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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 09:32

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Comentario a, “Geografía: Fundamento...”
Las perspectivas de la Geografía.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 8 feb 10.

 

Al terminar el análisis histórico de la Geografía, y de ello generalizar sus fundamentos teóricos, el principal de ellos es el objeto de estudio: el espacio terrestre.

 

Cuando redactamos aquella tesis, llamábamos espacio terrestre (o indistintamente como espacio geográfico), ya no, aristotélicamente, a la superficie bidimensional de la esfera terrestre, <<como el límite que abraza un cuerpo>>.  Sin embargo, tampoco nos referíamos al hiperplano generado por dicha esfera; es decir, identificándolo como dicha superficie con atributos tridimensionales.

 

EL espacio geográfico, o terrestre, era en ese momento, ciertamente, diciéndolo explícitamente, una “superficie adyacente”, un poco más allá del hiperplano, no sólo tratando de reconocer las propiedades tridimensionales del vacuum newtoniano, sino incluso las propiedades tridimensionales del continuum einsteniano.  Pero la limitación estuvo, es verdad, en ver dicho espacio como una “superficie”.

 

Partíamos de la superficie terrestre, por no ir al centro de la Tierra y entrar en conflicto con la Geología.  No obstante, veíamos que en la definición de ese espacio “adyacente”, no obstante, entrábamos en conflicto con las demás ciencias.  Salvamos el problema hacia mediados de los años ochenta, cuando, por criterios einstenianos, ya no sólo el volumen newtoniano en la geometría de esfericidad, sino aún el campo gravitacional de la Tierra, era también determinante de dicho espacio.  En consecuencia, el espacio geográfico partía no de aquella condición bidimensional, sino de la misma condición adimensional dada por el punto del centro de la Tierra.

 

Ello nos ayudó a entender un escalón más en el proceso de abstracción del espacio, por cuya geometría y propiedades físicas próximas a un campo (o vinculadas al campo gravitacional), entendimos, en una situación dialéctica compleja, que era, tanto algo en un momento dado independiente de los objetos, como propiedad de los mismos; dándonos cuenta por ello, que no entrábamos en conflicto con ninguna ciencia.

 

Ello, a pesar de las extensas y ricas discusiones al respecto que entonces tuvimos con el compañero José C. Martínez Nava; que discípulo a su vez de la Academia de Ciencias de la URSS, trataba de explicar el concepto de espacio en las categorías establecidas; así, a pesar de todo, no se resolvió el problema, si acaso se le delimitó.  Nos habíamos formado un concepto materialista dialéctico complejo del espacio terrestre: <<la dialéctica de la tridimensionalidad material continuo-discreta>>, que al mismo tiempo no podíamos entender.  Y menos aún, cuando ese concepto propio, no coincidía con la versión de la marxología oficial de la Academia de Ciencias de la URSS, a la que nos apegábamos, en donde el espacio era entendido como una de las tres formas de existencia de la materia, junto con el tiempo y el movimiento; pero de la que nuestras conclusiones objetivas nos alejaban.

 

El argumento esencial, era que así como tiempo y movimiento no pueden existir independientemente del objeto que se transforma, o del objeto que se traslada, el espacio tampoco podría existir independientemente del objeto con linealidad, superficialidad o volumen, es decir, con sus propiedades espaciales.  Afirmar lo contrario venía de un criterio kantiano, y ciertamente representaba una dificultad, en aquel entonces, insalvable.

 

No obstante, nos quedó siempre la duda de si por aquel concepto de “forma de existencia de la materia”, podía entenderse no sólo, precisamente, “estructura”, sino rerum natura; esto es, la naturaleza de una cosa, en lo infinito de las formas de la materia y del movimiento de la misma.  El problema del espacio, así, pues, a partir de entonces, fue si éste era una forma de la materia, esto es, que si por su contenido, era una más de las infinitas formas en que la materia existe; o si era sólo forma de existencia de la materia, por cuanto sólo forma de existir de las cosas.

 

Con el tiempo entendimos que en ambas versiones, en última instancia, parecía incurrirse en un criterio kantiano; ya por hacer independiente el espacio de las cosas, ya por hacer del espacio sólo un concepto cómodo para entender la realidad.

 

Resolver ese problema implicaba una formación aún más sólida en filosofía, y nociones más acabadas de física y matemáticas, por lo que había que darle tiempo a su solución.

 

Pasaremos ahora al II Capítulo de nuestra tesis de Licenciatura, en donde precisamente tratamos ya desde entonces con los elemento más esenciales de la teoría del espacio, y que ahora revisaremos.


 

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