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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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4 enero 2010 1 04 /01 /enero /2010 09:18

Clich--Literatura

 

El Comité de Huelga de la “Prevo 5” del IPN,
en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.
  Recuerdos.

Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;
http://espacio -geografico.over.blog.es/ 
México, 8 mar 10.

 

En el año 2003 se me pidió que impartiera un curso titulado algo así como “Arte y Cultura Popular” si mal no recuerdo y que expuse a manera de una Historia de la Cultura, para dimensionar en ello por una parte precisamente el Arte, y por otra el significado de la Cultura Popular; todo fue bien explicando las expresiones y los intereses de clase dados en cada movimiento de la historia de la cultura, en el esclavismo, durante la Edad Media, y al surgimiento y desarrollo del capitalismo; hasta que llegamos al movimiento cultural del Modernismo entre 1870 y 1930.  Aquel movimiento cultural era expresión de la cultura burguesa apesadumbrada y pusilánime por los acontecimientos de su momento histórico: la aparición de la Internacional Comunista poco antes, con la I Internacional en 1864, y hasta 1923 con la III Internacional; el levantamiento de la Comuna de París en 1873; las revoluciones mexicana y rusa, primero de 1905, y luego de 1910 y de 1917 respectivamente; la I Guerra Mundial de 1914-1918; con la simultánea revolución de Octubre de 1917, que hace aparecer en forma la primera revolución socialista de la historia; la formación del fascismo desde 1919 y su “Marcha Sobre Roma” de 1922 ocupando el poder e iniciando el imperialismo con la invasión de Libia ese mismo año; e inmediatamente a su vez, en 1920, la formación del nazismo, que arribará al poder en 1933; y la gran crisis económica de 1929.  Fueron los años de la gran crisis mundial e histórica del capitalismo, que tras la Guerra Fría, no obstante el derrumbe de esa experiencia socialista del siglo XX, perdura hasta nuestros días.

 

Y justo ahí, con la Revolución Socialista en Rusia, aparece el propio movimiento cultural de esta nueva sociedad de espíritu proletario, el movimiento de la cultura proletaria: el Realismo Socialista.  Alguna vez en una clase en la División de Posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras, un profesor disertando sobre el tema se expresó diciendo que el Realismo Socialista no era propiamente arte, sino mera política panfletaria.  Entonces yo no sólo no sabía nada de Arte, y, a no ser por su dejo peyorativo, ni siquiera sabía que quería decir exactamente la palabra, “panfletaria”.  Muchos años después me ocupé de revisar el concepto: ello hace alusión al nombre de un cómico que se hacía llamar Panflet; una especie del cómico mexicano “Palillo”; al que a su muerte se le levantó un monumento; pero a poco, la gente empezó a pegar en su pedestal hojas con denuncias en contra de las autoridades y las injusticias, las cuales empezaron a llamarse “panfletos”.  En ese sentido, habría que reconocer, primero, que todo el arte es panfletario, en tanto todo el arte es, de algún modo, ya denuncia; así sea “denuncia de la miseria real” como en los casos de las “presentaciones” o “happenings”, de Hugo Deschamps, Piero Manzoni, o Andy Warhol, o ya encubrimiento de la misma como en el surrealismo y abstraccionismo.  Pero, segundo, habría que reconocer, entonces, por ese solo hecho, al Realismo Socialista como arte.

 

Mas debemos agregar algo, el Realismo Socialista es arte por algo infinitamente más que la pura denuncia; lo es por expresar los intereses culturales del proletariado en todo un movimiento estético bien definido, que, yendo más allá del Realismo Romanticísta que mostraba la miseria, lo que socialmente existía y era, ahora se planteaba; como bien lo expresó un cineasta al interpretar los deseos de Stalin con el arte; lo que socialmente debía ser; esto es, formar en nuevos valores, y en una nueva integridad moral, que –decía yo en aquel curso– superaba por mucho el Modernismo burgués, pronto reemplazado con el llamado Vanguardismo y su arte y pintura en particular, surrealista, ajena al mundo social real, de Galería de Exhibición previo cocktail de bienvenida.  Y ahora agrego a aquel comentario mío en clase, lo dicho por José Agustín: <<de los pintores de la Zona Rosa>> (por lo demás, precisamente llamada así por José Luis Cuevas).

