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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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10 junio 2010 4 10 /06 /junio /2010 08:00

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Convergencias y Divergencias

de las Dos Escuelas Generales y Fundamentales

del Pensamiento Geográfico.  Ensayo, 1987.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 10 jun 10.

 

 

Comentario Preliminar.

 

Este ensayo fue elaborado como ponencia para el “I Encuentro de Geografía de Dos Mundos”, organizado por el Sistema de Universidad Abierta de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, México, en un proyecto de realizar seis de ellos entre 1988 y 1992, con motivo del V Centenario del viaje de Colón. Ensayo por demás interesante desde el primer momento, pues muestra nuestro método de análisis: la referencia filosófica.

 

Pero, también, de ello se aprecian ciertas características de la contradicción y en particular de la contradicción esencial del saber geográfico, objetiva e históricamente dada.

 

Se destaca la peculiaridad de tal contradicción en torno a la categoría esencial del saber geográfico: el espacio como su objeto de estudio.

 

Hacemos ahí una afirmación un tanto desconcertante: “No obstante, un elemento fundamental en el análisis del espacio geográfico, es la sociedad”; con descuido, cualquiera podría verse confundido cuando siempre se ha dicho que la Geografía no es ciencia de los fenómenos y menos aún en particular del fenómeno social.  Pero se aclara: el elemento sociedad, en tanto estado de espacio.

 

Destaca también el hecho de que afirmamos la no-existencia aún de una teoría del espacio geográfico, hablándose, sin embargo, de un “espacio humanizado” como el objeto de estudio de la Geografía, concepto que identificamos con ecúmene estraboniano como el espacio geográfico “digno de importancia”.

 

 

 

Resumen.

 

Las formas más generales y esenciales en que la humanidad puede imaginar el mundo, consiste en dos grandes concepciones filosóficas: el materialismo, y el idealismo.

 

Todo saber, cualquiera que este sea, está contenido en una u otra concepción filosófica del mundo; interpretando a éste de manera materialista o idealista, ya consciente o inconscientemente, por parte del pensador.

 

A partir de aquí, se puede inferir la existencia de una corriente de pensamiento geográfico penetrada más o menos consecuentemente según el autor y la época, de concepciones materialistas; y otra en su opuesto filosófico, por concepciones idealistas.

 

El problema no parecería tener tanta importancia, si no fuera porque es una, y sólo una de ambas escuelas de pensamiento, la que contendrá un saber rigurosamente científico, en la medida en que mejor interprete y sirva para la transformación de la realidad.

 

Nosotros creemos que es el materialismo, aunado contemporáneamente a la dialéctica, el que nos dará el método ciertamente científico en el pensamiento geográfico.

 

No obstante, lo anterior no quiere decir que una geografía vinculada a teorías idealistas, no aporte ningún saber científico.  Ciertamente también está en posibilidad de aportar conocimientos científicos, pero limitados, incompletos, y envueltos en retorcidas teorías, de las que con mucho esfuerzo hay que extraer.

 

Es así, que, necesariamente, existen dos corrientes o escuelas de pensamiento geográfico a lo largo de la historia.  Es así, que, una no puede excluir a la otra de una buena vez y para siempre.  Es así, que, en su unidad y lucha de contrarios, se suscita el movimiento del saber geográfico.

 

Entre ambas escuelas del pensamiento geográfico, necesariamente, habrá algo en común, que les hace mantener su unidad y en torno a lo cual, a su vez, existe su contradicción: el espacio; ya como objeto de estudio en función de las interacciones entre los fenómenos; ya como elemento de referencia para la investigación de los fenómenos.

 

*

 

En los años 1981-1982 en que tuvimos ocasión de elaborar nuestra tesis de Licenciatura: “Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento”; la primera sobre estos temas en 50 años de la carrera[*]; uno de los primeros temas en el capítulo referente al análisis histórico, fue precisamente el relativo a la discusión de las “Divergencias y Convergencias de las Dos Escuelas Fundamentales de la Geografía”.

 

El análisis de este problema representa el hilo conductor a través de la historia de la Geografía, para el justo análisis crítico, multifacético y contradictorio en su desarrollo.  Ya en aquel entonces así lo señalábamos: “…este aspecto significa un problema esencial en la teoría de la historia de la Geografía, ya que en su solución se encontrarán las bases para un análisis multilateral y más objetivo”[1].

 

El solo planteamiento de este problema, rompe con viejos criterios en el estudio de la historia de la Geografía (no importando si ésta se entiende como Historia de las “Ciencias Geográficas”, para aquellos que la consideran como una ciencia social de síntesis de un sistema de ciencias).

 

A nosotros nos tocó, por una inquietud muy personal, verdaderamente extraña aún en el segundo lustro de la década de los años o setenta, solicitar al Dr, Jorge A. Vivó E., la reimpartición de la cátedra de “Historia de la Geografía”, entendida en ese entonces (y no sabemos si aún sea así), como “Historia de las Ciencias Geográficas”.  A través de  ella, nos pudimos dar cuenta de que, “el error común –citando un párrafo de nuestra tesis– de la gran mayoría de los teóricos de la Geografía, ha radicado en la unilateralidad del análisis histórico, al circunscribir el desarrollo de esta ciencia, a una sencilla sucesión cronológica de sus exponentes, incurriendo en una definición subjetiva y tautológica de la teoría del conocimiento geográfico, al responder únicamente, a quién dijo tal cosa y cuando, pero no por qué, dependiendo de su concepción filosófica del mundo y su pertenencia a una u otra de las dos escuelas fundamentales del pensamiento geográfico”[2].

