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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 09:25

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Comentario a, “Geografía: Fundamento...”
La escuela fenomenológico-historiográfica...

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 28 ene 10.

 

La importancia del análisis histórico, radica en poder generalizar de éste tanto la determinación del objeto de estudio; en este caso para la Geografía; como la metodología correspondiente para su estudio y el desentrañamiento de sus causas y leyes.  La importancia de remontarnos lo más posible en la historia, es porque en ese extremo encontraremos todo ello de la manera más simplificada y natural.

 

A lo largo de la historia de la Antigüedad hemos podido ver ese hecho: el conocimiento de lo geográfico sintetizado por Eratóstenes (de tal modo que incluso introduce el término Geografía), no era más que el conocimiento del espacio terrestre, de su forma y extensión, representando ese conocimiento en los mapas.  Pasó de su característica bidimensional plana en Anaximandro, a su característica bidimensional esférica de Dicearco a Eratóstenes, y Crates, para culminar en su geometrización, de Hiparco a Ptolomeo.  En esta época de la historia, lo geográfico nada tenia que ver con los fenómenos y menos aún con sus relaciones, hasta que Estrabón, dos siglos después de Eratóstenes, concibe que “lo geográfico”, es “lo histórico en los lugares”, poniendo dicho conocimiento fenomenista e histórico al servicio de los intereses políticos del Imperio Romano.

 

Y, hemos visto, esa “geografía” sierva del Imperio, acabó junto con el Imperio mismo, sierva del clero; y el resultado final, en esa acientificidad, no podía haber sido otro que la ignorancia y el oscurantismo en geografía, cuyos mejores exponente fueron Cosmas Indicopleustes e Isidoro de Sevilla.  Salir de ese abismo, llevó tantos siglos como los que habían transcurrido hasta él, pero con un enorme esfuerzo de actividad práctica y de abstracción teórica, particularmente desarrolladas de los siglos XIV a XVI.

 

Ese proceso renacentista del conocimiento geográfico, fue simplemente el volver al punto en donde el conocimiento científico de la Geografía en la Antigüedad había quedado: en Ptolomeo.  Y, en ese sentido, fue volver al proceso del conocimiento empírico del espacio terrestre dado en la Cartografía Portulana, evolucionando al conocimiento abstracto de la Cartografía Proyectiva; y en consecuencia, a su vez, terminando de resolver el problema de su forma y extensión.

 

Eso es, pues, el carácter esencial del conocimiento geográfico, que tiene por objeto de estudio al espacio terrestre, y por método de conocimiento del mismo, el análisis cartográfico.

 

Y cuando en eso se estaba, otra vez; particularmente de la segunda mitad del siglo XVI en adelante; aparece lo estraboniano.  Pero esta vez no para poner a la Geografía en calidad de sierva de nada, sino en necesaria función de los intereses científicos ilustrados mismos del sistema económico-social que le determinaba: el capitalismo.  De donde el problema se tornó, entonces, enormemente complejo.

 

Entender esa complejidad implica comprender dos aspectos básicos: 1) el estudio de la forma y extensión del espacio terrestre se tradujo, tanto al estudio de su forma y dimensiones (problema llevado a la física newtoniana); como al estudio de su geometrización en una matemática más compleja (problema del que deriva el nacimiento de la Geodesia como ciencia); y 2) del estudio de la forma y extensión general del espacio geográfico dado en la cartografía planisférica, mapamundis y Globos Terráqueos, se derivó al estudio local del espacio terrestre (Cartografía de Área Local), pero en éste, el problema central ya no fue la forma y extensión, sino el contenido y sus determinaciones.

 

La geografía moderna nació con esa problemática: por un lado, la cartografía (herramienta y elemento metodológico esencial de la Geografía) que en su nuevo rigor matemático parecía pasar a manos de la Geodesia; y por otro lado, el conocimiento de los fenómenos del Nuevo Mundo, un mundus alterius, que maravillaban al europeo medianamente culto; con lo que, para mediados del siglo XVIII, eran ya más importantes en Geografía las Relaciones Geográficas (los fenómenos en el espacio terrestre), que la Cartografía (el espacio terrestre mismo).

 

El nuevo Estrabón, de algún modo (y ello, porque es un personaje que aún debe ser analizado más detenidamente), fue ahora Bernardo Varenio (primera mitad el siglo XVII).  Y al llegar el siglo XIX, con Humboldt (1769-1859) y su Cosmos, como una enciclopedia naturalista; con Ritter (1779-1859) y su obra titulada Las Ciencias de la Tierra en Relación con la Naturaleza y la Historia de la Humanidad, 1817, con una base teórica reduccionista y determinista geográfica; y con Reclus (1830-1905), y su magna obra enciclopédica en 19 volúmenes: Nueva Geografía Universal, publicada en fascículos luego de 1872; la geografía espacista prácticamente cae en el olvido, ahora, por toda geografía, se entenderá la geografía fenomenista.

 

Nuevamente, no obstante la herencia ilustrada, se darán como consecuencia suya, derivaciones oscurantistas en la Antropogeografía de Ratzel y en la Geopolítica de Kjellen, y sus seguidores hasta el mismo nazismo.

 

                              Hettner (1859-1941), en 1927, en un breve ensayo titulado La Geografía, su Esencia y sus Métodos, escribe su obra fundamental en tanto vuelve a teorizar sobre el conocimiento geográfico por su objeto de estudio y método, en donde destaca la noción de la geografía regional basada en las diferenciaciones en el espacio terrestre; con lo que nueva y vagamente volverá a plantearse la geografía espacista.

 

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