 

Y allí, faltando unas cuatro sesiones, mis alumnos me descalificaron como profesor entendido en la materia.  Luego supe que un estudiante; de dos hombres entre unas siete mujeres y de mayor edad que ellas; era hijo de un pintor de caballete.  Lo lamenté profundamente, pues en aquel grupo estaba una de las dos estudiantes más brillantes que haya yo tenido jamás, tanto por su belleza como por su inteligencia complemento de la misma, y, curioso, una devota cristiana evangélica; la otra brillante alumna es precisamente aquella estudiante discipular de que hablaba más arriba, vinculada ahora al movimiento comunista y cuya presentación de su tesis fue la mejor sustentada hasta entonces; y ambas, en su plenitud, siendo cual Hebe –la Diosa de la Juventud–, las dos facetas de mi propio alter ego perfeccionado en su naturaleza como mujeres y en su belleza en la que va armónicamente implícita su inteligencia.  Y lo lamenté profundamente, justo porque ya no pude explicarle a mi bella alumna esa historia contemporánea de la cultura, en particular en México.  Si la explicación del origen contemporáneo del arte en el que se enfrentan los movimientos culturales, de un lado, del Modernismo y su sucesor, el Vanguardismo; y del otro, el Realismo Socialista y el arte popular; les significo de inmediato un choque, entrar en la discusión de su desarrollo y sus implicaciones les hubiera perturbado enormemente.

 

En ese Vanguardismo estaban una serie de estilos o corrientes afines que le caracterizaban: el cubismo, el dadaísmo, el surrealismo, el abstraccionismo; todo ello, arte y cultura que expresa los intereses y la manera de ver el mundo de la clase social burguesa.  Su opuesto, el Realismo Socialista y ese arte popular, expresa por su parte los intereses y forma de ver el mundo de la clase social proletaria.  Y más aun, tenía que hacerles ver la consumación de la historia del arte en ese Realismo Socialista; esto es, el que en él, se expresa lo que Marx llamara la realización social humana; el ser humano, socialmente real.  A mi devota alumna la hubiera perturbado aun más, al concluir que, ya con Hegel, se reconoce al arte como acto creativo (con Kant había sido sólo “construcción”, y aun antes con Platón apenas “imitación”).  Hasta entonces, ese era atributo exclusivo de Dios; y en consecuencia, siguiendo a Hegel, con el arte, el ser humano se asemeja a Dios; pero cuando con el arte mismo, llegando a Marx, se da la realización social humana, el ser humano se convierte en Dios mismo.

 

En México, en aquellos años sesenta, en la pintura se produjo lo que se dio en llamar La Ruptura (sus antecedentes vienen ya desde los años cincuenta), el pretendido rompimiento; con la connotación que ello lleva de negación mecánica, absolutista, no dialéctica, de “destrucción”; con el estilo e influencia del muralismo, heredero del grabado de Posadas, denominado “Escuela Mexicana” de pintura; explicando el que La Ruptura; de la que todos hablaban pero que los único que la defendían como algo real eran José Luis Cuevas, Manuel Felguérez (que la identificaba como un movimiento contra “los nacionalismos”, de mala memoria en la II Guera Mundial), Roger von Gunten, y Vicente Rojo, pero de lo que claramente se deslindaron Valdy (el cual llamaba a ésta como de la “pintura comercial que no trascenderá al siglo XXIII, y “mercadotecnia del ego”), Coronel,  Gironella, e Icaza; no era mas que la expresión del arte burgués frente a la expresión del Realismo Socialista en México con un Diego Rivera y una David Alfaro Siqueiros, entre otros que quizá más bien pudiéramos decir que expresaban los intereses del proletariado tanto más o menos tímidamente con un “Realismo Social”: Goitia, Orozco, Mérida, O’Higuins, Tamayo, Kahlo, Francisco Icaza, y Vlady.

 

La clara conexión que todo esto tiene con el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968, es lo sucedido en el “Salón de Pintura Confrontación 66”.  En 1958 había tenido lugar la I Bienal Interamericana de Pintura de México, en la cual aun destacó la llamada “Escuela Nacionalista” o “Escuela Mexicana” de pintura, con fundamento en el Realismo Socialista; y dos años después, en 1960, se efectuaría la II Bienal, en la cual, estando en aquel entonces preso en Lecumberri David Alfaro Siqueiros, tomó relevancia Tamayo, con la ausencia de unos cien artistas que no asistieron a la Bienal en solidaridad con Siqueiros.  Hasta que llegó 1966, año en que tuvo lugar la simplemente llamada “Confrontación 66”, en Bellas Artes, en que el movimiento cultural del Realismo Socialista en México, chocaría frontal e incluso físicamente, con el movimiento cultural del Vanguardismo (en los estilos del surrealismo, abstraccionismo y figurativismo).

