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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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12 abril 2015 7 12 /04 /abril /2015 22:01

Estructura-de-la-Sustancia.jpgComentario a, La Estructura de la Sustancia; de Karapetiants-Darkin, 1974.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

16 feb 13.

 

La obra de Karapetiants-Darkin, La Estructura de la Sustancia, 1974. Está dividida en cuatro grandes partes: 1) La estructura del átomo, 2) La ley periódica de los elementos de Mendéleiev, 3) Estructura de las moléculas y los enlaces químicos, y 4) Estructura de la sustancia en el estado de condensación.

 

Fue este libro en nuestra biblioteca personal, uno de esos libros que se adquieren porque se intuye que su estudio es esencial, aun cuando de momento no se tengan los elementos para entenderlo.  Intuíamos, en aquello años del segundo lustro de los años setenta, que el conocimiento de la estructura de la sustancia era esencial, pero que la real capacidad para entenderlo estaba algunos años por delante…, pero nunca nos imaginamos, ni podíamos hacerlo, que esos años sumarían cuasi cuarenta, pero para poder entender en su justa dimensión, simplemente, las tres primeras líneas de su Prefacio: “En el presente –dicen ahí Karapetiants y Darkin a mediados de los años setenta–, frecuentemente llamado período de la revolución científico-técnica, tiene lugar la reestructuración de las disciplinas científicas[1].

 

Y cierto, la geografía era una de esas disciplinas en reestructuración como consecuencia de esas determinaciones objetiva de la revolución científico-técnica (y nosotros estábamos convirtiéndonos, en esos años setenta, en uno de sus principales protagonistas en la insurrección).

 

Unas líneas más adelante, agregan: “Por otro lado, la teoría de la estructura de la sustancia se hace indispensable durante el trabajo en las ramas más diferentes de las ciencia y la técnica, desde la astrofísica hasta la agricultura”[2]., donde habría que explicitar: <<pasando  por la geografía>>, dado ese sentir de los geógrafos, de que su ciencia es ajena  a la problemática de las demás.  Si hubiésemos leído esas líneas en aquel entonces, simplemente no nos hubiera significado nada, ¿qué tendría qué ver la estructura de la sustancia con la geografía?  Si intuíamos la necesidad de este conocimiento, no era por las necesidades específicas de la geografía, sino por una simple razón de cultura.  Entender la estructura de la sustancia en geografía como algo indispensable, es algo que se fue formando cada vez con más atingencia, conforme comprendíamos la realidad y naturaleza del espacio.

 

Y no ha sido sino hasta luego del año 2011, en que empezamos a trabajar ya decididamente con la categoría de “estado de espacio”, que hemos podido valorar algo que en otra circunstancia hubiéramos considerado como algo totalmente ajeno: el Número de Avogadro; esto es, el número de átomos en un átomo-gramo de cualquier elemento.  Y de la misma manera, cómo el número de moléculas en una molécula-gramo de cualquier sustancia individual, es el mismo, y que ello no depende de la naturaleza de la sustancia ni de sus estados de agregación.  Y la razón de todo ello es simple: nada podríamos entender de la dialéctica del espacio, sin esas bases.

 

Así, por ejemplo, de la comprensión del Número de Avogardro, citando a Karapetiants y Drakin, éstos derivan dos conclusiones: “1) las cantidades tan pequeñas de sustancia que son casi separables en un microscopio óptico contiene una gran cantidad de átomos.  Por eso la sustancia macroscópicamente nos parece continua; y 2) cualquier sustancia, hasta la más pura, siempre contiene en calidad de impurezas, cierta cantidad de átomos de diferentes elementos”[3], todos los cuales tiene un mismo orden de magnitud, 10-8 cm (igual a 1 Amstrong), y su núcleo de 10-10 cm a 10-12 cm.  Conclusiones que van a ser de fundamental importancia para poder entender la realidad y naturaleza del vacío.

 

Por otra parte, en el extremo opuesto de la sustancia, en la naturaleza del campo, se hace interesante entender la composición de la energía lumínica como la emisión de “paquetes cuánticos” de energía, cuya magnitud depende de la frecuencia de la luz emitida; lo que, por demás, explica la dualidad corpuscular ondulatoria.

 

En realidad, todo lo hasta aquí dicho, no va más allá del capítulo I de la Primera Parte.  A partir de allí, el texto, como era de esperarse, se vuelve sumamente especializado, dándonos sólo una idea muy amplia de cultura general; hasta llegar a la Parte IV, “Estructura de la Sustancia en el Estado de Condensación”.

 

En la sola Introducción al capítulo, los autores estudian las leyes de temperatura y presión de los estados de agregación (y disgregación), de los estados básicos de la sustancia: sólido y líquido, ambos estados de condensación, y gaseoso, y apenas refiriéndose entre paréntesis al estado del plasma y algunas de sus propiedades más generales.

 

Los estados de agregación dependen de la distancia entre las partículas y de las fuerzas de interacción entre ellas, y en función de lo cual, se explica su diagrama de las fases de la sustancia en la relación temperatura-presión.

 

 

Diagrama de fases de la sustancia de Karapaetiants-Darkin, simplificado por el autor de este comentario.

 

Pasan, pues, , en el primer capítulo de su Parte IV, al estudio  del estado cristalino (sólido), de particular interés por nuestra parte, porque, en su origen, ello nos sirvió como modelo analógico para desarrollar nuestra teoría geográfica acerca del espacio geográfico, a partir de los estados de espacio; una categoría equivalente a la de estados de la sustancia y campos, pero en la que se expresan relaciones distintas; esto es, no las propiedades y leyes de las sustancia y campos, sino las propiedades y leyes del espacio.

 

En el modelo analógico destaca la propiedad de la anisotropía o vectorialidad en dependencia de la dirección  del cristal; la ley de la constancia de los ángulos diedros; la ley de los números enteros (“que corrobora –dicen textualmente Karapetiants y Darkin– la estructura discontinua de la materia”), la regla de la red cristalina (atómica o molecular, de 230 tipos de simetría interna), y su unidad estructural; los elementos de simetría: centros, ejes, (giratorios y de inversión), o planos; y los tipos de simetría externa (32).

 

Finalmente tratan sobre los estados líquido y gaseoso (amorfo), en los que destaca la propiedad de isotropía o comportamiento vectorial independiente de la dirección.

 

Como ahora se podrá entender sin dificultad, una obra fundamental para trazar la reestructuración de la geografía como ciencia.

 



[1]        Karapetiants-Darkins; La Estrucutra de la Sustancia; Editorial MIR, 1ª edición, 1974; 2ª edición, Moscú, 1979; p.9 (subrayado nuestro).

[2]        Ibid. p.9.

[3]        Ibid. p.18.

 

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