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Presentación Del Blog

  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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1 enero 2010 5 01 /01 /enero /2010 00:41

Editorial

Ex-Libris.jpg 

Ex-Libris del autor de este Blog.

[Fuente: "Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica; http://espacio-geografico.over-blog.es/; México, 2010]

 

*

Es esta una edición especial.  Se me pidió de manea particular, que expusiera lo que en esta ocasión inserto, 1) acerca del reconocimiento antecedente del concepto de “Espacio Geográfico”; 2) de nuestra propuesta como única; y, 3) de la veracidad de la tesis que sustentamos.  Desde luego, los tres casos implican de nuestra parte un juicio intelectivo, a manera de un juicio categórico universal afirmativo (x es y); pero, a la vez, no los tres casos implican un juicio de valoración moral (debe ser x), como la aceptación del juicio de que “debe ser falso” (es decir, que no es la única propuesta, o que la tesis no es verdadera).  Podemos aceptar, no sólo intelectivamente dada la objetividad de las cosas, sino moralmente en honestidad profesional, que el concepto de “Espacio Geográfico” viene dado con antecedentes.  Pero en los dos casos siguientes, no puede aplicarse un reconocimiento moral; la afirmación categórica que hacemos en ello, es exclusivamente inherente a un juicio intelectivo (bien visto no podría ser de otra manera o caeríamos en el absurdo de afirmar, y a la vez negarnos; y ello es más enfático en el caso de la afirmación verdadera de nuestra tesis); ante tales juicios, sólo cabe la demostración de la falsedad o refutación, dada por el otro, que lo afirme en una tesis contrapuesta.

 

En 1983, formalmente al sustentar mi tesis en examen profesional, pero ya desde dos años antes, sostenía yo una idea que, así lo dije explícita y textualmente desde la Introducción en la tesis, aparentaba ser novedosa en el fundamento teórico de la Geografía, pero –y ahora nos citamos textualmente– que todo lo que tenía de aparentemente nueva, no era sino el ser la más vieja idea bien olvidada; “una nueva teoría de la geografía, tan sólo por ser una teoría de la geografía bien olvidada” (Op. Cit. Introducción; p.V); esto es, en suma; la idea bien olvidada, de que la Geografía es, en realidad, ciencia del espacio terrestre; y todo el I Capítulo: Análisis Histórico; fue dedicado a exponer a todos cuantos nos antecedían en el sustento de la Geografía en esa idea.  Más aún, en el II Capítulo (II,1,c), relacionamos a esos geógrafos recientes criticando su noción de espacio geográfico.  Todavía más, era tal el olvido y negación de esa idea, que preocupándonos demostrar en ese preciso momento histórico que la Geografía era ciencia del espacio terrestre, la abrumadora evidencia histórica y de autores antecedentes era tal, que tuvimos que recurrir al método de inducción incompleta (era más fácil y evidente aceptar la generalización, que el tener que demostrar enlistando a todos).

 

Y si eso ya lo decíamos hace treinta años, no teníamos por qué falsearlo ahora; por lo contrario, lo ratificamos, entre otros lugares, en el artículo “El a e i o u, de la Teoría del Espacio Geográfico” (octubre, 2009).  Y en él decíamos: “Así –retomado apenas lo que “decíamos ayer” y entrando ya en materia en esta nueva concepción de la Geografía; empezando por el “a, e, i, o, u” de la teoría del espacio, y en particular del espacio geográfico–, diremos que la noción empírica-intuitiva más elemental de espacio geográfico, aparece en el siglo VI ane con Anaximandro, en cuya cosmogonía, el espacio geográfico es una extensión plana o bidimensional”.  Todo ello no salió de “mi genialidad”, sino; diría Carlos Marx, del reflejo objetivo de la realidad objetiva”; esto es, de la objetividad en rescatarlo de una historia objetivamente dada.  En ello radica una parte esencial de la veracidad de nuestra tesis.

 

En consecuencia, ciertamente, no soy ni el único ni el primero en retomar al espacio geográfico como objeto de estudio de esta disciplina; es algo que por su objetividad histórica no hay ningún problema en aceptar, y así lo he hecho, siendo objetivo, desde siempre y desde el primer momento en la redacción de la tesis misma; así, ciertamente, no soy ni el único ni el primero en retomar al espacio geográfico como objeto de estudio de esta disciplina.  Tal objeto de estudio viene dado objetiva e históricamente desde la primera reflexión geográfica del ser humano, y finalmente así se expresó en los trabajos de Anaximandro, o de Eratóstenes, quien incluso introduce el término de “Geografía”, para tales estudios acerca del espacio terrestre.

 

Por qué entonces una tesis tan relevante.  La respuesta es simple: porque tal idea, siendo “algo tan evidente”, objetiva e históricamente dada; en ese momento histórico de hace treinta años y las décadas anteriores; era algo bien olvidado en la mente de la mayoría de los geógrafos en ese entonces.  Tan es así, que cuando expusimos “lo evidente” (hoy se ve así, evidente, pero hace tres décadas, en ese momento, no era tal), en aquel histórico IX Congreso Nacional de Geografía, no sólo sonó extraño y ajeno, sino que eso extraño, más aún, fue rechazado en forma unánime, precisamente, por considerarse algo ajeno.  El asunto es que todo eso lo dije, cuando tal hecho histórico estaba bien olvidado, y que lo dije de tal manera, con tales fundamentos, que la sola fuerza de la idea provocó necesariamente una revolución de pensamiento (por cierto, inconclusa) en nuestra ciencia.

 

Que lo diga así, molesta y le suena mesiánico a todos aquellos que unánimemente rechazaron nuestra propuesta, justo porque no son capaces, intelectual y éticamente, de reconocer la autoria, y dar los créditos a quien los merece.

 

Nuestra propuesta (de conjunto, no la exclusividad del concepto de “Espacio Geográfico”), en ese momento histórico, fue, por definición, única; no por ser el único que hablaba del espacio, sino por los fundamentos teóricos con que lo hacía.  Más aún, treinta años después, revisada una vasta documentación, tal propuesta sigue siendo única por tales fundamentos.

 

La fuerza de dicha tesis radica, no en ningún voluntarismo mesiánico, sino en la verdad objetiva e históricamente dada; por sí sola y necesariamente, habrá de imponerse en la concepción de una geografía científica, independientemente de que siempre habrá muchas otras propuestas filosóficamente idealistas (de los “espacios humanizados”), fundadas en el principio de subjetividad.  Si se juzga que tal aporte no es único, o que tal tesis puede ser falsa, corresponde al otro la demostración de ello mediante la refutación con una tesis propia contrapuesta.  Pero, en treinta años, ello no sólo no se ha dado, sino, antes al contrario, finalmente fue adoptada por todos aquellos que en un primer momento unánimemente nos rechazaron, al punto de que hoy es –aun cuando tergiversadamente–, teoría “oficial institucional”; y que sea así, particularmente para quienes vivimos aquellas décadas de los años setenta-ochenta, está claro que fue una revolución de pensamiento.  Me tocó a mi ser el autor de tal revolución, y justo eso es lo que molesta a todas esas posiciones idealistas y conservadoras; pero así se hace la historia.

 

 

Luis Ignacio Hernández Iriberri.

 


 

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