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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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11 enero 2011 2 11 /01 /enero /2011 00:06

Ex-Libris-3 

De los Elementos,

a los Estados de Espacio.

  Ensayo, 2010 (6/7).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 27 ene 11.

 

Tocó a nuestra fortuna una combinación de cuatro hechos históricos que nos permitió conducirnos a salvo en esta contradicción: a) nuestra inmadurez, el que aún en los años ochenta estábamos aprendiendo cosas básicas, el que desconocíamos todo cuanto había al respecto del estudio del espacio, y el saberlo nos implicó un tiempo considerable; b) el que, para cuando ya teníamos esa crítica a la dialéctica materialista a fines de los años ochenta, el socialismo se derrumbaba, y con ello desaparecía el “revisionismo” como un argumento en un momento dado válido y necesario, que nos posibilitaba no incurrir en una falta a la teoría reconocida con mayor autoridad; c) la inquisitorial mazmorra virtual dada en la “proscripción” total de la vida “oficial” institucional en la Geografía en México, que nos dio tiempo y condiciones independientes para pensar; y d) el que, inmediatamente después, la crisis del capital de 1994-1995 estallada en México, nos echó encima el verdadero aherrojo que casi anula hasta nuestra capacidad de pensar, pero que nos permitió converger ahora en nuestra presente actualización, en las condiciones de la plena madurez de todo.

 

Esa explicación no es trivial, en ese segundo lustro de los años ochenta en que por nuestra parte elaborábamos la crítica a la contradicción en el materialismo dialéctico acerca del concepto de espacio en un posible herético revisionismo, el compañero José C. Martínez Nava, apegándose, como decíamos, a la teoría engelsiana-leninista del espacio como la espacialidad de las cosas, trataba de resolver por esa vía el tratamiento del objeto de estudio de la Geografía.

 

Así, en su libro Geografía Integral, 1995, luego de explicar el concepto de la descripción en geografía dado en forma gráfica y narrativa, añade: “Ambos métodos o procedimientos descriptivos, complementarios entre si [la descripción narrativa y la descripción gráfica en la cartografía], eran dos formas de estudiar los objetos y fenómenos terrestres y la Tierra en su conjunto, no en sus aspectos internos, sino, principalmente, en el aspecto espacial, común a todas las cosas materiales del planeta”[1].  Sin lugar a dudas, sobre la base del postulado engelsiano-leninista clásico del concepto de espacio, daba con ello una solución muy acertada al tratamiento de éste como objeto de estudio de la Geografía.  Pero lo que aún nos dejaba inconformes con ello, era esa limitación en que, si bien era cierto lo que él afirmaba ahí, ello estaba en términos de un nivel inferior de la investigación geográfica dada en la descripción.  El problema era entonces, resolver qué había más allá en el estudio del espacio, tras la investigación causal de qué; y hasta ahí, impensadamente dejaba entreabierta la ventana para la vuelta del estudio fenomenista en geografía, no obstante más adelante afirma: “…la forma superior de los conocimientos geográficos…, no sólo responde a la pregunta de dónde están las cosas…, sino, además de ello, contesta a la pregunta de por qué se localizan precisamente así y no de otro modo y cómo se localizarán o relacionarán en el futuro”[2].  Y ello en general está lógicamente correcto, el problema radica en que esa idea, luego de 1995, ya no sabemos si se desarrolló de algún modo.  En su trabajo aquí mencionado, giró en torno a lo que en ese momento nos era lo necesario: el fundamento teórico más general.

 

En consecuencia, afirmando el espacio exclusivamente como el espacio de la materia (la sustancialidad) en el continuum einsteniano (por lo tanto, negando en ello el vacío como una nada inmaterial (insustancial), útil sólo a la metafísica, y lógicamente consistente todo ello con los alcances de la dialéctica materialista de la época), necesariamente tenía que desembocar en lo que era motivo de nuestra preocupación, pues más adelante el compañero Martínez Nava afirma: “A la Geografía no le interesan por sí mismos todos los procesos naturales, sino sólo aquellos fenómenos complejos cuyas formaciones se producen en una escala de todo el planeta…, en donde entran todos los fenómenos geológicos…, los procesos de los ecosistemas…  Los fenómenos sociales…, la población…, los culturales…, pero, fundamentalmente, los fenómenos económicos…”[3].  Su propuesta, hasta donde habíamos avanzado, estaba bien fundada; y de nos ser porque ante esa negación del vacío, dado que los conocimientos en el conjunto de las ciencia en ese primer lustro de los años noventa no nos permitían ir a más, sólo quedaba murmurar el galileano, “e pur si muove”, seguros, en otra variante de la lógica dialéctica, de que en ese asunto del vacío había algo más, pendiente de descubrirse (y de hecho ya lo era desde los trabajos de Moray de 1920 y de Dirac de 1930; pero no ampliamente aceptado y difundido sino justo hasta los años ochenta, cuando nosotros mismos estábamos dilucidando el problema desde la filosofía dialéctica materialista), en función de lo cual dar un tratamiento distinto al concepto de espacio en Geografía.  Y en este punto límite está la geografía teórica.



[1] Ibid. p.5.

[2]      Ibid. p.7.

[3]      Ibid. p.46.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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