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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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5 abril 2015 7 05 /04 /abril /2015 22:01

Estructura-de-la-Materia--F.-Salvaggi--1966.jpgComentario Bibliográfico a, La Estructura de la Materia; de Filippo Salvaggi, 1966.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio–geografico.over-blog.es/

08 feb 13.

 

Filippo Salvaggi, en su obra, La Estructura de la Materia, 1966, apunta desde su Introducción las primeras ideas acerca de ello en lo que culminó siendo la teoría de los elementos de Empédocles, retomada por Arsitóteles en su doctrina del hilomorfismo, es decir, por la cual se entendía que la  estructura de los cuerpos está dada por su sustancia y su forma, gracias a lo cual, son transmutables entre sí, formando compuestos a manera de transformación de un estado continuo que no admite el vacio.  Frente a tal teoría, estaba la teoría atomística de Demócrito, por la cual, por lo contrario, los cuerpos serían un  agregado discreto de partículas discretas, innúmeras en un medio continuo entendido como el espacio vacío.

 

El tema que Salvaggi trata tiene de origen un gran problema, que ciertamente no se da en él, y eso es aquí lo importante: prescindir del fundamento filosófico, sin el cual es muy susceptible identificar, equivocadamente, materia con sustancia.  Así, cuando tantos otros autores hablan de la estructura de la materia sin más aclaración y trámite, hay que salvar la posible confusión, entre que se estén refiriendo en una falsa identidad sólo a la “estructura de la forma sustancial”, o bien a la estructura tanto de la sustancia como del campo.  El  problema, pues, y que Salvaggi entiende bien, está en que el concepto de materia, es esencialmente una categoría filosófica, por la cual se entiende el todo de la realidad objetiva, y donde tanto la sustancia como el campo, son sólo dos de sus variedades o estados fundamentales más generales y esenciales.  Sólo que, ante ello, Salvaggi va a adoptar una posición muy especial que deriva de su formación como teólogo y filósofo, como catedrático durante los años cincuenta a sesenta, de la Universidad Pontificia Gregoriana en Italia.

 

A lo largo de seis capítulos estudia la teoría atomística, y en el séptimo y  último capítulo  aborda el punto de la “Estructura del Espacio y del Tiempo”, que es, finalmente, el tema de nuestro interés especial.

 

Sin embargo, al capítulo de sus conclusiones le asigna un título: “Estructura Física y Estructura Metafisica de la Materia”, y es ahí, en donde está la exposición filosófica necesaria para entender su disertación sobre el concepto de “estructura de la materia”.

 

Y como era de esperarse, no deja de ser asombrosa la argumentación de su fundamentación teórica.  Cuando empieza a exponer sus fundamentos gnoseológicos, uno creería estar leyendo a un científico materialista filosófico de los más puros: “Uno de los aportes más netos, universales y maravillosos –apunta Filippo Salvaggi–, que  nos presenta la concepción actual de la materia es el de una realidad material dominada fundamental y universalmente por leyes racionales y matemáticas, mediante las cuales incluso la casualidad, que no queda en modo alguno eliminada, viene regida por  rigurosas leyes estadísticas…, pero medidas, que  lamente humana no impone a las cosas nomotéticamente, sino las lee impresas en ellas…”[1].

 

Cualquier filósofo o pensador materialista bien podría  suscribir tal afirmación.  Pero he ahí quela cita remata con una idea adicional que  lo invierte todo: “…impresas en ello por una racionalidad superior e invisible”[2].  Y la ciencia se hace teología, y la física metafísica, como la luz oscuridad.  Es la forma en que el pensamiento idealista, la teología y el oscurantismo se actualizan, se adecuan a las nuevas ideas, y vuelven, una y otra vez, a su propósito alienante.

 

Así, Según Salvaggi, el concepto de sustancia, es una categoría metafísica, reducida a “sustancia material”  A partir de aquí Salvaggi se adentra en una disertación metafísica discutiendo el concepto de Parménides, para llegar a la conclusión de que la metafísica, debe complementar a la física para un conocimiento verdadero.

 

Aclarado tal fundamento de interpretación, entonces puede entenderse más  fácilmente su  posición respecto a la estructura del espacio y del  tiempo.  Remitiéndonos al origen empírico de las formas de espacio y tiempo, Salvaggi apunta la primitiva pregunta: “¿Dónde está puesta la Tierra?”, y seguidamente da la antigua respuesta: <<Sobre los hombros de Atlante…, parado sobre un elefante…, puesto sobre una tortuga…>>.  Y  citando textualmente a Salvaggi, éste dice: “…Kant hizo ya notar que si tratamos de eliminar de la fantasía todo  objeto  particular, todavía quedaría siempre, mientras la fantasía esté en acto, un espacio imaginario, como el vago fantasma de un vacío  oscuro e indefinido, capaz de ser nuevamente rellenado con objetos imaginarios”[3].  Empíricamente, pues, en una milenaria y espontánea práctica social, intuitivamente el espacio se convierte en sistema de referencia de las posiciones y movimientos de las cosas.

