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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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3 abril 2011 7 03 /04 /abril /2011 23:04

Ícono Geografía Teórica (Brújula)-copia-2El Antropocentrismo en Geografía

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (φN, λW); 04 abr 11.

 

Dedicado

a los nuevos geógrafos

o estudiosos anhelantes de una Geografía

verdaderamente científica y progresista

como ellos mismos.

 

El ser humano, la sociedad, como lo central en el estudio de la geografía, poner al ser humano en centro de sus preocupaciones, o lo que se denomina el antropocentrismo en geografía, está, en la historia de esta ciencia, en la línea del pensamiento idealista filosófico fundado en el principio del subjetivismo, por el cual un objeto de estudio no se determina objetivamente, es decir, por su propia naturaleza independientemente de nuestros deseos o voluntad, sino por lo contrario, de acuerdo con la consideración de nuestras ideas.

 

Desde ahí, esta corriente del pensamiento geográfico, identificada como fenomenista, nada tiene qué ver con la ciencia, entendida ésta en el pensamiento científico ilustrado de la modernidad, preeminentemente objetivista.  Para esa posición subjetivista, el objeto de estudio no se define por aquella faceta de la realidad que se aboca a estudiar y de la cual es su reflejo en el conocimiento, sino que cree que tal objeto de estudio se determina por una especie de acuerdo tácito de los que se dedican a ese campo de conocimientos.  El problema que enfrenta, es no poder explicar, en sí misma e históricamente, tal determinación.  Esto es, que sólo lo puede hacer por exclusión respecto de la definición que se hace en la corriente de pensamiento espacista, en su esencia, fundada en el principio objetivista.

 

Esta última corriente se denomina así, dado que define a la Geografía como la ciencia del estudio del espacio terrestre, que ha de ser el espacio como tal, dado objetivamente en su realidad y naturaleza.  La respuesta de la geografía fenomenista, por demás acientífica en esos términos del concepto moderno de la ciencia, fue que el espacio como tal era sólo un marco vacío, y al que, como tal, nada había qué estudiarle.  Es decir, que, en vez de ponerse al estudio metódico, sistemático, propio a todo trabajo de la ciencia para averiguar una a otra en un largo proceso las propiedades de ese espacio, lo que hizo fue postular su negación.  Y como el espacio geográfico en esa concepción científica espacista objetiva resultaba para el fenomenismo sólo el “marco vacío de los geómetras” expresado en la Carta Geográfica, el objeto de estudio no sería éste analizado en el mapa, sino los fenómenos representados en él.  Con ello, pues, no sólo se ha renunciado al método científico en general, sino se ha incurrido en una serie de errores lógicos elementales, como, esencialmente, la sustitución de tesis (ignoratio elenchi), o la introducción de un cuarto término (cuarto terminorum), o la deducción a partir del falso antecedente, aspectos que ya hemos discutido con suficiencia en artículos anteriores.  Hoy, continuar insistiendo en esa geografía fenomenista contradictoria e irracionalista, resulta ya verdaderamente vergonzoso.

 

Retomamos el punto, no por continuar su refutación, que ya resulta algo verdaderamente ocioso; a pesar de que recientemente hemos visto que los sitios en Internet en el concepto de “espacio geográfico” se han incrementado como pretendiendo ahogar en el marasmo de información este modesto Blog, insistiendo en ese absurdo (lástima por esos geógrafos y la Geografía), como si a fuerza de repetirlo en la convicción de la fe, ello lo fundamentara con suficiente razón; sino por una interesante reflexión que hemos hecho recientemente preparando un artículo para el Blog de la Revista de Exopolítica, “Identificados” (http://identidadexopolítica.blogspot.com/), haciendo un comentario al libro del periodista Juan Miguel de Mora: Destino: La Eternidad, acerca de los primeros lanzamientos de los spútniks soviéticos.  Así, nos preguntamos en esa reflexión si esa geografía antopocentrista podría responder a ese destino de la humanidad, y la respuesta inmediata, evidente, es que no.  Esa geografía fenomenista antropocéntrica trata con el habitáculo humano, dicho aún en sus propios términos, enormemente restringido.

