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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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23 octubre 2011 7 23 /10 /octubre /2011 23:02

Curvatura del EspacioComentario a, O. Spiridónov, constantes físicas Universales.  Artículo, 2011 (2/4).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/; 31 oct 11.

 

Lo sorprendente y extraoridnariamente interesante, algo tan evidente que en sí mismo, en la pluma de los entendidos en el asunto, a los que no podíamos sino otorgarles una autoridad absoluta, generaba confusión entre los legos que intentábamos adentrarnos en ese conocimiento acerca del espacio, fue que, a pesar de que en la filosofía dialéctico materialista  se distinguía claramente entre materia y sus formas de existencia como sustancia o campo, en el ámbito de la física, aún bajo esta influencia filosófica,  se usaba sin distingo el concepto de materia entendido ya como la realidad objetiva, ya como la sustancia.  Hubiera bastado un cambio de lenguaje en el que se usara más consistentemente entre la filosofía y la física esas categorías, para que el complejo problema del vacío, y con él el del espacio, hubiera tendido a esclarecerse.

 

Así, por ejemplo, si en la filosofía dialéctico materialista el vacío no es “ausencia de materia”, sino “ausencia de sustancia”, el problema, entonces, es que, si lo existente entre dos partículas infinitesimales es el vacío, ello es igual a decir que el vacío es ausencia de sustancia; pero en este caso, ahora, ese vacío sin sustancia, no por ello deja de ser material, es decir, realidad objetiva.  El vacio sin ser sustancia, pero aún algo material, no podrá ser ya otra cosa, que un campo físico.  Lo importante en este segundo razonamiento, es que ya el vacío puede reconocerse como algo realmente existente, ajeno a todo “espíritu” del idealismo, y a toda agnóstica metafísica, y, además, en calidad de un campo físico; y, en consecuencia, siendo el vacío la propiedad más general y esencial acerca de la naturaleza del espacio, éste deja de ser, con ello, un concepto abstracto, para pasar a ser un concepto concreto, reflejo objetivo de una faceta concreta de la realidad objetiva.

 

Con ello, el concepto de espacio dejó de ser únicamente las propiedades geométricas o espaciales de las cosas, para ser, además, un campo físico: el vacío.  Y al respecto hay algo más adicional: 1) si el vacío es un campo, el espacio es una forma de energía; y, 2) el vacío físicamente como un campo, es matemáticamente un campo vectorial, susceptible de ser unificado al campo vectorial gravimétrico como su opuesto.

 

Es evidente, pues, que habiendo llegado hasta aquí en el tratamiento del espacio en tanto espacio terrestre y como objeto de estudio de la geografía, en el que, luego de las generalizaciones de las propiedades particulares del espacio en el espacio en sí, y de la generalización de los fenómenos en los elementos; nosotros hicimos, además, una tercera generalización fundamental: la de los fenómenos en “estados de espacio”; esto es, en el espacio mismo en sus formas discretas, con lo que los fenómenos como tales, quedaron por fin al margen del conocimiento geográfico, ubicándose en el centro de la atención ahora, el espacio y su propia naturaleza; y el continuar en ello, en el proceso de investigación natural, apenas en los primeros pasos, nos descubrió algo muy interesante que nos obligó a la lectura de este trabajo: Constantes Físicas Universales, de Spiridónov, 1986, del cual hacemos ahora  aquí, su comentario.

 

*

 

En este breviario, Spiridónov trata con ocho historias, referidas a los procesos de descubrimiento de otras tantas constantes físicas universales, que él ha seleccionado entre otras muchas, en función de su tratamiento  más frecuente por los estudiantes.  De ello comentamos seis de sus historias (excluyendo la constante de Plank y la historia de las partículas elementales), con particular interés, en el conocimiento de las constantes gravitacional, de la velocidad de la luz, y de Hubble.

 

Volvimos a nuestro librero por aquel texto, sin recordar su contenido, esperando encontrar información sobre la constante de Neper (e=2.7182), que una vez más, al graficar unos datos sobre el espacio (acerca de la curvatura del espacio terrestre tridimensional en la antilínea de la eclíptica), la curva de la gráfica obtenida parece corresponder a la representación neperiana.  No encontramos lo que buscábamos, pero esa relectura nos sorprendió por nuestros pasados subrayados y apostillas en aquellos años de finales de los ochenta.

 

Siguiendo a Spiridonov, que toma la idea de un pasaje de Pushkin, las constantes físicas universales son las estrellas de primera magnitud que nos sirven para guiarnos en el camino del conocimiento.  Dichas constantes, como expresión matemática de leyes universales fundamentales, establecen correlaciones de los procesos cambiantes que escapan a nuestra percepción sensible directa (correlaciones cuantitativas), que, como hace ver Spiridónov, el desarrollo del conocimiento no sólo estará en el descubrimiento de una nueva constante, sino en el trabajo de la búsqueda de la precisión misma de dicha constante.

 

De su Introducción, recogemos un pasaje de particular interés para nuestro propósito en el estudio geográfico del espacio: “La fuerza de gravitación –dice Spiridónov– determina el movimiento de los planetas, y en fin de cuentas, el carácter del desarrollo de todo el Universo.  Entre tanto, la naturaleza de la gravitación no se ha descifrado por completo”[1].  Estamos en el año 2011, y esas palabras, particularmente las últimas, siguen vigentes.  De modo que no por su libro “viejo” (de hace casi ya un cuarto de siglo), su contenido deja de ser plenamente actual.
_____

[1]        Spiridónov, O; Constantes Físicas Universales; Editorial MIR, Colección Física al Alcance de todos; 1ª edición en ruso, 1984; 1ª edición español, Moscú, 1986; p.10.

 


 

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