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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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4 enero 2010 1 04 /01 /enero /2010 09:09

Clich--Literatura

El Comité de Huelga de la "Prevo 5",
en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968:
los Derechos Humanos
y La Reforma del Estado

Luis Ignacio Hernández Iriberri
http://espacio-geografico.over-blog.es/ 

 

<<La lucha social por una sociedad cada vez más justa e igualitaria, es decir, en la cual en principio la riqueza social generada en lo que se conoce como el Producto Interno Bruto (PIB), se distribuya a modo que no sólo el Estado esté en capacidad real de satisfacer la demanda anual de empleo; contando con un razonable porcentaje del PIB (30% o más, dirigido por ello a la reposición de capital que garantice la creación de nuevas fuentes de trabajo); sino que en la parte denominada como Renta Nacional (la ganancia social luego de separado el porcentaje dedicado al desarrollo de infraestructura y empleo), dicha ganancia no sea desmesurada para pocos, y apenas lo imprescindible para la supervivencia para muchos; es, con todo, un largo y lento proceso histórico que la más de las veces escapa a la visión de la mayoría, llevándolos a afirmar, poco reflexivamente, la conclusión de que esas luchas han sido en vano, y que el sacrificio ha sido inútil.

 

Para desmentir tales apreciaciones y dimensionar correctamente tanto el significado de las luchas sociales como el proceso histórico a que dan lugar, basta ver el significado de una de las luchas sociales más trascendentes de la segunda mitad del siglo XX en México: el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968, e inmerso en él y su trascendencia, el progreso social en un avance que escala peldaño a peldaño en un decurso libertario, el logro cada vez mayor de derechos humanos, en una sociedad más humanizada; no obstante en medio de las paradojas actuales que parecieran negar tal hecho.

 

Esa lucha y su trascendencia está ya próxima a su culminación: será con la reforma del Estado, ésta hará transitar finalmente el régimen de un Estado corporativo y su gobierno de “democracia dirigida”; vía los regímenes de los Estados cameralista (o parlamentarista), de gobiernos de “democracia representativa” de hoy en día, y de “democracia participativa” a que se está empujando cada vez más [a], para pasar finalmente al régimen de Estado social, de un gobierno de “democracia popular”.

 

Es en este proceso que podremos ver y redimensionar las formas del paso del simple enunciado humanitarista de los Derechos Humanos [b], primero a su estatuto jurídico, y finalmente a las reales condiciones humanistas de moralidad social, de humanización de la sociedad, siempre ésta, perfectible.

 

Así, si por Estado entendemos; en la definición marxista-leninista; el aparato de dominio en manos de la clase social en el poder a fin de someter a las clases explotadas; la reforma del Estado se ha de referir entonces a aquellas modificaciones parciales más o menos significativas, sin implicar su cambio sustancial, de ese aparato de dominio, humanizándolo.

 

Esas modificaciones parciales del Estado mexicano contemporáneo nacido con la Constitución de 1857 y puesto al día con la Constitución más avanzada en el mundo en el momento de su promulgación, dada la inclusión del Capítulo de Garantías Individuales, la Constitución de 1917; han de sintetizarse, en lo más general y esencial, en un nuevo avance en el progreso social relativo a los Derechos Humanos, más allá de las garantías individuales; es decir, ahora en las garantías sociales y humanistas.

 

El Estado, ese aparato de dominio de la clase social en el poder; formado por el ejército, la policía, los sistemas jurídico y educativo, el control de los medios de comunicación, la burocracia; fue, por setenta años en el siglo XX, un aparato de dominio corporativo; es decir, un aparato que no sólo subordinaba las organizaciones sociales de ejercicio democrático (por ejemplo, los sindicatos de trabajadores), sino les absorbía e incorporaba como partes integrantes de sus formas de control y dominio, dando lugar a un gobierno de “democracia dirigida”; esto es, siguiendo la etimología, de “poder popular” suplantado por miembros de la clase social explotadora o a su servicio, diciéndose gobernar en nombre del pueblo explotado.

 

Ese tipo de Estado ha sido sustituido al iniciar el siglo XXI por un régimen de Estado de tipo cameral con un gobierno de “democracia representativa”; es decir, de “poder popular” delegado, en quien se asume gobernar en legítima representación por vía electoral bajo soberanía popular (sin importar si las opciones elegibles abarcan a representantes verdaderamente identificados con el interés del pueblo).

 

Ello es ya insuficiente para la vida política-social de la República (de la res pública, o sea de los asuntos del pueblo), y la necesidad social y política demanda el tránsito al régimen de un Estado que, si bien ha de ser aun de tipo cameral, también es cierto que ha de reformarse de tal modo que de lugar a un gobierno de “democracia participativa”, es decir, de “poder popular” más real y efectivo, que deje en manos del pueblo la capacidad no sólo del plebiscito o el referéndum, sino de la revocación misma del mandato.  Es allí donde se centra ahora la demanda político-social, como posibilidad más real de garantizar el prevalecer efectivo de los Derechos Humanos.

