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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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18 noviembre 2010 4 18 /11 /noviembre /2010 00:04

Clich--Literatura 

Análisis Marxista

de la Historia de la Cultura.

  Ensayo, 2002-2010 (4/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 12 ago 10.

 

Ya en la Edad Media, cuyas bases se echaron desde principios del siglo IV con el Edicto de Milán de Constantino del año 313 tras su triunfo en la batalla del Puente de Milvio, que condujo al Concilio de Nicea en el año 325, y más tarde al Edicto de Tesalónica de Teodosio del año 380, con el que se oficializa el cristianismo, la cultura, en Europa, fuente de nuestras influencias culturales, quedará dominada por el providencialismo de esta religión, que hasta ese momento se había desarrollado en el período conocido como paleocristiano.

 

Con Teodosio se tiene la última etapa de la cultura paleocristiana, y con éste se realiza el proyecto de Dioclesiano (286): se divide el Imperio Romano en Oriente y Occidente (395).  La ciudad de Constantino (Constantinopla), la antigua Bizancio, en el siglo VI, un siglo medio después a Teodosio, ahora bajo el imperio de Justiniano (527-565), será sede de la nueva influencia cultural que tomará el nombre de bizantina, cuyo primer período será denominado, románico (ss.VI-VII), cuyas principales manifestaciones son, tanto en la pintura como en el mosaico, los íconos de la historia sagrada de los evangelios, y en la arquitectura, las relativamente bajas, y estéticamente, aparentes pesadas iglesias.

 

El alto clero cristiano hecho poder social, económico y político, formando parte de la nueva clase social del señorío feudal y separada ahora del bajo clero y de las masas cristianas, hizo suyo el arte paleocristiano, se lo despojó a esas masas de cristianos antes catecúmenos, y lo hizo íconos en las primeras iglesias, convirtiéndolos en símbolos de dominación.  No casualmente hacia el final de este período, en el 730, estallará el movimiento iconoclasta en la lucha de poder entre los mismos señores feudales; representando, unos, la vaga vuelta a un mundo de laicidad en un Estado civil, como algo muy escondido en la reproducción en ellos de las viejas herejías arriana y nestoriana (descalificado todo ello como “paganismo”), que separando al ser humano de la divinidad, respondía a su vez a los intereses de las grandes masas; y otros, representando el orden establecido de un Estado teocrático, fundado en el dogma monofisista de Atanasio, de la encarnación de Dios en Jesús, propio de los menos, en el poder.

 

En el año 778, tienen lugar los sucesos de lo que será la Marca Hispánica[a] de Roncesvalles, en que Carlomagno sufre una emboscada y su retaguardia comandada por su sobrino Rolando (inmortalizado en la Chanson de Roland), le protege la huída.  Unos años después, en el 795, la expansión del Imperio Franco fija finalmente dicha Marca Hispánica.

 

 Cinco años después, en el 800, por auctorictas papal, el papa León III corona a Carlomagno como Emperador Romano, el cual, tácitamente, no deseaba subordinarse en potestas imperial al papa, y mucho menos al obispo de Roma, lo cual agudizó su diferencia con los bizantinos, que acabaron reconociéndolo sólo como Emperador Franco.  Carlomagno muere poco después, en el 814, y sus hijos se dividen el Imperio, que se extingue en pugnas.  Al mismo tiempo, en el 843, desaparece el Imperio Romano de Occidente, y a éste le sucederá (un siglo después, en 962) el Sacro Imperio Romano Germánico con el reino de los francos carolingios de oriente, que venían desde el año 751 con Carlos Martell.  El Sacro Imperio es tal (“Imperio Sagrado”), dado que es el papa el que unge y da investidura como emperador, al que antes le ha dado protección precisamente a la iglesia.  Pero aquí tendrá su origen lo que más tarde se denominará como “Querella de las Investiduras”.

 

Derrotado finalmente el movimiento iconoclasta con Teodosia en el mismo año en que cae el Imperio Romano de Occidente, el 843; luego de un breve resurgimiento en el 813 tras el II Concilio de Nicea del año 787 en que pareció haber terminado; a ello seguirá la llamada Edad de Oro del bizantino, entre el 850 y el 1204, año último en que ocurre la caída de Constantinopla en manos de los Cruzados.

 

Luego del movimiento cultural del románico que llega hasta el siglo VII, y tras el período iconoclasta por un lado, y el Renacimiento Carolingio por otro, con todo su contenido de movimiento cultural que responde a los intereses civiles progresistas hasta mediados del siglo IX; los siguientes tres siglos hasta mediados del siglo XII, pudieran denominarse propiamente como del movimiento cultural bizantino, a manera de un retorno al predominio de los intereses del clero, hasta esa última fecha, en que se fija el inicio del movimiento cultural del gótico.

