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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 09:30

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Comentario a, “Geografía: Fundamento...”;
La Geografía en la Época Contemporánea.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 4 feb 10.

 

Si al revisar nuestra tesis de Licenciatura encontramos algún apartado en que fuese notable hacer una nueva consideración, ese ha sido precisamente éste, pero no precisamente por su contenido, sino por el aspecto de la forma: han transcurrido casi treinta años, y en ese lapso, el mundo, ciertamente, ha cambiado de una manera drástica, al grado de que, lo que en aquella tesis definimos como lo contemporáneo; esto es, el período de posguerra a la II Guerra Mundial, de 1945 a aquellas fechas de los años ochenta; una era previa a las computadoras personales, a la telefonía celular, y a la aparición de la Internet; hoy, aquel período ya no nos puede servir como referencia de aquellas condiciones materiales, económicas y tecnológicas, que determinan y condicionan el hacer geográfico por su forma y contenido.  Al concluir la Guerra Fría con el derrumbe del sistema económico-social socialista en el tránsito a la última década del siglo XX, el mundo cambió.  Y los años noventa fueron apenas una transición, pues para nadie hay duda que con el siglo XXI, se abrió una nueva era; y en consecuencia, la Geografía determinada por nuevas condiciones materiales, como todas las ciencias singulares, enfrenta el resolver las nuevas necesidades de la sociedad.

 

Pero incluso, ello sólo es lo que se conoce como la “historia externalista” de la ciencia.  Su historia propia, lo que se conoce por los historiadores de la ciencia como su “historia internalista”, también en su concepto de contemporaneidad involucró drásticos cambios.  La contemporaneidad en la historia propia de la Geografía, en aquella tesis, había quedado definida a partir del siglo XIX con Humboldt, Ritter y Reclus.  Desde entonces, en lo sustancial, la Geografía no cambió, más aún, profundizó cada vez más esa caracterización: el fenomenismo.

 

Mas al llegar los años ochenta (nosotros hicimos nuestros estudios profesionales entre 1975 y 1979), sólo se consumó lo que ya venía latente desde los años sesenta: la necesidad de redefinir con fundamento objetivo, tanto el objeto de estudio, como el método de la Geografía.

 

El fenómeno de ese cambio no fue exclusivo de México; en realidad venía ocurriendo en el plano mundial, y en países como Estados Unidos, Francia y España, ya desde los años setenta se produjeron institucionalmente revistas que en algunos de sus artículos empezaron a incidir en la geografía teórica, como Antipode, 1974; Geocrítica, 1976; y Herodote, 1976; que en México se editaría alguna semejante, sólo hasta 1983, la revista Posición, y hasta el inicio de la década de los noventa, definida y dedicada en exclusivo a la geografía teórica, si bien no institucional, sino con los enormes esfuerzos, dificultades y limitaciones de una Sociedad Profesional: “Ilhuícac, Revista de la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía”, 1990.  De lo cual nos tocó ser su fundador y Director.

 

Aquellas revistas de otras partes del mundo, que habían iniciado sus trabajos desde los años setenta, forjaron una línea y una visión de la problemática de la Geografía en la que siempre se mantuvieron (hoy desconocemos si algunas de ellas subsisten).  Adelantaron la discusión, pero se quedaron en viejas soluciones.  En México contamos con dos situaciones afortunadas: 1) si bien la discusión fue muy posterior, ésta no fue institucionalizada, y en consecuencia, pudo romper con las soluciones viejas; y 2) aquellas revistas extranjeras muy difícilmente llegaron a nuestras manos; apenas en copias fotostáticas de algunos artículos (solución tercermundista ante las carencias como para hacernos de los originales; no os lo divulguéis, guardad el secreto); por lo cual no nos vimos del todo influidos por esos esquemas, potenciando más aún nuestra original y propia versión en esas soluciones, que, por lo demás, entonces adelantó por su contenido a todo lo demás.  En todas estaba contenido el problema del espacio; ello no tenía nada de raro, tal concepto, necesariamente, ha estado siempre presente en Geografía; el asunto estuvo, por un lado, en el énfasis, y por otro, esencialmente, en el tratamiento del mismo; en todas las demás revistas, ese tratamiento del espacio fue en calidad de sistema de referencia; en la nuestra, lo fue como objeto de estudio.  Y esa última situación, hacia el segundo lustro de los años ochenta, terminó por cambiar el momento histórico.

 

La Geografía contemporánea, entonces, ya nada tiene que ver con Humboldt, ni Ritter, ni Reclus; si acaso los fenomenistas insistirán en ello; sino con el proceso teórico dado entre las décadas de los setenta-ochenta del siglo pasado.  De ahí el significado de esta tesis.

 

Pero en este apartado de la tesis hubo algo más.  En aquel entonces aún desconocíamos la clasificación de los campos de investigación (ello lo entendimos al participar tanto en la Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y de la Tecnología, como en la Sociedad Latinoamericana de Historia de la Ciencia y de la Tecnología en aquellos años de mediados de los ochenta).  Luego, haciendo conciencia de nuestra propia especialización en geografía, nos dimos cuenta de que precisamente se podía hablar de una “geografía pura” y una “geografía aplicada”, como, más correctamente dicho para el concepto de lo “puro”, es hblar de una “geografía teórica”, de esa “geografía aplicada”, e incluso de una “geografía operativa”, según tales campos de investigación.  Ello no se refiere, pues, a una corriente o escuela de pensamiento geográfico, como en la tesis lo confundimos.  No obstante, los conceptos de geografía “voluntaria”, “dinámica”, “útil”, o “constructiva”, efectivamente, están en función de una corriente o escuela de pensamiento geográfico.  Y lo que entonces no pudimos ver, es que tales conceptos pertenecían o caracterizaban el fundamento gnoseológico; respectivamente: “existencialista”, “estructuralista”, “pragmático”, o “kantiano”.

 

                              Cuando nuestra tesis ya terminada la retuvimos en nuestras manos por todo 1983 sin decidirnos a presentarla, fue precisamente porque nos dábamos cuenta de que planteaba los fundamentos de algo totalmente nuevo, siempre difícil de hacer ver a los demás.  Pero sólo en el más vago sueño, pudimos pensar en que marcaría la historia.  A casi treinta años de ello, si así fue o no, así lo creemos, no es el asunto discutible; sino lo discutible está, en cuanto a en qué medida ha determinado ya, decididamente, la geografía contemporánea, y su situación actual.

 

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