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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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11 enero 2011 2 11 /01 /enero /2011 00:02

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010 

De los Elementos,

a los Estados de Espacio.

  Ensayo, 2010 (2/7).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 13 ene 11.

 

El capítulo en aquel entonces no visto y que ahora dirige la proyección al futuro de la ciencia de la Geografía, es, precisamente, el capítulo del estado continuo de lo generalizado en el elemento de la quintaesencia: el espacio, antes entendido, como el éter, hoy como el vacío, el cual, por demás, tiene (o es) una energía, donde esa energía del vacío (w), es igual a una presión negativa (-p) sobre densidad (d):

 

W = -pd

 

Hoy, la energía del vacío, se vincula con la einsteiniana Constante Cosmológica como un efecto antigravitatorio (primero propuesta ad hoc por Einstein, y luego de los trabajos de Hubble del “corrimiento al rojo” en el espectro de luz de algunas estrellas, ello mismo fue lo que le llevó a decir el haber cometido el “más grande error de su vida”), y no obstante, hoy nuevamente rescatada, donde esa Constante Cosmológica es entendida lo mismo como un vacío negativo (o “menor”; es decir, como una energía potencial en una relación directamente proporcional a mayor vacío o mayor energía del mismo; e inversamente, a un menor vacío, una menor energía del mismo; así, en los primeros instantes del Universo, habría un valor bastante elevado de la densidad de energía del vacío actuando repulsiva o antigravitatoriamente, y con la expansión, que no es más que expansión del espacio, esta densidad ha disminuido en función del cuadrado de la distancia); ese vacío negativo actúa; dice el físico divulgador de la ciencia que ha venido a ocupar el lugar de Carl Sagan, Michu Kaku; como un “espacio que no aplasta”, sino que se expande; y que, por lo mismo, explica esa expansión del Universo precisamente en función de esa presión negativa.  Así, ese vacío o espacio y su energía está presente tanto en la física cuántica como en la física relativista, y no hay por qué no considerarlo en la física mecánica, donde ese vacío o espacio es tan sólo el cubo de la distancia (d3), o sea, un volumen; de donde resulta que dicho volumen es igual a la masa sobre la densidad (V = M/ɣ).  Y en ello, una masa en reposo, o estado discreto, se traducirá como masa en reposo nula, o energía (o estado continuo, también conocida como energía de punto cero), considerada como energía libre del espacio (algo muy próximo a la antigua solución buscada al problema del movimiento continuo), como energía libre extraíble de ese quinto elemento o quintaesencia, que Einstein mismo en una conferencia en 1920 llegó a reconocer que no había sino que identificar con el éter mismo; justo cuando inició el intento de unificar el electromagnetismo (ya unificado antes por Maxwell), con su teoría de la gravedad.

 

Einstein-y-el-Eter.jpg 

Einstein, en una conferencia en 1920: “Existen argumentos de peso para alegar a favor de la hipótesis del éter”.

[Fuente: Energía Libre, Carrera Hacia el Punto Cero; video 2/11, en YouTube]

 

 

Desde 1920, Henry Moray descubre una energía radiante del espacio, de la cual extrae 50 Kv de electricidad, y publica un libro titulado El Mar de Energía en el Cual la Tierra Flota.

 

 Moray--1920.jpg

Henry Moray (1920)

[Fuente: Energía Libre, Carrera Hacia el Punto Cero; video 2/11, en YouTube]

 

 

Pero justo Moray descubre y expone ello, poco más allá de dos siglos de que Otto von Guericke, en 1654, descubriera la existencia del vacío, demostrado con el experimento de la “Esfera de Magdeburgo”; y en el momento en que Einstein da una conferencia exponiendo que no quedaba más que reconocer la existencia del éter.

 

Hemisferios-de-Magdeburgo--1654.jpg

Descubrimiento experimental del vacío.  Otto von Guericke, en 1654, demuestra la inseparabilidad de los dos hemisferios de una esfera metálica que previamente ha calentado, expulsando mediante ello las moléculas de aire de su interior y haciendo en él el vacío, cuya fuerza de succión o de presión negativa, impidió que incluso un tiro de caballos los pudiera separar.

[Fuente: Perelaman, Y; Física Recretiva; Libro 2; Editorial Mir, Moscú, 4º edición; México, 1980; p.119]

 

A fines de los años setenta, justo cuando concluíamos nuestra formación profesional en el campo de la Geografía, nos hicimos de un libro sencillo, de divulgación de la ciencia o colección de ciencia popular, de Tomilin, A.N; Algo Ameno e Interesante Sobre Cosmogonía; Editorial Mir, Moscú, 1979; en extenso, refiriéndose a las diversas hipótesis cosmogónicas, y en el cual, Tomilin citando las palabras del astrofísico armenio V. Ambartsumián dichas en 1962, dice: “Todos entienden –redacta Tomilin– que los núcleos de las galaxias, en condiciones completamente desconocidas por nosotros pueden ser descubiertos fenómenos que –citando ahora a Ambartsumián– <<podrían llevar a contradicciones con la ley sobre la conservación de la energía (y la materia) en su aspecto contemporáneo, limitada por las formas de energía que conocemos y exijan sintetizar esta ley>>[1].

 

Así, hace ya medio siglo se problematizaba sobre lo que hoy es ya afirmación categórica.  En ese entonces, otro autor, el astrofísico leningradense N. Kósiriev, trabajaba ya sobre otras posibles fuentes de energía, y de su informe sobre la Mecánica Causal o Asimétrica, leído en 1959 en la Sociedad Geográfica de la URSS, Tomilin cita: “Como resultado de la investigación sobre la estructura de los cuerpos cósmicos llegué a la conclusión de que en la naturaleza existen fuerzas especiales, antes desconocidas.  La fuente de estas fuerzas es <<la marcha del tiempo>>”[2].  El trabajo de Kósiriev, por supuesto, fue descalificado como especulativo… (historia conocida).

 

Pero, no obstante, Tomilin cita a su vez al astrónomo norteamericano T. Gold, el cual considera que “la responsable por la dirección de tiempo es la dilatación del Universo”[3]; de donde resultaría que la fuente de esas fuerzas especiales, sería la expansión misma del Universo.

 



[1] Tomilin, A.N; Algo Ameno e Interesante Sobre Cosmogonía; Editorial Mir, Moscú, 1979; p.253.

[2] Ibid; p.254.

[3] Ibid. p.261.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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