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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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18 noviembre 2010 4 18 /11 /noviembre /2010 00:01

Clich--Literatura 

Análisis Marxista

de la Historia de la Cultura.

  Ensayo, 2002-2010 (1/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 12 ago 10.

 

Con toda la pasión

que nos despierta la Literatura,

vaya dedicado este ensayo a,

Andrea Eme Tegé.

 

Introducción.

 

Alguna vez, allá por el año 2002 o 2003 –y no recordamos ni por qué ni cómo; al parecer por algo que tenía que ver con los conocimientos literarios y artísticos–, fuimos invitados a dar una conferencia en la Universidad en la que colaborábamos; plática para la que se prestaba, y así elegimos, sin que recordemos exactamente por qué rezón, exponer un análisis de la historia de la cultura.

 

Ese análisis de la historia de la cultura, por nuestra parte, no podía ser sino un “análisis marxista de la historia de la cultura”; esto es, un análisis basado en la consideración de las contradicciones generales y particulares que mueven el desarrollo, lo mismo de la ciencia, que de la literatura y el arte.

 

Ello condujo a que posteriormente se nos pidiera impartir un curso sobre el tema, que en lo personal nos fue extraordinariamente interesante abordarlo, más aún, que teníamos un grupo extraordinariamente especial; no por una invitada externa al curso; sino por los alcances culturales de una de las estudiantes del grupo.  Pero había ahí, también, otro estudiante, de clases social “acomodada”, un tanto de mayor edad, por ello “líder” del grupo..., y, profundamente reaccionario.  Luego entonces, hacia el final del curso hubieron problemas y no concluyó como lo hubiera deseado; y los cursos posteriores los impartió entonces otro compañero profesor sobre el modelo de programa que habíamos impartido, pero...  Bueno, así son las cosas.

 

Como quiera, por otra parte, le impartíamos la materia de “Geografía Histórica Hispanoamericana” a los estudiantes de la Licenciatura en Literatura, y por ellos nos enteramos que, por lo menos la estructura que utilizamos, fue retomada para seguirse impartiendo aquel curso.  Lo importante fue, así, que para esos estudiantes, por lo menos, rompimos el esquema lineal con que se les enseñaba la historia del arte y la literatura.

 

Expondremos aquí, no sólo nuevamente la estructura de ese esquema, sino, esencialmente, el análisis dialéctico clasista que implica en la historia de los movimientos culturales, sobre la afirmación de que: todo movimiento cultural, representa los intereses de una clase social históricamente dada; ya que ello es la expresión ideológica de sus anhelos.

 

 

La expresión ideológica

de los anhelos de las clases sociales.

 

Toda representación (ese volver a presentar en lo literario o artístico) de los intereses de una clase social históricamente dada, es expresión ideológica de sus anhelos. El examen de la literatura y el arte así, carece de sentido, se hace falsa “cultura por la cultura”, cuando ello no se vincula a los intereses y anhelos de las clases sociales; por lo que en el análisis marxista de ello será de fundamental necesidad considerar las condiciones objetivas que determinan dichos intereses, y forman una ideología que se expresará en el arte o en las letras, y cuyo estilo o manera de hacerlo, formará un movimiento cultural determinado.

 

La base fundamental del análisis marxista de clases radica en la consideración general de los grandes modos de producción económico-social: la comunidad primitiva (de los orígenes de la especie humana, a través del salvajismo y la barbarie, hasta la aparición de la propiedad privada y el Estado, hace unos 3000 años, en el surgimiento de los primeros grandes imperios); el esclavismo (del origen de los grandes imperios, a la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476); el feudalismo (del s.V-XV); el capitalismo (del s.XV a nuestros días); y el socialismo (en la experiencia de casi todo el siglo XX).

 

Al régimen de comunidad primitiva le caracteriza la inexistencia de clases sociales (de ahí el nombre de “comunidad”, por el cual, todos sus miembros se toman por iguales en todo sentido).  Los intereses y anhelos de esa comunidad, serán los de poder generar excedentes alimenticios, y superar el desasosiego cotidiano de la esclavizante dependencia a la naturaleza; lo cual va logrando en las sucesivas transiciones de los estadios del salvajismo, a los estadios de la barbarie.  Sus expresiones culturales (nos centramos aquí en el arte en general y la literatura en particular), estarán determinadas por ello; y así, hablaremos de un arte (canto, danza, música, pintura, y escultura, principalmente; aún no había escritura) de la comunidad primitiva.  Estas expresiones culturales, por lo tanto, representarán los intereses y anhelos de todos por igual; y significaran una recreación estética colectiva común.

 

Eso último, dejará de ser así en la sociedad esclavista.  En su momento, se darán ahí, necesariamente, dos expresiones culturales en función de los intereses y anhelos de cada clase social: uno será el arte, y ahora sí incluso la expresión hierática escrita, de la clase social esclavista; y otro será el arte, y una pobre escritura demótica que no dará aún para la expresión literaria como tal, de la clase social de los esclavos.

 

Mientras las cortes imperiales de los señores esclavistas podían disfrutar de casi ya todas las musas, los esclavos apenas tendrían un mínimo descanso en el placer estético de algunas de ellas: el canto, la danza, la música...; y más notable aún, su propio canto, su propia danza, su propia música; que se diferenciaba expresando, evidentemente, sentimientos muy distintos, del canto, danza y música de los señores esclavistas.

 

Hacia el final de ese régimen económico-social, ya con los griegos e inmediatamente después con los romanos, en el seno de una misma clase social, fina y sutilmente se manifestarán expresiones culturales distintas: una será la de la democracia esclavista, y otra la de la autocracia esclavista; y será ahí, donde se originarán los movimientos culturales: ciertas formas o estilos de expresarse en el arte no sólo los gustos estéticos, sino los intereses y anhelos de las mismas.  Con el tiempo, nos referiremos a la cultura heleno-romana que representaba los intereses de los señores esclavistas, como “clásica”.

 

A partir de ahí, en los cinco siglos que significan el período de transición del régimen esclavista al feudalismo, singularmente con el surgimiento del cristianismo como “la denuncia de la miseria real”, dirá de ello Carlos Marx, los intereses de las clases sociales miserables comienzan a sobresalir, si bien no a la vista generalizada, sí con una obra concreta en la historia del arte y la cultura, dándose ya un lugar con el denominado “arte paleocristiano” catecúmeno, en el curso de los primeros cinco siglos de Nuestra Era.  Y, a ese arte paleocristiano más simbólico que estético, representando los intereses de las clases sociales oprimidas, se le contraponía el fino arte romano imperial.

 

Sin embargo, durante la Alta Edad Media, la lucha de clases en el plano de la cultura se expresó exclusivamente mediante el movimiento bizantino, esencialmente ideológico religioso con el arte icónico bíblico, manifestando los intereses del cristianismo ya no sólo vinculado al poder, como cuando el período de Constantino, sino posesionado de tal con el papado como el principal señorío feudal que incluso legitimaba los reinos de los estadistas laicos.

 

La denuncia de la miseria real se convirtió en su contrario, y en ello las clases oprimidas fueron despojadas con el tiempo, por la iglesia, de sus propia expresión cultural.  En mucho, la fortaleza y duración del sistema feudal se entiende justamente por esa identidad de cinco siglos en la expresión cultural de los oprimidos y la nueva clase social en el poder (semejante a lo que ocurrió en su origen con el esclavismo).

 


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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Literatura
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