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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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10 octubre 2010 7 10 /10 /octubre /2010 23:02

Clich--Literatura  

20 de Calificación.

  Cuento-Historieta, 1997 (2/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 14 oct 10.

 

Todos volvieron por el pequeño que de pronto se vio sometido a interrogatorio inquisitorial.

 

_  ¡¿Qué viste?!, ¡habla!, ¡habla ya! –le aturdían entre todos, y el peequeño no hallaba qué responder.

_  Bueno…, pues… -dijo por fin temeroso–, es que no me van a creer…

_  ¡Ya, animal, habla o te arrastramos!

_  Bueno…, pues…, hay un Sol, y unas estrellas, y giran; y hay una Tierra gigante o un átomo, ¡quién sabe qué será!, tiene unos como alambres así –y el pequeño con su mano describía dibujando en el aire la forma que decía haber visto–, y hay luces y una pantalla con sombras…

 

Todos lo escuchaban admirados e incrédulos.  Una de ellas, astuta, recapacitó y le detuvo en su narración.

 

_  ¡Mentiroso!, detente, nos estás engañando…

_  ¡No, en verdad, les estoy diciendo la verdad! –dio el pequeño con agudo grito, defendiéndose–, pero les dije que no me iban a creer…

_  ¡Men-ti-ro-so! –volvió su compañera contra él con el dedo índice en ristre casi golpeándolo en la punta de la nariz al ritmo en que le espetaba–, nos estás echando cuentos para que no te arrastremos, ¡pero ahora te vamos a arrastrar por cuentero!

_  ¡No, no, espérense, les estoy diciendo la verdad –se defendía elpequeño a gritos cuando ya todos hacían por él, y prendiéndolo de pies y manos le tenían en vilo.

_  ¡Mentioso! –le volvió a decir de golpe la astuta niña–, vas a hablar y a decir la verdad.  ¿Cómo te vamos a creer ese cuento?, ¿de dónde sacó “El Injusto” todo lo que nos describes? ¡¿ehee?!...  ¡Tráiganlo! –ordenó a los que lo tenían rendido– lo vamos a arrastrar.

 

05-Lo-vamos-a-arrastrar.jpg


_  ¡No, no…, está bien, les voy a decir la verdad! –replicó el pequeño, que, ingeniosamente, a la velocidad de la luz, trataba de fabricar una mentira creíble.  Lo soltaron y esperaron “la verdad”–, ---bueno…, pues…, yo creo que el maestro ya se volvió loco…

_  Por qué…! –le interrumpieron ansiosos varios de ellos.

_  Bueno…, pues…, porque el maestro arrastra el escritorio y su silla de un lado para el otro, y lo golpea contra la pared, y da de patadas y puñetazos contra el pizarrón, y…

_  Aha, mentiroso –dijo una de ellas interrumpiéndole, pero casi en voz baja, en tanto los demás lo veían enmudecidos y con grandes ojos.

_  ¡No!, ¡sí!, ¡”es verdad”!, ¡se los juro!

 

Entonces todos se voltearon a ver entre sí  con un mismo y temeroso pensamiento: “El Injusto”, estaba loco”.

 

Así, con ese temor e incertidumbre pasaron varios días.  El maestro seguía llegando al Salón como siempre y allí se quedaba.  Antes de entrar sólo se aseguraba de que el enorme letrero de >NO MOLESTAR>>, siguiera bien fijo.  Sólo de cuando en cuando salía.

 

Los del futbol, seguían allí, felices, los de la guitarra ya llevaban acumulado un buen repertorio, la señora de la Cooperativa muy contenta con sus ventas, en la Biblioteca ya varios habían desempolvado atractivos libros que con entera libertad habían elegido y devoraban; en la Sala de Cómputo las máquinas no daban a vasto a otros tantos que intercambiaban su software y se enseñaban mutuamente asesorados por el maestro de computación.  Sólo un pequeño grupo persistía a distancia frente al Salón haciéndose mil y un preguntas.

 

_  Bueno –decía uno de ellos– pero por qué, cómo es que ese maestro que ya lo acusamos con nuestros papás y ellos lo reportaron a la Dirección, sigue ahí.

_  Sí, claro –decía otra–, es un riesgo.

_  ¿Pero por qué la Dirección no hace nada? –añadía una más.

_  Hasta las butacas ya se llevaron… -hacía ver otra de ellas.

_  ¿O, no las habrán vuelto a meter al Salón? –especulaba su compañero.

_  ¿no, todas están allá arrumbadas!... –le aclaraba el pequeño señalando al sitio.

 

En eso, con unas láminas en la mano, salió el maestro –para ellos, ahora, un “sujeto peligroso”–, y todos guardaron sepulcral silencio.  Sintiéndose seguros a la distancia, sus miradas seguían hipnotizadas los pasos del profesor como midiendo todos sus movimientos para, a la menor señal de peligro, echar a correr.

 

Pero “El Injusto” sólo iba y venía.  Salía con unos largos rollos de papel, como mapas, y regresaba con las manos vacías.  Volvía a salir con unas mantas, y regresaba otra vez sin nada; salía nuevamente con unas largas varas de madera, y regresaba con las manos desocupadas.  Luego, con una gran caja, al poco rato, con unos aparatos; y así, día tras día.  A la vista de los niños ningún objeto entraba, sólo salían y salían cosas extrañas.

 

_  ¡Ya sé! –dijo una de ellas–, es que de noche deben meter todas esas cosas, y de día las saca…

_  ¡¿Pero, por qué?! –le preguntó uno de ellos; y la niña, contrariada, sólo acertó a responder: “pues qué no ves que está loco”.

 

El más pequeñuelo de todos, el espía de las alturas, tenía a los demás a sus espaldas, y, callado, únicamente giraba la cabeza  de cuando en cuando para mirar angustiado a sus compañeros a los que oía hacerse tantas preguntas.

 

06 Sólo un pequeño grup persistía

 


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