 

Ya en aquel entonces diferenciamos ambas corrientes bajo la denominación para una, como espacial (que enfatizábamos metodológicamente como “espacial-cartográfica”); y para la otra como fenomenológica (a la vez enfatizada metodológicamente como “fenomenológico-historiográfica”).

 

Debemos aclarar, no obstante, que no nos corresponde a nosotros tal descubrimiento –si se le puede llamar así, pues aún a los geógrafos  mexicanos en lo general, nos parece novedoso y desconcertante– pues ya en nuestra tesis citábamos principalmente a Manuel de Terán Álvarez en su ensayo preliminar, “La Situación Actual de la Geografía y las Posibilidades de sus Futuro”: “…en donde a pesar de que se distinguen una de otra claramente –decíamos en el texto de la tesis– se dejan ahí como un problema de segundo orden.  Manuel de Terán lo expone así: <<de una parte la geografía, de Anaximadro a Ptolomeo (o Geografía General).  De otra parte, desde Herodoto hasta Estrabón, se desarrolla la geografía descriptiva…>> (y Regional)”[3].

 

En todo caso, nos ha correspondido a nosotros no sólo ponerlo en evidencia en México, sino considerar el problema de las convergencias y divergencias de estas dos corrientes de pensamiento geográfico, como columna vertebral de su historia.

 

Puede seguirse así, toda una corriente bajo las influencias del materialismo desde Anaximandro, a Eratóstenes y Ptolomeo en la Antigüedad; a Edrisi en el Medievo; y a Toscanelli y Mercator en el Renacimiento, con una débil sucesión en sus exponentes en la Época Contemporánea.

 

Por otra parte, se tiene a la escuela bajo la influencia de las corrientes idealistas de su tiempo, de Herodoto o Hecateo, a Estrabón; luego en el Medievo las expresiones geográficas de Ibn Jaldún, y en el Renacimiento, a Varenio, a quien siguió el Humboldt del siglo XIX en la Época Contemporánea.

 

*

 

El espíritu original y esencial del conocimiento geográfico, es el análisis espacial; así se expresa este saber desde las aportaciones de Anaximandro y la obra de Eratóstenes, quien por demás denominaba a este análisis del espacio como Geografía.

 

No obstante, un elemento fundamental en el análisis del espacio geográfico, es la sociedad.

 

Si habremos de considerar una contribución importante al saber geográfico por parte de las concepciones idealistas en geografía; del sofisma, del aristotelismo politico-antropocentrista, del estoicismo; es el hacer ver la importancia de tal hecho y la necesidad de que sea retomado en el saber geográfico bajo criterios de análisis espacial, y sin que por ello; como se dedujo de las deformadas interpretaciones de Estrabón, y se concluyó tras las aportaciones varenianas, la Geografía se desdoble en “ciencia social”, y mucho menos el que con ello cambie de uno en otro su objeto de estudio.

 

Existe una aparente contradicción en decir que el saber geográfico tome en cuenta lo social, y nos obstinemos en la definición de esta ciencia como natural, en tanto estudiosa de un atributo  físico de la realidad: el espacio; pero no hay tal.

 

Al geógrafo no le corresponde la investigación sociológica, sino los resultados de ella aportados por sus especialistas correspondientes, para cumplir con su propio objeto de estudio: el análisis espacial.  La clave del saber geográfico científico, está en la teoría del espacio geográfico, que hasta ahora no se ha expuesto.  A lo más, se empieza a hablar de la posibilidad de un “espacio humanizado”: el nuevo ecúmene estraboniano, pero que no responde a la simple, pero a la vez compleja, cuestionante esencial: y qué es el espacio.  Y a falta de respuesta se estudia lo humano, lo social en sus diversos aspectos, así como los fenómenos naturales; como objeto central de estudio; sobre la base de la supuesta categoría geográfica fundamental: la relación; y se deja el concepto empírico e intuitivo del espacio como marco o sistema de referencia, y ya no como objeto en sí de estudio.

 

Pero todo el mundo sabe que: “lugar”, “situación”, “localización”, “distribución”, “límite”, “extensión”, “conexión” (en distancia), “relación” (externa), son conceptos geográficos por excelencia, en tanto denotan propiedades espaciales; y es así que el concepto de espacio es el que constituye la categoría más general y esencial del saber geográfico.

 

Hoy se trabaja ya en una teoría del espacio geográfico, y no sabemos qué resultados pueda traer en un futuro; pero es claro que las divergencias entre estas dos corrientes de pensamiento de una única y misma geografía, son las que han dado y dan movimiento y progreso al saber geográfico, cuyas etapas de avance o ascenso se concretan en ciertos momentos de convergencia entre ambas corrientes, dada la indisoluble unidad de estas dos escuelas del pensamiento geográfico; pues lo que está en el fondo de ello, es la contradicción esencial del saber geográfico: la contradicción espacio-naturaleza/sociedad; que filosóficamente puede resolverse argumentando que la sociedad es naturaleza en su estadio más desarrollado, y la naturaleza toda, es espacio en sus diversos y posibles infinitos estados.  Y es en esto último en donde se cifra una nueva convergencia, con un replanteamiento cualitativamente distinto de la misma contradicción esencial.



[*] Se hace referencia únicamente al lapso de existencia de la carrera de Geografía en el Colegio de Geografía, ya inserto en la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).  El dato a los orígenes de la institucionalización de la Geografía en México, se remonta a 1843.

[1] Hernández Iriberri, Luis Ignacio; Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento; Tesis, UNAM; México, 1983; p.5.

[2]      Ibid. p.5.

[3]      Ibid. p.4.

 


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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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