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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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18 noviembre 2010 4 18 /11 /noviembre /2010 00:06

Clich--Literatura 

Análisis Marxista

de la Historia de la Cultura.

  Ensayo, 2002-2010 (6/8).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 12 ago 10.

 

Pero terminó el período del neclasicismo, y arribamos al período Romántico propio del siglo XIX.  Su contexto histórico es el de dos momentos notables: el de la primera mitad del siglo, de desarrollo de la Revolución Industrial y consolidación del capitalismo y un predominio notable del idealismo filosófico en las autoridades de Kan, Hegel, Schiller, Schellin, y Fichte; aquí, como dice Padilla Bolívar, “el sentimiento se impone siempre al raciocinio que el burgués “Sturm und Drang” consideró superado…”[1]; y en Francia se inicia con Mme, Staël, Chateubrian, Lamartine, Víctor Hugo, Vigny y Stendhal, que, dice Bolívar, a partir de 1830 van ganando en conciencia social.

 

Y no es casual que así sea, fidedignos observadores de la realidad de su tiempo, pues justo entonces el proletariado comienza a su vez a ganar en conciencia de clase; en Inglaterra se origina el Movimiento Cartista, y en Francia aparece el pensamiento socialista con Pierre J. Proudhon (1809-1865), seguidor del alemán Kaspar Schmidt (Max Stirner, 1806-1856), fundador de la teoría del Anarquismo.

 

Caracterizará a los romanticistas su oposición a la idea del “arte por el arte”, entonces defendida entre otros, por Gautier, y demuestran incansablemente el papel social de éste.

 

Pero el romanticismo, como todo otro movimiento cultural, no será monolítico, sino que se dividirá en dos grandes corrientes de expresión, representativas ellas de los intereses, ya de la burguesía en el romanticismo naturalista; o bien del proletariado, en el romanticismo realista.

 

Apenas le antecede un Federico Schiller (1759-1805), el filósofo idealista, autor de Guillermo Tell, en donde se defiende lo justo frente al poderoso y su argumenta éticamente la teoría de Maquiavelo a favor del oprimido; y Johan W. Goethe (1749-1832), que con su Fausto, considerada como la más célebre pieza del movimiento literario del Sturm and Drang (de la “Tempestad e Ímpetu”), precursor mismo del romanticismo, con el cual se rompen los rigorismos ilustrados del neoclasicismo, en otros tiempos necesario, es expresión de mayor libertad en el hacer, y por ello, de los anhelos de la burguesía avanzada de un capitalismo consolidado.

 

La clase proletaria en ascenso, ante la ominosa opresión del capital, encontró en personajes como Lord Byron (1788-1824), el prototipo romanticista de sus intereses, de su imagen y semejanza; otro tanto emulado en Rusia por Alejandro Puschkin (1799-1837).  Les sigue Honorato de Balzac (1799-1850), cuya obra de conjunto es conocida como La Comedia Humana, hace la más feroz e irónica crítica al burgués conservador que alienta tiempos monárquicos.

 

Aparece luego Víctor Hugo (1802-1885), acerca del cual dice Padilla Bolívar: “afirmó siempre que el poeta debe ser el eco del sentir popular”, denunciando a realidad social, de lo cual lo más representativo es su obra Los Miserables.  Charles Dickens (1812-1870), con quien “se hace popular la prosa ingles”, un utopista que, citando a Bolívar: “Confía en el buen corazón de los pudientes para mejorar la sociedad”; Nicolás Gogol (1809-1852), cuyas obras son el más fiel reflejo de la miseria del campesinado ruso esclavizado, a su vez expuesto en los ensayos de Herzen; Iván Turgenev (1818-1883; por estas fechas, directo y paralelo contemporáneo de Carlos Marx), que intenta llevar a la Rusia feudal a la modernización capitalista; Fedor Dostoieski (1821-1881), y León Tolstoi (1828-1910), del cual, La Guerra y la Paz, lo dice todo.

 

Gustave Flaubert (1821-1880), que, expresa Bolívar, “barrunta desorden y revolución por doquier”; y Emilio Zolá (1840-1892), optimista por el futuro, decía: “El hombre sólo existe en relación con la sociedad.  Sociedad que el capitalismo corroe”[2].

 

Ese romanticismo realista en América, tuvo a sus mejores representantes en José Joaquín Fernández de Lizardi (1776-1827), y su Periquillo Sarniento. como en José Hernández (1834-1886), en su Marín Fierro.

 

La contraparte al romanticismo realista, el romanticismo naturalista, se expresó con toda su fuerza en Richard Wagner ( 1813-1883), de él, “las viejas epopeyas medievales –nos dice Padilla Bolívar–, que después exaltará el nacionalsocialismo”, y “cediendo a la influencia que en él ejercieron Nietzsche y Schopenhauer…”.

 

Con el romanticismo realista de Gustavo Adolfo Bécquer (1837-1870), concluye este período de la historia de la cultura, y a él seguirá un nuevo movimiento general, denominado Modernismo, que se inicia con Rubén Darío (1867-1916), y Amado Nervo (1870-1919).

 



[1]      Ibid.

[2]      Ibid; citado por Padilla Bolivar.

 



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