 

Con  el paso de los sistemas geocéntrico de Ptolomeo al sistema heliocéntrico de Copérnico, ese empírico espacio momentáneamente pasó de ser empíricamente absoluto, a empíricamente relativo; pero con Newton recobró nuevamente su carácter absoluto al desechar ambos sistemas, supliéndolos por la noción, ahora, del vacío absoluto.  Y sólo un  eterno horror vacui, volvió a llenar el vacío con el  misterioso éter.

 

Demostrada la inexistencia del éter, el terror del vacío se volvió a apoderar de aquellos que corrieron a asirse de cualquier cosa para no caer en ese “tenebroso”, “oscuro” y “abismal” medio, y pronto Einstein dio la solución a esos temores: logró identificar la masa inercial con la masa gravitacional, y con ello se pudo prescindir de todo sistema de referencia exrtínseco y privilegiado, para solo expresar el fenómeno –dice Salvaggi– mediante coordenadas intrínsecas llamadas gaussianas.

 

Si la relatividad particular había fundido en uno el espacio y el tiempo como el espacio-tiempo cuadridimensional; la relatividad general, fundió ese espacio-tiempo con la masa.  Así, la masa dejó de ser extrínseca al sistema espacio-temporal, formando un único continuo gaussiano, como Salvaggi lo refiere, de modo que el campo gravitacional de dicha masa, determina la geometría intrínseca del sistema.  El sistema de coordenadas de referencia dejó de ser rígido y de patrones invariables, para ser flexible y alterable; y, a decir de Salvaggi, denominado metafóricamente por Einstein como “molusco de referencia”.

 

Ese “molusco” es el continuum einsteniano, el cual no admite el vacío, y el movimiento debido a las diferencias de densidad entre los diversos estados de la materia.

 

Como puede verse en la gráfica siguiente, esos estados de densidad caen muy rápidamente del sólido: 5,515 kg/m3 para el planeta Tierra, a 1.0 kg/m3 para el agua, y a 1.2 kg/m3 para el aire.  Para el plasma y estados de inferior densidad, se expresan en valores superiores a 10-6 kg/m3.  Se llega al punto en que desaparece la masa, o esta se expresa como masa en reposo nula, siendo allí el “molusco” todo energía.

 

En el espacio interestelar, en 10 kp (un volumen de 30,000 años-luz por lado), puede encontrarse un solo átomo…; tenebrosamente, otra vez, todo lo  demás será el terrorífico vacío (-p), un vacío relativo, pues estará lleno, por lo menos, del campo gravitacional (+p); de donde el mismo Einstein explicó (y cómo entenderle cuando dice que sí, pero que siempre no), en función del vació (-p), la constante cosmológica, por la cual el vacío es una energía que tira opuesta a la gravedad; es decir, podría decirse, que el vacío es una gravedad con signo opuesto…; o bien, que la gravedad es el vacío con signo y sentido opuesto.  Y el angustiante horror vacui, es que su fantasma representa poco más del 70% de la composición del Universo.

 

Siguiendo la metáfora del continuum de Einstein como un “molusco”, resultaría que ese “molusco”, en un 70%, “no existe” (es metafísico); o bien, existe, pero sólo como campo de gravedad.

 

Quien tema al fantasma del vacío, la próxima vez que vea un átomo, habrá que asirse firmemente a él y ya no soltarlo jamás, pues es la única garantía de no precipitarse al insondable y frío abismo del vacío… (aun cuando la mayor parte del átomo mismo, tiene a su vez, dicha condición*).  O la otra opción, será aceptar el vacío, entendido como una forma más de las infinitas formas de movimiento de la materia, y gravitar en él, como quien se sumerge y flota en las aguas de un placentero estanque.

 



[1]        Salvaggi, Filippo; La Estructura de la Materia; 1° edición, 1966; 2° edición, Editorial Herder; Barcelona, 1970; pp.252-253.

[2]        Ibid. p.253.

[3]        Ibid. p.221.

*        Claro que, luego de este dato, solo queda escuchar un aterrador grito que se pierde en la oscura y fría lejanía…

 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Comentarios Bibliográficos en Geografía Teórica
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