 

Lo que más molestaba a los pintores de la supuesta ruptura, a decir de otro partícipe de ella, Vicente Rojo, era aquella frase de Siqueiros de que: “No hay más ruta que la nuestra”; a lo que se le contrapuso la consigna: “Por una arte a la calle”, emanada del Congreso Nacional de Artistas Plásticos en 1972.  Pero, y he ahí la necesidad de toda la cultura en su conjunto, los “rupturistas” no entendieron esa consigna de Siqueiros sino mecánicamente y en su forma vulgar, creyendo que éste se pronunciaba exclusivamente por el arte pictórico del muralismo y su estilo o formas, no viendo que el mismo, a lo que se refería, era al contenido de ese arte del Realismo Socialista: a la ruta de la emancipación del proletariado, expresada en esos murales, y no a la negación dogmática de todos los demás estilos artísticos, sin que por ello no los criticara por lo que eran.

 

De ello da cuenta el mismo José Luis Cuevas cuando narra que tras una invitación por Siqueiros a reunirse, aquel, en un momento dado, cuenta que criticó el movimiento muralista, creyendo que Siqueiros lo mandaría al diablo por su insolencia, y no obstante se sorprendió de la tolerancia que éste mostró.

 

No es que un arte sea mejor o peor que otro, ambos son expresiones magníficas de la creatividad artística y de la cultura universal, el problema son los intereses culturales y de clase que representan.  Pasó el Movimiento del 68, y en 1972 tuvo lugar el Congreso Nacional de Artistas Plásticos, en que, a decir de Raquel Tibol, llegó a su fin la ruptura.  Veinte años después se efectuó una segunda confrontación, ahora, la “Confrontación 86”, que, ausente ya el Realismo Socialista, quedó caracterizada por la unilateralidad del movimiento cultural burgués y su vacuidad; todo ello, en plena consonancia con la historia aquí narrada.

 

El Movimiento del 68 estuvo vinculado a su vez, a los XIX Juegos Olímpicos en México; sin duda un país de una extraordinaria historia cultural.  Diez juegos olímpicos después, los Juegos Olímpicos de China, que se desarrollaron simultáneamente al momento en que redactábamos este documento, no pudieron sino mostrar a una rica cultura aun más milenaria.  Cerraron su evento con una demostración cultural apoteósica.  La bandera olímpica se transfirió ahora a la Gran Bretaña, y ésta hizo una presentación de sus aportaciones a la cultura universal: un músico de rock o del “pop” y su guitarra eléctrica (que esperamos no estuviese bajo los efectos de una “onda alucinógena”), y un futbolista y su balón.  Pero por si ello no fuese suficiente, presentaron el símbolo de sus Juegos Olímpicos: “algo”, hecho por un chimpancé (sic), quizá algo posiblemente bello estéticamente; pero el problema no es la forma, sino el contenido, lo que está detrás, el fondo ideológico.  De inmediato ello nos recordó aquel cuadro de Siqueiros inmediatamente posterior a la “Confrontación 66”, en que en un extremo éste representaba el arte del Realismo Socialista, y en el otro, “confrontado”, el arte abstracto y surrealista, precisamente elaborado por un chimpancé.   La imagen más viva y representativa de la vacuidad actual del mundo del capital, y posible “presagio” de la caída a profundas tinieblas.

 

No pude aleccionar más a mi bella alumna que se vio en la circunstancia de tomar partido por sus compañeros.  Dos años después, al egresar y elaborar su tesis, trabajó sobre un erudito como; en un extraño oximorón; excéntrico egocentrista escritor, al estilo de un Cuevas en la literatura; y creo que mis últimas exposiciones le hubieran sido útiles, así fuese para descartarlas, en el análisis de la obra de éste principalmente dada entre principios de los años cincuenta a principios de los noventa; justo en el lapso del momento histórico en el que toda esta narrativa transcurrió.  Esa es la importancia de la historia, de la cultura, de los movimientos revolucionarios, y de la juventud.

 


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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Literatura
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