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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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11 enero 2011 2 11 /01 /enero /2011 00:04

Ex-Libris-3 

De los Elementos,

a los Estados de Espacio.

  Ensayo, 2010 (4/7).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 20 ene 11.

 

En su trabajo sobre la Superfuerza, Paul Davies sugestivamente titula un apartado como, “el vacío viviente”, y de las primeras tres líneas del mismo, citamos: “El espacio vacío no parece un tema de estudio muy prometedor.  Sin embargo, contiene la clave de la comprensión completa de las fuerzas de la naturaleza”[1].  Es un océano de partículas llamadas virtuales generadas por éste

 

Y treinta años después del trabajo de Kósiriev, aún nosotros no nos dimos la libertad de pensar la geografía con esas bases (en nuestra tesis de Licenciatura presentada en 1983, apenas citamos algunos aspectos, y en nuestra Geografía Básica de 1994, ya ciertamente esbozamos el problema del torcimiento de la esfera terrestre por el desplazamiento en una rotación diferencial entre sus hemisferios norte-sur).  Si hablar de la Geografía como ciencia del estudio del espacio sonaba extraño, explicar en qué consistía tal estudio parecía ciencia-ficción.

 

Mecanica-Asimetrica-en-Glaciaciones.jpg 

Aplicación de la teoría de la causalidad o mecánica asimétrica de Kósirieven el estudio de las glaciaciones.

[Fuente: Hernández Iriberri, Luis Ignacio; Geografía Básica; Ediciones Especiales, Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía, sc; México, 1994; p-105]

 

Así, mientras nosotros estructuramos nuestra Geografía Básica,1994, en función de la idea de las dimensiones del espacio y la búsqueda del tratamiento geográfico de la quintaesencia como una alternativa al desarrollo de esa geografía de los Elementos del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada; simultáneamente, nuestro compañero, el también geógrafo marxista José C. Martínez Nava; con el que tanto y tan profusamente discutimos todo esto en esos años; apegándose éste a la teoría engelsiana-leninista del espacio como la especialidad de las cosas, trataba de resolver –e independientemente no sólo de nosotros, sino incluso, quizá, del antecedente del mismo Dr. Carlos Sáenz de la Calzada; lo que, de ser así, simplemente mostraría la objetividad del proceso–, la continuidad de la idea de éste en una geografía de los elementos, que él, por su parte, exponía ya en su Geografía Integral, 1995, en su Tercera Unidad titulada: “El Espacio Terrestre como Sistema de Elementos”, y en su subtema titulado: “Los Elementos y Subsistemas del Espacio Terrestre”, haciendo una relación de seis elementos (o subsistemas, como él les llama): “1) tierra, 2) agua, 3) aire, 4) gravead, 5) organismos, y 6) hombre”[2].

 

 1995 Martínez Nava, José C; Geografía Integral

Geografía Integral; Ediciones Especiales, Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía, sc; México, 1985; del Lic. José C. Martínez Nava.

[Fuente: “Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica; http://espacio-geografico.over-blog.es/]

 

Esta idea de los elementos ya no la discutimos en su momento, pero aún a quince años después, no deja de ser maravillosa, y antes al contrario, se hace exquisita.  El compañero José C. Martínez Nava, entre ese listado de los elementos, omite como tal al fuego, que representa la energía; pero, en su lugar, ubica su equivalente, la gravedad.  Y ahí estaba la proyección al futuro de la propuesta geografía del Dr. Sáenz.  La gravedad, como veremos, está profundamente asociada al vacío como su contraparte en la Constante Cosmológica.  Con la inclusión de la gravedad como un elemento más de la materia (independientemente de que para 1995 el intento expresado así haya sido acertado o no), ello ponía a la geografía dialéctica del compañero José C. Martínez Nava en la dirección, más que de una geografía de la espacialidad de los fenómenos, de una geografía de los estados de espacio.

 

Cuarenta y cincuenta años después de los trabajos de Kósiriev, o sea hoy, 2010, éstos están ya en el plano de la posibilidad de los viajes en el tiempo y el uso de la llamada “energía libre”; esto es, del “Mar de Energía” de Moray, justo cuando hacia 1930 a ese Mar se le conocería también como el “Mar de Dirac”.

 

Finalmente, ese complejo concepto que es el espacio; más complejo aún teniendo que entenderse ahora como el espacio-tiempo; que tanto atormentó lo mismo a Kant entre fines del siglo XVIII y principios del XIX con su solución de una Geografía como ciencia idiográfica, que a Hettner alrededor del primer tercio del siglo XX con el espacio como el estudio de la diferenciación regional, y a Hartshorne o Schaefer hacia mediados de este último siglo, en su discusión en la traducción kantiana de lo idiográfico en el excepcionalismo, impensadamente pasó a nuestras manos transcurridos otros treinta años, a partir de 1979, en que nos dimos cuenta de que tal concepto era realmente el reflejo del objeto de estudio de la Geografía.

 

A partir de allí, todo el problema se redujo a obtener una definición objetiva de dicho concepto, por lo que comenzamos su estudio estando involucrada en ello las ciencias de la Filosofía, la Astronomía, la Matemática, y la Física.  Y ya desde la Filosofía nos encontramos con una poderosa limitante.  El naciente materialismo dialéctico desde mediados del siglo XIX, a su vez, tuvo que ofrecer una definición del espacio, y entonces Engels la dio, entendiéndolo en lo más general y esencial, como una forma de existencia de la materia, distinguible de las formas de movimiento de la misma, así como de los sustratos portadores.



[1]      Ibid. p.108.

[2] Martínez Nava, José C; Geografía Integral; libro de texto para la enseñanza en bachillerato; Ediciones Especiales de la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía (SMTHG); México, 1995; p. 47.

 



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