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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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1 agosto 2011 1 01 /08 /agosto /2011 23:02

Esfera Armillar; Geografía BásicaBreve Comentario Acerca de la Posición Gnoseológica de Karl Ritter, y su Concepción de la Geografía.  Artículo, 2011 (2/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (φN, λW); 27 jun 11. 

 

Ese fundamento gnoseológico en la fenomenología dado en Ritter, revela la influencia de la teoría del conocimiento kantiana en él, en la cual las ideas, a través de las intuiciones de espacio y tiempo en el sujeto, ponen orden al caos de una realidad amorfa:

 

 

 

“…nos vemos obligados –dice Ritter– a utilizar diversos métodos de clasificación para borrar la idea de caos que de él se desprende”[1].

 

Y Ritter va a justificar en ello las limitaciones de la geografía misma:

 

“Por eso han interesado más hasta ahora sus partes constitutivas que su apariencia global, y los compendios de geografía se han dedicado fundamentalmente a describir sus partes.  Habiéndose contentado hasta ahora con describir y clasificar someramente las diferentes partes del Todo, la geografía no ha podido, en consecuencia, ocuparse de las relaciones y de las leyes generales, que son las que únicamente pueden convertirla en una ciencia y darle su unidad”[2].

 

Pero luego hacemos de su texto una cita de extraordinaria importancia:

 

“Aunque la Tierra como planeta sea muy diferente de las representaciones a escala reducida que de ella conocemos y que no nos dan más que una idea simbólica de su modelado, hemos tenido que acudir a esas miniaturizaciones artificiales del globo terrestre para crear un lenguaje abstracto que nos permitiese hablar de ella como un Todo.  Así es, en efecto, y no inspirándonos directamente en la realidad terrestre, como hemos podido elaborar la terminología de las relaciones espaciales”[3].

 

“Crear un lenguaje abstracto que nos permitiese hablar de ella como un Todo”, dice Ritter, a partir de una representación simbólica; pudiendo, en función de ello, “elaborar la terminología de las relaciones espaciales”.  Esto es, que, en consecuencia, Ritter no parte de la realidad objetiva para abstraer de ella esas relaciones espaciales sino que, en consonancia con la fenomenología, es a partir de la representación simbólica que las puede entender; esto es, es nuevamente la idea kantiana del espacio como intuición a priori del sujeto.  No obstante, si aún tradujésemos esa idea de Ritter a la gnoseología materialista dialéctica y considerásemos partir de la realidad objetiva, la parte restante de la idea es correcta en cuanto al proceso de abstracción necesario para la categorización científica del fenómeno, en este caso, relativo a las relaciones espaciales.

 

Un poco más adelante, Ritter vuelve al asunto de la simetría y asimetría.  Antes ha referido éstas a la superficie terrestre entendida como el medio geográfico, mismo que a su vez identifica como el medio natural:

 

“Inversamente, la asimetría y la apariencia informe de las obras de la naturaleza desaparecen con un examen profundo.  La lupa del microscopio hace surgir en la tela de una araña, en la estructura de una célula vegetal, en el aparato circulatorio de los animales, en la estructura cristalina y molecular de los minerales, elementos y conjuntos de una textura siempre más fina”[4].

 

Y así, de un espacio identificado con el medio natural, la lógica de su estudio ha de recurrir, figurativamente dicho, a la “lupa del microscopio”, es decir, al estudio de los fenómenos mismos como tales; más aún que, en esa gnoseología kantina, es en ella, y sólo en ella y no en el globo terrestre en su conjunto, en la que se puede proyectar la idea de espacio en sus propiedades esenciales de simetría y asimetría.

 

Así, quizá sea en Ritter en quien se da por vez primera el error lógico en que no pocos geógrafos aún a más de siglo y medio después incurren, denominado suplantación de tesis (ignoratio elenchi), en donde, sustentando la tesis del espacio terrestre, identifica a éste con el medio geográfico o natural, y lo suplanta por la argumentación del estudio de los fenómenos de la naturaleza.

 

Luego hay un pasaje interesante que conviene citar, para deslindado Ritter de una posición materialista, deslindarlo ahora del otro extremo gnoseológico: de la metafísica idealista.

 

“Todo nos lleva a no buscar en el presente la imagen de la eternidad, a no confundir apariencia y esencia, las impresiones que obtenemos de una cosa o de un fenómeno y la realidad de esa cosa o de ese fenómeno, a no interpretar las leyes naturales establecidas como construcciones lógicas de nuestro intelecto, sino a considerarlas como un feliz descubrimiento de un mundo fenoménico que nos rodea y que todavía no habíamos logrado dilucidar”[5].

 

Ahora, “la imagen de la eternidad”, es el mundo metafísico de Hegel, en donde fuera de nuestro pensamiento no existe una realidad de las cosas materiales, sino sólo un mundo de cosas aparentes; en donde lo objetivo no es el mundo de los objeto materiales fuera del pensamiento, sino el mundo de las ideas, expresión divina, de las cuales el sujeto es sólo un vector que las realiza.  “No interpretar las leyes naturales establecidas como construcciones lógicas de nuestro intelecto”, no es una expresión que vaya en contra de la esencia de la ciencia de la modernidad ilustrada fundada en la lógica, sino una expresión que alude precisamente a la Idea hegeliana de la objetividad dada exclusivamente en el mundo del pensamiento o racionalidad (la lógica).

 

Y si hubiese habido alguna duda del fundamento gnoseológico en Ritter, éste finalmente lo hace explícito cuando se refiere a interpretar la leyes naturales como: “un feliz descubrimiento de un mundo fenoménico que nos rodea”, mismo que, finalmente, se revela como un mundo que no está en desorden ni es incoherente.

 

Así, de no haber entendido el error lógico por ignoratio elenchi en que incurre Ritter, la siguiente cita lo ubicaría como un notable geógrafo espacista, cuando es justamente todo lo contrario:

 

“En efecto, cuanto más avanzamos en el conocimiento de la distribución espacial en la superficie del globo terrestre y cuanto más nos interesamos, más allá de su desorden aparente, en la relación interna de sus partes, más simetría y armonía descubrimos en él, y en mayor medida las ciencias naturales y la historia pueden ayudarnos a comprender la evolución de las relaciones espaciales”[6].

 

Esto es que, no sólo por el error de sustitución de tesis en el que se identifica al espacio en tanto superficie terrestre con el medio natural en tanto el conjunto de los fenómenos que le conforman, sino por el argumento que nos ha dado de penetrar en la simetría de esos mismos fenómenos, y el que, por último, sean, en consecuencia, las ciencias naturales y la historia las que ayuden al geógrafo, la concepción de la Geografía en Ritter, es, de hecho, el fundamento de la moderna geografía fenomenista.



[1]      Ibid. p.169.

[2]      Ibid. p.169.

[3]      Ibid. p.169.

[4]      Ibid. p.169.

[5]      Ibid. p.170.

[6]      Ibid. p.170.


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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Comentarios Bibliográficos en Geografía Teórica
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