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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 10:25

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Comentario a, “Geografía: Fundamento...”.

Estructuración histórica

del sistema de conocimientos geográficos.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 13 may 10.

 

 

Expresar lógicamente los elementos que dan un fundamento científico a una disciplina de conocimientos, significa no sólo un “orden coherente”, sino, esencialmente, un orden en el que los conocimientos nuevos se derivan o deducen en forma hipotético-deductiva, de los conocimientos viejos; esto es, en donde la ciencia se desarrolla sobre la base de la vigencia de sus propios fundamentos.

 

De ahí que el análisis histórico objetivo sea de fundamental importancia, para deducir de éste, la formación progresiva de tales elementos que paso a paso van estructurando una ciencia.

 

Evidentemente, en esa consideración de objetividad, la ciencia ha de ser lo pensado como reflejo de un objeto estudio, mismo que ha de constituir apenas una feaceta de la realidad objetiva.  Definir el objeto de estudio es condición primera de toda condición en la enumeración lógica de los fundamentos de una ciencia.  De ahí que, cuando en 1981 llegamos a la conclusión de que la hipótesis del objeto de estudio de la Geografía como la relación de los fenómenos naturaleza-sociedad, era falsa en tanto no se podía demostrar su lógica como tal, de manera natural brotó entonces la consideración de una categoría más fundamental que dicho estudio de los fenómenos en sus relaciones.  Y ella brotó de la idea de la relación misma.

 

Las relaciones entre los fenómenos estudiadas por el geógrafo, no podían ser sino relaciones físicas externas entre ellos, pues las relaciones internas o interrelaciones, la forma en que un proceso físico derivaba en químico, o un químico en biológico, o los biológicos en formas vegetales, animales y finalmente sociales, era, evidentemente, asunto de los especialista de otras ciencias en ello.

 

Y las relaciones físicas externas, a su vez, no podían ser sino relaciones espaciales: de lugar y situación, de localización y distribución, o de límites y extensión, por señalar las relaciones más simples.  En consecuencia, la categoría más fundamental que subyacía en el supuesto estudio de las relaciones naturaleza-sociedad, era la categoría de espacio.  Y entonces, de pronto, todo adquirió una lógica absolutamente inusitada.

 

El mapa dejaba de ser un simple “lenguaje del geógrafo”, para convertirse en la herramienta metodológica fundamental para el conocimiento del espacio terrestre, en tanto su representación a escala, en ciertos grados de abstracción.  Los conceptos de localización, distribución, límites, extensión, conexión, relacción, simetría, asimetría, isotropía o anisotropía, etc., adquirieron de inmediato lugar en un aparato metodológico el rango de categorías fundamentales, en tanto el espacio terrestre o geográfico, sólo podía entenderse mediante dichos conceptos.

 

Sobre la base del principio de objetividad, ahora se planteaba la necesidad de patir desde entender la realidad y naturaleza del espacio, y sobre esa base elaborar toda la teoría geográfica.

 

Se interpusieron los años noventa del siglo XX, y con ellos se cayó en un oscurantismo ya abierto y evidente; incluso en el plano mundial.  Ya no se negó más lo que por la fuerza de la verdad científica se había venido demostrando a lo largo de los años ochenta: que la Geografía era la ciencia del estudio del espacio terrestre.  Aun cuando de momento, no se supiese qué era ello, y menos qué o cómo estudiársele.  Ese era el siguiente paso, pero se rompió la continuidad ante el avasallamiento de una relaidad ecomómica y política en que se hundió la sociedad en la última década del siglo.

 

Al perderse esa continuidad, el concepto de espacio quedó retorcido, a medio camino entre las viejas ideas y el nuevo planteamiento; y entonces el objeto de estudio de la Geografía se limito a entenderse como el escenario de las relaciones entre los fenómenos.  Lo que había de estudiarse era el “escenario”, su realidad, su naturaleza, sus propiedades y leyes; pero ya nadie supo decir cómo, y sólo se aceptó la existencia del escenario como algo esencial, pero se siguió estudiando las cosas que ocurrían en el escenario, como las supuestas “relaciones naturaleza-sociedad”.

 

La nueva tesis que se afirmaba (aceptada ya de manera generalizada), era ya que la Geografía es ciencia del estudio del espacio.  Pero ello no se empezó a estudiar sobre la base de sus antecedentes correspondientes, sino sobre la base de lo mismo que estaba dado como premisa falsa, y, en consecuencia, se produjo un error lógico e histórico de falso antecedente.  Y con ello se ha trabajado, por lo menos, por los últmos quince años, de 1994 a 2009, lapso en el cual –por la misma problemática económico-social– nosotros dejamos de “figurar en el mapa”, hasta que nos encontramos con una manera de publicar mediante este Blog,  todo lo que estaba esperando ahí para la historia.  Esas fuerzas oscurantistas casi logran irse impunes ante, por lo menos, un buen periódo de la historia.  Algún día todo esto hubiera sido rescatado necesariamente; así es la lógica de la historia; pero no tuvimos que esperar ni los quince siglos de Anaxímenes, ni la afortunda aparición de un estudioso de la historia de la ciencia lo suficientemente acusioso.  Por eso, hemos dicho, tuvimos la oportunidad de rescatarnos a nosotros mismos, y, en todo caso, para bien o para mal, asunto que ya dirá la historia, facilitarle el trabajo al futuro historiador de la ciencia.

 

Dada la redefinición del ojeto de estudio por una conocimiento más esencial del mismo, el siguiente paso en la estructuración de los elementos que fundamentan una ciencia, fue establecer los postulados: esas afirmaciones axiomáticas, por cuya eviencia no necesitan de más demostración, aceptándose como consiguiente lógico de la naturaleza del objeto de estudio, y puntos de partida en la elaboración de la teoría; en este caso, de la teoría geográfica.

 

Sobre su base, a su vez, se plantearon los principios de la Geografía; esto es, sus leyes más generales y esenciales, que sin una definción precisa del objeto de estudio, tampoco podían ser.

 

Finalmente, pudimos estructurar lógicamente, deduciendo consistentemente unos elementos de otros, el aparato teórico-metodológico de la Geografía como ciencia.  Quedó en la responsbilidad histórica institucional su desarrollo sistemático, más aún la aceptación final de la tesis, la cual, por lo demás, jamás tuvo, ya no se diga un intento de refutación formal, sino ni siquiera un cuestionamiento a alguna de sus partes (en cierto modo, particularmente ya para fines de los años ochenta, dado el error histórico de fraguar nuestra “proscripción”, que dejó nuestros planteamientos como “inexistentes”, en tanto nadie se ocupase de ellos).  Y no sólo no se cuestionó nada, sino más aún, se acabó aceptando; ciertmente, mediante un proceso vergonzoso: la usurpación y el plagio de ideas.  Ese fue su problema, producto de su misma ignorancia acerca de la historia de la ciencia, a la que, finalmente, trascendieron a lo Eróstrato.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
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