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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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24 junio 2012 7 24 /06 /junio /2012 22:00

Cuentos de Suspenso y Terror N° 71

 

Cuentos del México Bárbaro

 

Pos estabanos hay todos los del Partido y la gente simpatizante, bajo la carpa, todos tomando cerveza y botaneando, como planeando, como despidiéndonos, como celebrando…, y en eso llegó un paisano, un catrincillo enviado del gobierno, y se quedó parao en un claro para dirigirse a todos por igual…

 

_  ¡Buenas tardes sus mercedes! –y sonrió y caravaneó, captó la atención de todos, y continuó–, pos…, pos que dice el siñor IFE, que no se alteren sus mercedes, porque dice que no va a haber fraude electoral…

 

Y el ingenuo paisano que habían enviado con semejante mensaje, se quedó ahí parao, sonriendo con toda su blanca mazorca y caravaneando, viendo pa un lao y pa otro, como esperando que alguien de cargo le diese respuesta.

 

Y, pos, aluego que todos nos quedamos de pronto como pasmaos, hasta que empezamos a vernos los unos a los otros como constatando si ese pobre mortal era real o un apareció, y pos, salidos del desconcierto, todo el mundo a un tiempo estalló en una sonora y larga carcajada.

 

El compita aquel como que quería seguir sonriendo con todos, pero como que aluego se ponía serio viendo las risotadas de burla que no paraban.

 

Entonces levantó la voz el compañero de cargo y se dirigió al emisario ya todo acongojao.

 

_  ¡Oiga, amigo del siñor IFE!  Cómo de que no va a haber fraude.  Mire, dejemos de lao el cochupo del PREP (¡ah méndigos!, cuanto más explican por qué no puede haber fraude ahí, más me convenzo de lo contrario), a la vista del “millón de ciudadanos insaculados” y de los “dos millones de “observadores” electorales”, a los que les van a pasar las boletas del carrusel por la punta de la nariz, hay otro fraude tecnológico: el “carrusel de celulares”, la foto de la boleta del voto comprado a compromiso.  O qué, ¿van a prohibir el paso de celulares?, ¿van a pasar a todos a la báscula?...

_  ¡Pos taría güeno que los encueraran a todos a la entrada para ver que no hagan tranza! –agregó alguien más por ahí, despertando otra vez grandes risotadas.

_  Pos…, si es que eso pasa mi jefe –respondió el emisario todo compungido–, pos, serían poquitos…

_  ¡“Poquitos” qué, pelao, “poquitos” qué!  ¿Poquitos pueblos completos, o poquitos Municipios, o poquitos Estados o poquitos Distritos enteros?, o qué; no me vaya a salir con que “poquitos” electores jijo, porque aquí me lo quebró por andarse burlando de mi.

 

Unos rieron, otros murmuraron, los más lanzaron toda clase de improperios contra aquel pobre mensajero cuya permanente sonrisa nerviosa se desfiguraba en una mueca de espanto, tembloroso, escurriendo sudor por todas partes, en lo que lo mismo decía que no, pero asentía que sí.  Y entonces el compañero de cargo le envió con él un mensaje de regreso al siñor IFE.

 

_  Bueno amigo, pos dígale al siñor IFE, que, o es un embustero que está en el fraude y que nos quiere ver la cara, o que de plano es más menso que yo, ¿me entiende?; y que na más por mis polainas, piérdamos o gánemos, vamos a armar la bola.

 

Y el paisano aquel sólo afirmaba y caravaneaba con su mazorca entre sus labios ahí parao sin más.

 

_  Bueno, ¡pos entonces qué espera, muévase pelao, o de una vez aquí me lo quebró! –y el compañero de cargo sacaba blandiendo su revolver, en lo que los que lo acompañaban en la mesa se levantaron haciendo la pantomima de que lo detenían para que no cometiera aquel acto con el que amenazaba a aquel infeliz–; ¡óra, no me agarren jijos, déjenme quebrar a este méndigo de una vez! –y el paisanito aquel sólo abría grandes ojos ahí paralizao.

_  ¡Óra desdichao –dirigiéndose al paisano dijo uno que detenía del brazo empistolao al compañero–, qué hace ahí parao, pazguato; pélese, que aquí mi compadre se lo truena!

 

Y pos pa luego es tarde, y el desgraciao aquel salió que ni el polvo se le vio.  Todos rieron, y el compañero soltó dos o tres balazos al aire en medio de nuevas risotadas.

 

Ya me imagino a aquel pobre desdichao, que para entonces ya iba como a dos kilómetros, con el alma bien escondida metida hasta el tuétano, sintiendo que con esos tiros se lo quebraban.

 

Y todos quedamos ahí, reuniéndonos día a día cada vez más, echándole la raya al Prenunciamiento, y dándonos alientos pa empezar la bola.  En este jodido país de mochos, de reaccionarios de derecha, de timoratos conservadores, no hay ya nada más qué hacer…

 


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