Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog

Presentación Del Blog

  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
  • Contacto

Buscar

Archivos

11 enero 2011 2 11 /01 /enero /2011 00:07

Ex-Libris-3 

De los Elementos,

a los Estados de Espacio.

  Ensayo, 2010 (7/7).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 31 ene 11.

 

Luego, de 1948, venía el enunciado “Efecto Casimir” en la física cuántica de campos, del físico holandés Hendrik B.C. Casimir, consistente en que entre dos placas metálicas muy próximas entre sí, aparece una fuerza atractiva asociada al vacío cuántico, con la aparición de partículas llamadas virtuales.  Diez años después a fines de los años cincuenta se realiza el primer experimento para tratar de demostrar su existencia, pero es hasta 1997 que finalmente quedo plenamente demostrado; y ello ocurre justo a su vez cuando Townsend Broun realiza sus experimentos de “electrogravítica”, y Kósiriev expone su teoría de la “mecánica asimétrica”, a fines de los años cincuenta.

 

Y luego de 1995 tuvieron que transcurrir quince años más, para que, ahora, en el 2010, esa contradicción en la filosofía dialéctico materialista esté resuelta en los hechos gracias al avance en el conjunto de las otras ciencias.

 

El año 1997, es ya clave para entender el momento del inicio de la actual revolución científico-técnica, no sólo por la demostración de este efecto físico que demuestra que el vacío es “algo” que determina consecuencias sobre las demás cosas, sino porque allí, por ejemplo, se inicia el despliegue de los blogs por la recientemente creada Internet el año anterior.

 

Como dicen los físicos conocedores de esto, ese vacío, simplemente está vacío, pero ese vacío genera una energía (conocida como “energía de punto cero”, o “energía over-unity”, de la cual sólo se hablaba reservadamente entre los físico apenas en los años ochenta), que es esencialmente homogénea e Isotrópica, es decir, la misma en todas partes y e independiente del movimiento de los cuerpos en ella.  Ese vacío, según lo expone el Premio Nobel de Física Willis Lamb, interactúa por los intercambios de energía entre las partículas y el vacío (“Efecto Lamb”), dejando ver que la energía del vacío es extremadamente densa (1093 g/cm3) e intensa.

 

Pero, finalmente, de los avances de la Astronomía también se llegó a resultados semejantes, o se contribuyó a llegar al mismo punto.  En Astronomía el problema surgió de la consideración de la Constante Cosmológica.

 

En conclusión, el espacio no es sólo una forma de existencia de la materia y por lo tanto únicamente un concepto que expresa la espacialidad de las cosas, sino una compleja forma más de movimiento de la materia, cuyo sustrato portador es el vacío (en otro tiempo, por horror vacui, intentando suplirlo por el éter), y que se manifiesta como una energía de campo (identificada con la llamada “energía residual”, “energía de fondo”, y hoy conocida como “energía de punto cero” o, de manera profundamente significativa, como energía de “unidad total”, u “over-unity”, que, ahora como la quintaesencia, ya conocida, nos da, en el estado de espacio más general y esencial, no sólo el arké, o el ápeiron, sino, con ello, el lugar de la Geografía entre el estudio de los Elementos en tanto tales, tal y como lo plantearon el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada y el Lic. José C. Martínez Nava).  Ese vacío, originalmente se descubrió asociado a los experimentos de Torricelli sobre la presión atmosférica, a tal punto que las unidades de medida del vacío son precisamente en “Torr”, como la fracción de una atmósfera (1/760 mmHg, es decir, donde 1 Torr = 1 mmHg), y consistente, en consecuencia, en la ausencia de moléculas de aire.  Así, pues, el vacío fue entendido como la “ausencia de…”, que en el extremo metafísico implicó incluso la “ausencia misma de materia (erróneamente identificada con lo sustancial)”.  Lo que implicó, desde el punto de vista materialista (ciertamente con dejos de mecanicismo), que, entonces, “el vacío no existía”…; cuando ahí, en los “Hemisferios de Magdeburgo” o en las campanas de vacío de Torricelli, estaba (así no fuese absoluto, pero lo cual no es el problema).

 

Se ha dicho que la Esfera de Magdeburgo se mantiene unida debido a que la presión atmosférica exterior, es superior a la interior, pero en el Cosmos, donde la presión atmosférica no puede considerarse, lo que suple a los hemisferios del experimento de Magdeburgo, es la gravedad (cabe pensar si no lo será también en el caso del experimento de Guericke, pero en el que se está haciendo una falsa asociación por la condición terrena).  Más aún, podría pensarse al inversamente, y considerar incluso que lo que llamamos gravedad, no es sino acción de la densidad del vacío.  Si la gravedad es geometría del espacio, y el espacio es vacío, gravedad y vacío serían lo mismo; por ello, cuando Michu Kaku se refiere a que el “espacio aplasta o no”, lo que aplasta o no a su vez, es el vacío, la densidad o energía del vacío.  Así, la gravedad (las ondas gravitatorias o los gravitones, ambas cosas a la fecha no detectadas), no sería, como en tantos casos en la historia de la ciencia, sino un efecto aparente.

