1858-1860), abandonando la causa liberal militante.  Para entones había formado su Carta Etnográfica (1857), no obstante, al término del conflicto civil armado, es invitado a colaborar como Oficial Mayor del Ministerio de Fomento, entre 1861 y 1863, año último éste, en que pasó a ser Ministro de la Suprema Corte, y en que se suscita la Intervención del imperio francés.

 

En esos años de intervención (1863-1867), Orozco y Berra no sólo nuevamente abandonó la causa del liberalismo, de la que ya había dado muestra de no ser precisamente militante, para incurrir en la falta de lesa patria; patria por la que aparentemente había abogado cuando la intervención de los Estados Unidos.  Desde su nueva posición colaboracionista con el imperio francés, produce su “Memoria para la Carta Hidrográfica del Valle de México” (1864); así como complementaría su Carta Etnográfica con su “Geografía de las Lenguas” (1864).

 

Al triunfo de la universal causa patriótica y nacionalista del siempre legal y  legítimo gobierno liberal de Benito Juárez, Orozco y Berra, evidentemente colaboracionista del Imperio, hubo de ser juzgado como traidor a la República, encarcelado y sancionado.

 

A pesar de todo, a partir de aquí, que es el último período de su vida, hace dos de sus más importantes contribuciones a la Geografía: sus “Materiales para una Cartografía Mexicana” (1871), y su “Historia de la Geografía en México” (1876), que –a decir de René Avilés en sus “Notas Bibliográficas Sobre Orozco y Berra”[7]– fue reimpresa en 1880 por la Secretaría de Fomento, con el título, más prudente y recatado, de “Apuntes para la Historia de la Geografía en México”; seguramente modificado por el mismo Orozco y Berra, y si no, por lo menos, concediendo en ello.

 



[1] Orozco y Berra, Manuel; Apuntes para la Historia de la Geografía en México; México, 1881; Imprenta de Francisco Díaz de León; Edición Facsímile, 1973; Guadalajara, Jal; p.307.

[2]      Ibid. pp. 313-314.

[3]      Ibid. p.334.

[4]      Ibid. p.334.

[5]      Ibid. p.335.

[6]      Ramírez, Santiago; Datos para la Historia del Colegio de Minería; SEFI, UNAM; México, 1982.; pp158-159.

[7] Avilés, René; Notas Bibliográficas Sobre Orozco y Berra; Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística; SMGE, T CXXII, México, D.F. 1975: pp. 87-94; p. 92.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Ponencias Congresos
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