 

El movimiento cultural del gótico entre el siglo XII y el siglo XV, representa el fin de la Edad Media y su régimen económico-social feudal, y, simultáneamente, el camino que llevará al Renacimiento y el régimen económico-social capitalista; son tres largos siglos al que les es característico lo propio a los estados de transición.  De hecho, como dice el lugar común, le caracteriza el momento más oscuro, el cual ocurre justo previo al amanecer.

 

Como nunca, la iglesia había acumulado una enorme riqueza, que se traducía en la construcción de las más grandes y hermosas catedrales. Y en medio de ese fasto del poder para el siglo XIV, en Inglaterra escribe el poeta Chaucer (1340-1400), que en sus Cuentos de Canterbury, retoma a un Boccaccio (1313-1375), y su Decameron; cuentos estos últimos, en los que, a diferencia de Dante Alighieri (1265-1321), Boccaccio está volcado ya abiertamente en la crítica al clero.  Estos, junto con Petrarca (1304-1374), representan culturalmente los intereses de las clases sociales interesadas en dejar atrás catorce siglos de dominio religioso: nace con ellos, el Humanismo.  No será ya Dios el centro de la atención, sino el ser humano; no se despreciará más al ser humano en función de salvar el alma; no se aspirará más a la paz en el sobrenatural Reino de los Cielos, sino a la paz y a la dignidad humana en el Reino de la Tierra.

 

Pero está ya ahí, también, desde fines del siglo XII, el momento más oscuro: ha surgido desde entonces el “Tribunal del Santo Oficio”, la “Santa Inquisición” (1184, en Languedoc, al sur de Francia).  Institución aberrante que tendrá su existencia hasta principios del siglo XIX, si bien desde fines del siglo XVIII, particularmente con las reformas borbónicas en España y la Revolución Francesa de 1789, ya ha perdido toda fuerza política.  No obstante, continuará existiendo el nefasto Index Librorum Prohibitorum, que dejado de actualizar apenas en 1948, es con el papa Paulo VI en 1966, que se decide suprimirlo.

 



 [a] Aquí nace, curiosamente, un malentendido con Andrea, en relación con el origen de la lengua española; y de ahí la profusión de datos del contexto histórico que poco parece tener de relación con la historia de la cultura.

 En el Concilio de Tours (mediados del siglo IX –hacia el año 850, cuando se reestablece el dominio teocrático y pierde fuerza el Imperio de un Carlomagno ya desaparecido–) se habla todavía de una “lengua romana rústica”, que se supone fue la lengua que dio origen a las lenguas romances, [y] hay huellas de éstas ya desde los siglos XII y XIII” (Le français ne vient pas du latin, Yves Cortez, Ediciones L'Harmattan; en, “El Verdadero Origen de las Lenguas Romances”, Johnny Torres; www.elcastellano.org; junio 2007).  Pero en el siglo XII, “la obra cumbre de la poesía de estos primeros tiempos es el poema de Mio Cid (h. 1140)…  La triada monorrima asonante es la estrofa usada en todo el cantar, y su irregularidad métrica, junto con su historicidad y realismo de escenas y personajes, la distinguen de la épica francesa, legendaria y regular” (en “Atlas de Literatura Universal”; A. Padilla Bolívar; Ediciones Jover, Barcelona, 1973).  Y ya para fines del siglo XIII, en su celda en prisión, “Marco Polo dicta en francés, su relación de Viajes (1298)” (en “Atlas de Literatura Universal”; A. Padilla Bolívar; Ediciones Jover, Barcelona, 1973).  Y, ¿en qué lengua escribe ya Gonzalo de Berceo (1197-1264)?

Asuntos de la lingüística, de lo que sólo nos interesa establecer, que una era la lengua al norte de los Pirineos (lugar de la distribución de la Marca Hispánica), y otra, u otras, la lengua al sur de dicha cadena montañosa.  Con la derrota de Carlomagno en el 778, no sólo quedó históricamente confinado al norte de los Pirineos esa “lengua romana rústica” que allí derivó al francés; sino, principalmente –preciosísima Andrea–, igualmente quedó confinada al sur de la distribución de la Marca Hispánica, lo que, a partir de ahí y en el futuro, será la lengua castellana… (de hecho, formalmente, el primer documento de nuestra lengua, data del año 964).  A ese origen me refería, y de ahí la importancia de los acontecimientos de la Chanson de Roland, en relación con el origen de nuestra lengua […y ahora ya puedo morir en paz].


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