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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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5 agosto 2012 7 05 /08 /agosto /2012 22:04

Marx-EngelsConciencia del Momento Histórico del Desarrollo de la Geografía en México (2/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

30 jun 12.

 

Los pocos materiales de que disponemos de Hettner, no obstante, este no parece definirse explícitamente como marxista o dialéctico materialista, pero no es necesario que así lo hiciese como para ser rescatado casi como tal; bastó en Hettner una definición científica, objetiva, determinista, hipotético-deductiva, experimental, y de capacidad de previsión científica (son falsas todas esas afirmaciones de Schaefer, luego difundidas y reproducidas una y otra vez con omisión de la fuente original directa), para que se diese su identidad con la dialéctica materialista.  Y, sin embargo, ese rescate no ha sido posible sino hasta hoy, aquí.

 

En nosotros mismos tuvieron que transcurrir treinta años para que el salto cualitativo se consumase.  Fue necesario en nosotros una madurez y formación más acabada, pero, también, fue necesario el fin de la Guerra Fría con la derrota del Bloque Socialista, lo que contribuyó a superar en nosotros mismos las limitaciones de la “ciencia ideologizada”, que aún en la década de los ochenta, nos imponía la dificultad de superar, bajo la pena de incurrir en “revisionismo” y “desviaciones metafísicas”, el concepto mismo de espacio definido como una “forma de existencia de la materia”, que si bien de carácter objetivo, el espacio en la literatura marxista de esos años, aún era la expresión de “orden de distribución de los objetos que coexisten simultáneamente”[1].

 

Como del tiempo y de la materia en sí –afirma Foroba–, la esencia del espacio es, a su vez, el movimiento, lo que los hace inseparables.  Sólo que aquí teníamos que afirmar que el tiempo y el espacio no eran algo distinto de la materia (no entendida ésta sólo como los cuerpos sustanciales).  Nosotros vimos en esto un problema, pero la dialéctica materialista de entonces lo resolvía con apego a la teoría einsteniana de la relatividad del espacio-tiempo, que implicaba la negación del vacío, y por lo tanto de la identidad del espacio con éste, en la teoría el continuum; y el que, por lo tanto, el espacio no era, entonces, sino un concepto en el que se reflejaba objetivamente las propiedades espaciales (geométricas) objetivas de los cuerpos sustanciales.

 

El que el problema estaba en que, al negar el vacío en la idea del continuum, negaba no sólo la existencia de dicho vacío, sino el que el enunciado de tal vacío así negado, por lo tanto, se identificaba con “la nada”, llevando a la crítica de incurrir en una posición idealista metafísica al pretender, primero, separar el espacio de los cuerpos (como la geometría de los substancial), en un “algo” aparte; y segundo –y esto era lo más esencial–, querer darle a ese “algo” una independencia de la materia misma (en donde se identificaba en consecuencia en el continuum, la materia con la corporeidad sustancial), en tanto ese “algo” era “la nada” (vacío).

 

Había allí, pues, dos premisas falsas: 1) la negación del vacío; y 2) como consecuencia, la identidad el vacío, metafísicamente, con “la nada”.  Y superar eso nos tomó treinta años; pero no fuimos sólo nosotros en nuestra ignorancia, sino que en ello estaba el batallar de muchos años atrás de un Guerásimov, e incluso del “proscrito” de la “ciencia oficial institucional” soviética, Kósiriev.  En Einstein mismo, el vacío (-p), tuvo que ser traducido como la “constante cosmológica” en oposición a la gravitación (+p); y todo ello no ha sido entendido, finalmente, sino en lo muy reciente.

 

Ahora entendemos que el espacio no sólo es la extensión o espacialidad de los cuerpos (su carácter discreto y de sustancia); sino que también es el vacío, absoluto o relativo, de la distancia entre los cuerpos (su carácter continuo y de campo).  Y, a partir de ello, es que hemos estado ya en posibilidad de elaborar una teoría del espacio geográfico (en lo que estamos ahora).

 

Nos tocó a nosotros, en estas circunstancialidades históricas, hacer la necesaria tercera abstracción y generalización teórica del concepto de espacio luego de la primera con De la Blache en un conjunto restringido de propiedades; y de la segunda con Hettner, en donde aún se conceptualizo limitadamente el espacio como lo corográfico; superando incluso la propuesta de los Elementos, de Riábchikov-Sáenz de la Calzada, que hasta 1995 el compañero José C. Martínez Nava, consecuente con la dialéctica materialista del momento, intentó desarrollar.

 

Quedó echada así sobre la mesa, una “ciencia geográfica proletaria” (del futuro), identificada en el contexto del método de la ciencia de la modernidad ilustrada, llamada a <<avanzar a la luz del conocimiento y en la certeza de sus leyes>> (Bacon-Descartes); frente a una “ciencia geográfica burguesa” (del pasado), identificada ésta por autodefinición, en el contexto del método dialógico de “los saberes” de la llamada “posmodernidad”, que asume como principio fundamental, el <<avanzar en la oscuridad y en la incerteza>> (Morin).

 

Esa “ciencia geográfica proletaria”, no lo ha sido así tanto por si misma, como por su condición de “proscripción” a la que le sometió el Tribunal del Santo Oficio geográfico; esto es, que, lo que “quedó fuera”, se definió por oposición a lo que “quedó dentro”, ; y lo que “quedó dentro”, acabó siendo –y no podía ser sino así–, ese <<“saber” burgués>> de la “geografía literaria, en la narrativa del hacer de las ciencias acerca del conocimiento del mundo.

 

Ese “saber burgués” de la “geografía literaria”, renunció a la ciencia, y se quedó en la historia.  La “ciencia geográfica proletaria” de nuestra “geografía espacista realizada”, difícilmente va a poder ir a más en las limitadas posibilidades de nuestras condiciones y momento histórico; de pronto, tampoco hay lo que suele llamarse una “masa crítica” de la que pueda extraerse el diamante; pero esta ciencia de la geografía expuesta en lo histórico en general en este Blog, como en la lógica en particular de nuestra Revista “Espacio Geográfico”, es, por definición, sin duda, la “geografía proletaria” depositaria del futuro.



[1]        Foroba, N.T; Diccionario de Filosofía; Editorial Progreso, Moscú, 1984.  (v. Tiempo y Espacio).

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Historia de la Geografía en México
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