 

El Movimiento Estudiantil-Popular de 1968, pudiera ver ahí consumados sus propósitos de origen, no sólo realizando moralmente sus demandas, cuyo juicio moral histórico ya ha sido dado en su beneficio, sino en el del derecho jurídico, que preestablezca que nunca más deberá haber otro “2 de Octubre”, puesto que no será posible repetir impunemente la represión, dado un nuevo Estado más democrático, y con él, un mayor respeto a los Derechos Humanos.

 

Mas la lucha popular no terminará ahí, eso será cerrar un ciclo, pero para iniciar uno nuevo, más portentoso, de luchas populares por un régimen de Estado social, de un gobierno de “democracia popular”; esto es, de “poder popular” verdaderamente popular, en el cual las funciones del Estado se socialicen.

 

Todo este proceso puede analizarse en una periodización histórica que en general responde a una caracterización decenal.

 

Al finalizar los años cincuentas, el movimiento obrero sindical rompe con una política colaboracionista con el Estado corporativo que venía desde 1940, y concretada a partir de 1948; no obstante es reprimido, y el centro de la lucha democrática se transfiere entonces a la juventud estudiantil, que caracteriza los años sesentas, y que a pesar de terminar en la represión brutal que en respuesta desencadenó las luchas guerrilleras urbanas, obligó a las primeras reformas del Estado en los años setentas, que mediante la Ley de Organizaciones y Partidos Políticos, posibilitó, ya para los años ochentas, la contienda electoral propia a un régimen de “democracia representativa”; aun en los estertores últimos del régimen de “democracia dirigida” del Estado corporativo vigente, que hubo de tolerar innumeras manifestaciones políticas de protestas obreras, estudiantiles y en general, populares.

 

Mas, hacia la década de los noventa, tal Estado y su régimen político autoritario era ya insostenible, y hubo de dar paso al inicio de la primera década del siglo XXI, al Estado cameral o parlamentarista, del efectivo reino de la división de poderes.

 

No obstante sobreviven herencias, se dan las connivencias de intereses políticos que acotan una “democracia representativa” efectiva, y ahoga con mayor razón, la demanda social de una “democracia participativa”, la cual habrá de ser el centro de la lucha, seguramente, la próxima década.

 

Es en ese proceso que puede entenderse el significado del largo movimiento social por los Derechos Humanos; puesto que su enunciado humanista primero, su estatuto jurídico luego, y su prevalecer en la moral social y política que habrá de ser después; en una sociedad clasista, sea el régimen clasista de un Estado socialista o de un Estado capitalista en general; le da un significado y contenido que van paralelos –en nuestro caso–, a una “democracia burguesa representativa”, o a una “democracia burguesa participativa”; que hacen tanto más o menos viable la efectividad de los Derechos Humanos mismos, ya que el Derecho en general, no es mas que la voluntad de la clase en el poder, elevada a rango de ley (sea que en el poder esté ya la clase burguesa o la clase proletaria), y esa voluntad hecha ley se hace tanto más tolerante, cuanto más se avanza en dirección de una “democracia popular”.

 

Finalmente, si por “Derecho Humano” entendemos en nuestra situación social, el matiz del estatuto o ley de la voluntad de la clase capitalista, el humanismo por el que aboga; siendo éste universalmente el respeto a la dignidad y los derechos del ser humano, su valor como persona en sociedad (ajeno a todo individualismo burgués), su amplio desarrollo cultural y el bien social; ciertamente no puede ser más que una contradicción insalvable.

 

La lucha por los Derechos Humanos en nuestra sociedad en México, se erige así, como forma de lucha contra la intolerancia burguesa, contra la impunidad de la clase capitalista en el poder y por la humanización de la sociedad.  Esa es la lucha iniciada con el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968, que en la reforma del Estado habrá de encontrar su culminación, en tanto el anhelo por una sociedad más humanizada podrá tener lugar>>.

 

 

En el 2003, en el ambiente de aquel aparente “sexenio de transición” no obstante un Presidente bufo e ignorante (un Bucaram mexicano), los Derechos Humanos y la Reforma del Estado eran, como se dice en la jerga y disculpando el lugar común, “objetivos en la agenda”; evidentemente, cinco años después, tras el revez democrático representativo en la ilegitimidad representativa nacional, y la descomposición social generalizada, ahora en 2008, esto último suena ya a algo inherente a los objetivos de un nuevo movimiento social

 

                             Un documento más, titulado: Los Movimientos Proletarios de los Años Cincuenta, elaborado en 2005 en algún Seminario del doctorado, muestra algo más de esta idea de la trascendencia del Movimiento del 68 y su perdurabilidad.


[a] Años después esta afirmación se ve corroborada con el impulso a los mecanismos de plebiscito en la consulta a la sociedad a que llamó el PRD con motivo de la reforma energética.

[b] El humanitarismo, expresión misericordiosa y caritativa, como expresión del erasmista y malenchtonista humanismo cristiano.


 

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