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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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19 septiembre 2010 7 19 /09 /septiembre /2010 23:02

Mis Primeros Conocimientos de Magia De la Magia y la Ciencia

en la Comunidad de Geografía en México.

  Artículo, 2010 (2/8).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 23 sep 10.

 

En un instante descubrí qué es la magia; empecé a ensayar cual “Aprendiz de Brujo”, y contrasté mi viejo sueño acerca de lo que buscaba en la magia con los escenarios y situaciones que ahora imaginaba; y pronto descubriría que, efectivamente, la magia existe.

 

Como materialista dialéctico, negaba la existencia de la magia como tal, y mentalmente ello se traducía automáticamente como “trucos hechos de alguna manera”; pero hasta 1999 en que redacté una pequeña novela (espero alguna vez instalarla aquí: “El Amor y la Joya”), en una de la escenas más exquisitas, él hace aparecer un pequeño ramillete de flores a la vista de ella.  Pero aparecen así, como en la magia de mi fantasía de la infancia; es decir, aún no entendía realmente qué era ello, ni cómo se hacía realmente la magia, y aún pasarían unos cuatro años para que lo comprendiera, y ello estaba ocurriendo esa noche que regresé a mi casa y releí, en no más de dos líneas, “el primer secreto de la magia”.

 

Mi primera “víctima” fue mi propio hijo: de pronto, sentado él frente a mi, aproveché y tomé una moneda, puesta en la palma de mi mano derecha, la empecé a frotar en el codo de brazo izquierdo; al fin aprendiz, la moneda se me cayó dos veces, pero al tercer intento, con su mirada puesta en mi codo, un tanto entre indiferente y una sonrisa indulgente, un suave soplido, y ¡fum!..., la moneda desapareció.  Entonces vino su reacción incrédula: <<¡ah caray, a ver, cómo cómo cómo…!>>.  Y eso no fue todo; doblé mi codo nuevamente, él tenía sus ojos apenas a unos diez centímetros de él, y lo empecé a agitar hacia arriba y hacia abajo sobre la palma de mi mano, y de pronto ¡zaz!..., ahí estaba nuevamente la moneda saliendo y cayendo de mi codo sobre mi mano.  Su reacción me demostró, que con el truco más sencillo, se hace la magia más poderosa.

 

Aprender a desaparecer y aparecer una moneda, un elefante, o un exquisito ramillete de flores, es, básicamente, lo mismo.  Cuando mi personaje de la novela aparece a la vista de ella ese ramillete de flores, ello está ocurriendo, en la fantasía de mi deseo, mediante magia pura “de algún modo”; pero, ya no en mi fantasía, sino en los “hechos reales” del pasaje de la novela, mediante algún truco, “de alguna manera”; pero las dos cosas (la magia y el truco) las desconocía.  De haber sabido de magia, sin duda hubiera recreado esa escena de una manera más maravillosa.

 

Cuando finalmente aprendí de magia, e incluso elaboré mis propias palabras cabalísticas en latín, un día entre un grupo de profesores en una plática informal alrededor de la mesa en  un jardín de la Universidad, me dispuse ha hacer, sin recordar cómo llegué a ello, y que en realidad no importa, uno de los actos más impactantes.

 

Estábamos ahí dos profesoras y cuatro profesores, se prestaron a colaborar con el acto los otros tres profesores: a uno le amarraría un par de cuerdas al cuello, una de ellas entrelazada como para que, al tirar de sus extremos; para lo cual estaban los otros dos profesores; el enlace de la cuerda lo estrangulara.  Afortunadamente fue profesor y no profesora, los compañeros tiraron de las cuerdas…, ¡y en los hechos, realmente, lo estaba estrangulando!  Cuando aquel profesor comenzó a dar muestras de estar sufriendo, los otros profesores dejaron de tirar de la cuerdas, e incluso tácitamente reclamándome.  Revisé el dispositivo, y realmente estaba mal puesto, me había equivocado; pero insistí en hacer el acto, alegando que había olvidado pronunciar las palabras cabalísticas (cosa que también fue cierta).  Arreglé el dispositivo, pronuncié las palabras mágicas, y yo mismo (porque los otros profesores ya no querían hacerlo, y a ello se aunaba la firme oposición de las profesoras a que yo continuara), sin más, tiré fuertemente de las cuerdas y…, a su angustiada vista ambas cuerdas, para su estupefacción, atravesaron su cuello.  Fue extraordinariamente impactante; por ello, cuando me repuse de fracaso como mago, se hizo uno de mis actos favoritos.

 

                              Alguna vez iba yo caminando por la calle, y de pronto se me apareció mi Maestro Mago.  Me preguntó sobre mis avances en la materia, y, apenado, le narré el anécdota en que por poco, en verdad, estrangulo a un profe.  Rió de buena gana y simplemente me dijo que no me preocupara por ello, porque nadie podía saber lo que realmente estuviese yo haciendo, y así fue, de hecho, la experiencia; y concluyó riendo y diciéndome complacido: “ya encontraste tu propio estilo…”; me quedé pensando en cuál era, y me daba cuenta que ese estilo era el del “mago atolondrado que todo le falla, pero al final, sorprende”, y ello me salía muy natural, aún no me lo propusiera.  Antes de esfumarse, ya saben, me hizo un pequeño acto de magia en que me desapareció algo; entonces le dije que yo también lo podría hacer, pero, por lo que veía, a diferencia de él, yo necesitaba alguna preparación; y me pidió que le explicara; entonces le expliqué el procedimiento…, y para mi desconcierto, me sorprendí cuando él mostró quedarse admirado con aprobación tras aquella explicación.  No me dijo nada más; de hecho, sonriente, viéndome de fijo, simplemente desapareció; pero me di cuenta, por ello, que el discípulo lindaba ya con el Maestro.

 


 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Sociología de la Geografía
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