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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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31 octubre 2011 1 31 /10 /octubre /2011 00:02

011 I ane Proy Cónica Secante de PtolomeoDos Años Después: el Concepto de “Espacio Geográfico” en la Red.  Artículo, 2011 (2/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/; 06 nov 11.

 

El concepto de espacio terrestre en el principio subjetivista de la geografía idealista fenomenológica, en general, continúa cometiendo el error lógico, ignoratio elenchi; es decir, de sustitución de tesis; error flagrante por el cual afirma la tesis del estudio del espacio, pero que, ingenuamente, sustituye la misma por la tesis del estudio de los fenómenos.  Error derivado de que, por “espacio geográfico” como objeto de estudio, ha entendido; absurdamente, en tanto no entiende ni quiere entender lo aquí expuesto; no lo diferente al espacio cósmico de la astrofísica, o al espacio de la física o matemática en sí, sino el diorama, el escenario, de todas las curiosidades de este mundo, entendidas ellas en sí mismas como “lo geográfico”.  Ese fue el significado de nuestra tesis y posición, única fuente de todo, y la consecuencia esencial del ignorante plagio y usurpación de esta teoría más o menos entre 1995 y 2010; aunado a las muchas ganas de no querer entender, y a la ausencia de una formación científica en el geógrafo.

 

Así, dicho concepto no ha sido mas que una forma “elegante”, “novedosa”, de llamarle a lo mismo: la supuesta “síntesis de las relaciones entre los fenómenos”, y ahora, en particular y enfáticamente, de los fenómenos naturales en función de los sociales.  Esto es que, si los fenómenos naturales se estudian en geografía –según esta posición idealista subjetivista–, ello es en tanto van dirigidos por los fenómenos sociales, en el sentido de la “humanización del espacio”, o de la “construcción del espacio”; y, en el mejor de los casos, de la simple “organización del espacio”.

 

La teoría geográfica fenomenista, tiene así, por lo menos, dos siglos, todo el siglo XIX y todo el XX, y en esa pretensión de la “síntesis de los fenómenos” sin poder explicar nada más que las relaciones que los especialistas en ellos, al mismo tiempo, ya ven, y a su vez, estudian.

 

En los últimos dos siglos, pues, esa geografía dominante, no ha aportado absolutamente nada.  Cuando podemos hablar de algún aporte en el conocimiento geográfico, ha sido por el vínculo y adelantos en el concepto de espacio, como por ejemplo, en el caso de Vidal de la Blache, o de Alfred Hettner.  En ese sentido se puede afirmar que en esa geografía preocupada por los fenómenos, no sólo ha habido un estancamiento, sino ya una franca posición retrógrada.

 

Era entendible y fue una propuesta interesante de Humboldt y Ritter; fallida, en su variante posterior en Ratzel, Richthofen o Davies, una búsqueda válida; y esa búsqueda válida lo fue aún luego de Emmnuel de Martonne a principios del siglo XX.  Pero comenzó a dejar de serlo junto con él mismo, y ya claramente con Hettner luego de 1927.  A partir de ese momento la geografía fenomenista inició su estancamiento; con Hettner, los aportes nuevos comenzaron a ser en el campo de la geografía espacista.

 

Pero luego de finalizada la década de los setenta del siglo XX, ese estancamiento obstinado en los fenómenos, cuando ya estaba enunciado más objetivamente el concepto del verdadero objeto de estudio de la Geografía; pero esa geografía fenomenista, en su anacronismo, significó el inicio de una actitud retrógrada, que cuanto más tiempo transcurre,, más absurda se ve, y en su resistencia a la verdad objetiva, luego ya de treinta años, se ha convertido en franco oscurantismo.

 

Y cuando entre miles de publicaciones repitiendo lo mismo, no sólo entre sí, sino desde hace dos siglos, aparece sola, aislada, única, esta publicación nuestra defendiendo otra idea, fundada históricamente, coherente, y bien argumentada en los criterios del método científico (objetiva, causal, lógica, verificable en la práctica histórico social, y capaz de aportar en la predicción científica), entonces esta se engrandece tanto más.

 

Hace dos años, al irrumpir nuevamente en su conocimiento público luego de quince años en que se trató de sepultar, podía considerarse nuevamente como una propuesta más a retomar; pero si luego de los argumentos dados en dos años (que causan lo mismo un gran interés que una enorme indiferencia), ello no ha movido un milímetro al pensamiento geográfico fenomenista, entonces tiene que considerarse una de dos cosas: 1) que esta propuesta nuestra está equivocada en tanto no se corresponde con la realidad objetiva; o, 2) que si está en lo correcto, entonces ha adquirido una magnitud inconmensurable para la historia de la ciencia.

 

Hay en ello una paradoja: cuanto menos se discuta ampliamente, cuanto menos invite a la reflexión en el hacer geográfico y al cuestionamiento (cuanto más se insista en aplicarle esa oscurantista “muerte geográfica” de la represión del “Matriarcado” y la “institucionalidad oficial”), tanto más se preparará el terreno para que en el futuro, de ser correcta, florezca engrandecida.  A nosotros nos da lo mismo, y quizá mejor aún, esa posibilidad de reservarnos un lugar histórico tanto más significativo.  La vulgar apuesta de esa geografía fenomenista es muy grande, y, confundiendo el oro en el concepto de “espacio geográfico” con pirita (realmente, en el mejor de los casos no entendiendo a qué nos referíamos; o entendiéndolo perfectamente, por ello tergiversándolo), ya perdió una vez.  Si estamos equivocados, tal estupidez nuestra, de ser, no podrá sino mover  a la risa del mayor desprecio con el tiempo (triste lugar nos deparará la historia); pero si estamos en lo correcto, y así lo hemos afirmado desde siempre y en la práctica se ha venido demostrando, entonces esta comunidad científico geográfica toda, incluso ya ahora internacional, de manera ineludible y exponenciada, se condenará históricamente, en la teoría científica como en lo moral.

 

Ese es el significado de esta evaluación a dos años de revisar el concepto de “espacio geográfico” en la Red.  Cuando no teníamos dónde ni cómo publicar, esta situación nos movía a la desesperanza y la ira; ahora nos mueve a la risa condescendiente.

 

Sin embargo, es necesario, por último, examinar la variante que se expone en un concepto más en el que el objeto de estudio de la Geografía, se define específicamente, como: “la organización del espacio”, o más precisamente, como: “la organización del espacio por la sociedad”.



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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