 

En toda concepción de la Geografía se acepta ya, pues, que el objeto de su estudio es el espacio, pero antes que investigar acerca de la realidad y naturaleza de éste, en la geografía fenomenista, idealista y subjetivista, se ha buscado una salida cómoda: <<sí, se estudia el espacio; pero el espacio socialmente construido>>; esto es, salida a modo, por la cual el objeto de estudio en su realidad objetiva y su naturaleza físico-matemática, se sustituye por un objeto de estudio subjetivamente definido en función de la actividad social.

 

Curioseando entonces con la representación matemática funcional de esa noción antropocentrista, la escribimos así: ε = f (H), donde (ε) es el espacio aceptado, y (H) el ser humano, la sociedad humana; de donde, entonces, tal relación se lee como que: <<el espacio, es una función de lo humano o social>>.  Y eso nos hizo ver esa noción de parco fundamento científico que ha tenido que ser superada una y otra vez a lo largo de la historia del pensamiento geográfico.  Entender a la Geografía hoy, pleno siglo XXI, por su objeto de estudio en donde éste subjetivamente se define como ε = f (H), es exactamente igual, como lo fue en otro tiempo, a limitar el conocimiento geográfico a la noción del nuevo Orbis Terrarum, el espacio no sólo habitado, sino habitable, o “socialmente construido”.

 

Como hemos visto en otros documentos nuestros publicados aquí, ese “espacio geográfico” como el Ecumene, de la Antigüedad, o el Orbis Terrarum Medioevo, o el Erdkhnde (o Erdkunde) de la Época Moderna, vuelve a aparecer en nuestra época contemporánea como el espacio “socialmente construido”.  Pero la lucha del pensamiento geográfico científico ha tenido que ser una y otra vez en cada momento de la historia contra esas limitaciones subjetivistas, dándonos en la Antigüedad las geografías de Crates o Ptolomeo, o en el rompimiento con la Edad Media, las geografías de Behaim, o Vespucio y Colón; y en la época Moderna, las geografías de Hettner y Chizov, y que en nuestra Época Contemporánea nos ha tocado a nosotros, y a los que piensan como nosotros, emprender.

 

Hemos visto, en las estrictas categorías de la teoría del espacio, que esa lucha ha significado en ese mismo decurso de la historia, romper con las limitaciones de las cosmogonías del espacio terrestre plano, bidimensional; como del espacio terrestre euclídeo tridimensional en la noción de un hiperplano; y ahora es una lucha científica por superar su limitación a un espacio tridimensional a manera del hipervolumen de la superficie esférica de la Tierra, para saltar al volumen de la geometría dada por el campo gravimétrico del planeta.  Cada momento de la historia, de acuerdo con las necesidades sociales o de la humanidad, nos ha impuesto esa tarea; pero ello no hace de la Geografía una ciencia social, como no lo hace de la Física, la Química o la Biología, resolviendo de manera semejante en su campo esas necesidades históricamente dadas.

 

El espacio geográfico, como se ha demostrado una y otra vez en la historia, va más allá de “lo habitado y habitable”.  En una misma relación matemática funcional, y aquí estuvo lo virtuoso de la reflexión, para una geografía espacista, la expresión sería ahora: ε = f (EE), donde el espacio, objetivamente tratado, no puede ser sino una función de sus propios atributos físicos, generalizados en el concepto de “estados de espacio” (EE).

 

Y así, mientras la geografía fenomenista del <<espacio como un “constructo social”>> limita el desarrollo y el progreso social pretendiendo mantenernos inmersos a los geógrafos en esa noción, como antes lo hizo en el Ecumene, en el Orbis Terrárum, o en el Erdkhunde; la geografía, como la verdadera Geografía, la geografía espacista, innecesario de calificarla así, se prepara para acompañar a la humanidad en la solución del conocimiento del espacio terrestre hacia su destino hacia el Cosmos, en los viajes a la nueva “Mar Océana” a surcar…, rumbo a la eternidad.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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