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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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23 octubre 2011 7 23 /10 /octubre /2011 23:01

Ícono Geografía Teórica (Brújula)-copia-2Comentario a, O. Spiridónov, Constantes Físicas Universales.  Artículo, 2011 (1/). 

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (jN, lW); 24 oct 11.

 

Hacia el inicio de la nueva edad oscurantista actual, esa difusa e imperceptible transición entre los años setenta a ochenta del siglo XX, cuando la humanidad se aproximaba a la necesidad de definir una sociedad mundial consolidando la experiencia acumulada no exenta de defectos, todo –todo, naturaleza y sociedad– se salió de control y las cosas no fueron como “debieron ser”.

 

Los libros, que hacen no sólo la simbólica, sino la real diferencia entre lo oscuro y lo ilustrado, vieron sus últimas ediciones en el pensamiento científico marxista.  Uno de esos libros, de O Sipiridónov, Constantes Físicas Universales, en la colección de divulgación de la ciencia “Física al Alcance de Todos”, publicado en español en 1986, fue uno de esas últimas joyas de que nos hicimos entonces, y motivo de este artículo.

 

Poco más de veinte años después, entre 2009 y 2011, disponiendo del sistema de blogs a través de la Red Internacional (Internet), tuvimos oportunidad de “rescatarnos históricamente” a nosotros mismos, pudiendo publicar nuestros materiales de pensamiento geográfico esenciales (tesis, ponencias, ensayos, artículos), en los cuales habíamos expuesto y desarrollado una nueva manera de ver la geografía avanzada.

 

Hicimos, con ello, un recorrido histórico biográfico propio, pero que, a la vez, se convertía en un testimonio personal de la historia de la geografía contemporánea; justo esa que ha corrido paralela al desarrollo de la nueva edad oscurantista, de fines de los años setenta a nuestros días, al comienzo de la segunda década del siglo XXI.  Y, en ese contexto, nuestro papel ha sido, desde siempre, de resistencia y combate al oscurantismo ya campeante, en una sociedad en total descomposición, económica, política, ideológica y moral.

 

Tras ese recorrido siguiendo nuestros documentos más importantes y significativos (siendo incluso una revisión luego de quince años de vacío en aportes teóricos), llegamos al punto a partir del cual ha correspondido ahora, crear lo nuevo –en lo que se pueda– sobre la base de lo antes hecho.  Puestos ya en ello, y habiendo recuperado los avances de la ciencia en relación con nuestros planteamientos, empezamos a trabajar en lo consecuente.

 

Una breve recapitulación de ello se sintetiza en que, luego de que Vidal de la Blache se opusiera a los resolutivos de los primeros congresos internacionales de Geografía y declarara que, <<la Geografía es una ciencia de la localización, y no de los hombres>>, dio inicio la etapa histórica de la precisión del objeto de estudio de esta ciencia, que, a partir de ese momento, así fuese apenas mediante una de sus propiedades esenciales: la localización, se definía como el espacio terrestre.

 

Luego, la primera versión de esa búsqueda de precisión del objeto de estudio, fue de Emmanuel de Martonne, entendiendo el estudio del espacio terrestre como los fenómenos en el espacio, según otras dos de sus propiedades esenciales: la distribución y las relaciones.

 

Hasta ahí, muy al principio del siglo XX, las limitaciones eran dos: 1) considerar al espacio sólo por algunas de sus propiedades; y, 2) tener como centro de preocupación a los fenómenos.

 

Pero, hacia finales del primer tercio del siglo, apareció la figura ya madura de Alfred Hettner, quien ya refiere toda preocupación del objeto de estudio de la Geografía como el espacio terrestre; con lo que las limitaciones, aparentemente, se redujeron ya sólo a un factor: los fenómenos, como el centreo de investigación.  No obstante, aún generalizando el objeto de estudio ya al concepto de espacio como tal, éste derivó a una interpretación sesgada de su naturaleza: lo corográfico regional, como la descripción de los fenómenos en las propiedades espaciales martonnianas.  Como quiera, con sus variantes, las limitaciones siguieron siendo dos: 1) la preocupación central por los fenómenos; y, 2) el concepto de espacio mismo como tal, débilmente entendido aún en su naturaleza.

 

Más allá de transcurrido otro tercio de siglo, se publica la obra de Riábchikov, Estructura y Dinámica de la Esfera Geográfica, en la que la problemática se enfoca en el balance de energía entre los fenómenos, generalizados éstos como los Elementos.

 

Con Hettner había ocurrido una primera generalización fundamental: la de las propiedades particulares del espacio, en el espacio en sí.  Con Riábchikov, como con Carlos Sáenz de la Calzada y el compañero José C. Martínez Nava en México, ocurre una segunda generalización fundamental, ahora: la de los fenómenos en los Elementos.

 

En la década de 1985 a 1995, José C. Martínez Nava  trabaja, con fundamento en la dialéctica materialista, en los aspectos consecuentes de ambas generalizaciones, pero, simultáneamente a ello, desde 1981, el autor de estas líneas había llegado independientemente a la conclusión del espacio como objeto de estudio de la Geografía; y, rechazando la propuesta de los Elementos, que no obstante, aún seguían siendo una variante de los fenómenos, simplificamos el problema teórico de la Geografía a un factor: el estudio de la naturaleza del espacio como tal.

 

Aún a principios de los años noventa, esta solución resultaba osada, no sólo de suyo para los fundamentos idealistas donde el espacio es no sólo un concepto abstracto, sino subjetivo, en tanto el espacio es “socialmente construido”, pudiéndose entender por él cualquier cosa; sino incluso en la geografía en los fundamentos materialistas, donde el espacio como un concepto abstracto (no reflejo de un espacio concreto que existiese como “un algo”), adquiere su objetividad únicamente en el reflejo objetivo de las propiedades geométricas o espaciales mismas de las cosas; donde el problema democritiano de lo existente entre dos partículas infinitesimales se reconoce como el vacío; pero, a la vez, éste, identificado con “la nada”, se desconoce en tanto postulado, en ese sentido, metafísico.  Y ello deviene así, por la definición del vacío en el campo de la física, como la “ausencia de materia”.

 

En la filosofía dialéctico materialista; donde todo cuanto existe es materia, si se afirma el vacío como la ausencia de ésta, entonces dicho vacío, lógica y objetivamente, no existe, y pretender reconocer su existencia sin ser materia, implicaría aceptar la metafísica de lo sobrenatural como realmente existente.

 

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