 

Luego entonces –agregamos nosotros ahora sí lo que veíamos que se movía desde mucho tiempo atrás–, si la Geografía estudia el espacio, la Geografía estudia esas cualidades del vacío esencialmente dadas en una forma de energía como uno de los elementos o estados de espacio, como ese quinto elemento siempre sospechado.  Cuando al espacio lo hemos definido como “la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta” (aún mucho antes de los conocimientos aquí expuestos con los que sólo nos hemos actualizado), ya generalizábamos en una intuición filosófica ese “Efecto Lamb”, que en 13 mil millones de años o más, se expresa no sólo en el problema de la Constante Cosmológica, sino en la relación continuo-discreta del espacio, que no es otra que la relación entre el vacío como estado de espacio más general, y los estados de espacio particulares; o, en los términos del Dr. Sáenz de la Calzada y el Lic. José C. Martínez Nava, de la relación entre el vacío y los elementos generalizados.  Asociado ello al tiempo, que como una coordenada más del espacio tetradimensional, no es sino una propiedad particular del mismo espacio, “la gravedad es un campo de curvatura en la geometría del espacio-tiempo.  No es nada excepto vacío distorsionado”[1]. la metodología para su estudio encuentra sus fundamentos en la teoría de la “mecánica asimétrica” de Kósiriev.  A lo que podemos decir junto con Paul Davis: “Afortunadamente, el Universo real tiene una simetría notable, la cual permite tratarlo matemáticamente con gran facilidad”[2].

 

Más aún, Davis sugiere una idea muy curiosa por analogía en cuanto a la metodología para el estudio del espacio: su investigador, entre otros, como lo hemos sostenido desde siempre (o casi, ya que en un principio éramos obligadamente geógrafos fenomenistas cuando estudiantes), el geógrafo mismo, ha de comportarse como el estudioso de las condiciones espaciales del trabajo de un “paleontólogo”, ante –como él les llama–, los “fósiles cósmicos”, entre ellos, por ejemplo, los “fósiles del primer segundo” (por no especializarnos en los fósiles del origen en la hora de 10-32 segundos).  Estos configuran, a su vez, hablando de los elementos en la raíz, los estados de espacio paleogeográficos de nuestro espacio terrestre tetradimensional.

 

El desarrollo de la Geografía hacia el siglo XXI, reclama del geógrafo “matemático mixto” del que ya hablaba Bernardo Varenio a mediados del siglo XVII, pero no de esa “mixtura” mal entendida fuera de su contexto histórico que la hace mezcla mecánica de conocimientos bajo el concepto de “relación”, sino una aplicación de un conocimiento dado en el de la faceta de lo otro; esto es, la aplicación del conocimiento matemático, en las “afecciones” o “relaciones de causalidad”, de la faceta espacial de la Tierra.

 

Ello reclama de un nuevo geógrafo.  Incluso nosotros no lo somos del todo, nosotros hemos sido sólo la transición, por la simple razón, además del momento histórico, por nuestra carencia en el conocimiento de un sólido aparato matemático, e incluso del razonamiento matemático mismo; apenas nos limitaremos a bosquejar el camino en un mapa trazado con una vara sobre la tierra.  En este claro al que hemos llegado en lo intrincado del bosque, el geógrafo fenomenista, guiado por lo concreto, en la analogía, continuará por la vía conocida de las coníferas que suponen un camino sin enramadas ni maleza.  Los geógrafos espacistas, como en nuestro caso, por lo contrario, guiándonos por la abstracción, hemos fijado un gnomon y establecido una dirección y una distancia, así sea que avanzar en ellas suponga desbrozar el valladar de la intrincada selva.

 

Una vez más, jóvenes geógrafos, como en los infinitos tiempos…, ¡echaos a la “Mar Oceana”!, y ventura en vuestra búsqueda.

 



[1] Davis, Paul; Superfuerza; Ediciones Salvat, Colección Biblioteca Científica Salvat; 1º edición en inglés, 1984; 1º edición en español, 1985; Barcelona; p.149.

[2] Davis, Paul; El Universo Desbocado; Ediciones Salvat, Colección Biblioteca Científica Salvat; 1º edición en inglés, 1978; 1º edición en español, 1985; Barcelona; p.171.

 



Compartir este post

Repost0

Comentarios