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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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4 enero 2010 1 04 /01 /enero /2010 09:12

Clich--Literatura

El Comité de Huela de la "Prevo 5" del IPN,
 en el Movimiento Estudiantil-Poular de 1968.
  "...el futro ha sido nuestro!"


Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 15 feb 10.


 

“...el futuro, ha sido nuestro!”.

 

Cuando resolvimos ponernos a la redacción de este escrito acerca de la vida del Comité de Lucha del la “Prevo 5”, redactábamos nuestra tesis de doctorado; y este documento del 68 se hubiera diferido todavía un poco más, de no ser porque fuimos invitados por los estudiantes universitarios de hoy en el Estado de Morelos, a participar en el 40 Aniversario, y ello; abriendo un paréntesis en nuestro trabajo; nos motivó a finiquitar este compromiso moral, el cual tampoco podía esperar más.

 

Los compañeros del Comité de Lucha de la “Prevo 5”, fueron jóvenes con arrojo, valientes, osados; a nuestra edad en aquel entonces, con la más absoluta naturalidad, emprendimos verdaderas hazañas, logramos verdaderas proezas, que sólo ahora pueden ser justamente valoradas.  Enfrentamos al sistema, a su aparato no sólo político, sino de sus medios de comunicación para el condicionamiento de la opinión pública y de control de masas, y, principalmente, a su aparato policiaco-militar.  Y en unos casos con audacia, en otros con imaginación y creatividad, y en los más con decisión y valentía, no sin un costo en sangre y en prisiones, en que, histórica y moralmente se le venció.

 

En aquellos días de agosto-septiembre de 1968, cayó en nuestras manos una revista, circuló antes por las manos de varios, apenas alguno hizo algo por ver su interior, constatándonos que habría cualquier cosa, menos aquello que era todo el solaz en su portada: una joven estudiante francesa con unos senos exquisitos dados a la imaginación bajo sus entalladas prendas al cuello; me dejaron último en contemplarla (desdichados), pero al final fui el ganador, discretamente me quedé con esa edición en formato de revista; era París, la Revolución de Mayo, de la pluma de Carlos Fuentes.  No todo se quedó en el asunto de su portada, puedo jurar que entonces y en varias ocasiones años después, hasta la leí; por lo tanto, de ella tomo algunas de las frases que éste recogió de los elegantes muros de París, en donde se escribieron cosas muy interesantes, para la reflexión filosófica, para la recreación poética.  Allá, en los finos muros parisinos se disertaba: en unos casos con imaginación, <<“Heráclito regresa. Abajo Parménides”; en otros casos, los más, citando, “Mejor un fin espantoso, que un espanto sin fin” (Marx), “La guerra y la injusticia son el resultado de la propiedad” (San Agustín), “Hay que cambiar la vida” (Rimbaud)>>[1]; se pronunciaban por “L’imagination prend le pouvoir”, "¡La Imaginación toma el Poder!".  Acá, en los muros de un repellado derruido que dejaban ver el adobe, éstos clamaban la demandaba: "¡Libertades Democráticas"!  En los muros de México no se disertó ni filosófica ni poéticamente, ellos exclamaron demandas políticas de nuestra vida social concreta: "¡Libertad a Presos Políticos"!, "¡Derogación de los Artículos de <<disolución social>>"!, "¡Diálogo Público!", "¡Alto a la Represión!".

 

En Francia Sartre daba conferencias y debatía con los estudiantes en la Sorbona, en México Heberto Castillo era golpeado por agentes, perseguido por el pedregal, y herido, hospitalizado en la misma Universidad; Eli de Gortari, Fausto Trejo, Revueltas, y otros profesores distinguidos, eran detenidos y encarcelados.  Y cuarenta años después, la sociedad mexicana es más libre y democrática.  A pesar de todo, Vencimos!.

 

Había una frase pronunciada por el Ché Guevara que nos gustaba mucho a los cuatro: “¡El presente es de lucha, el futuro es nuestro!”.  Y, con todas sus limitaciones por la edad, no obstante, se fue plenamente consecuente con nuestro presente en la lucha.

 

Cuarenta años después, el último del Comité, este que ahora redacta, reflexionando sobre esos maravillosos años, creo que debe hacer su cuarta y última intervención dirigente en la vida del Comité de Lucha de la “Prevo” 5.

 

Como Comité de Lucha en tanto órgano de representación estudiantil trascendiendo al movimiento de huelga, puede decirse que al perderse también su base, a su vez debía disolverse ya en ese diciembre de 1968; pero no sólo moral, sino ideológica y políticamente, siguió existiendo, como hemos visto, cuantitativamente en formas multiplicadas, y trascendiendo cualitativamente al ir adoptando sus miembros diversas formas de participación política y de lucha; aun cuando, ciertamente, a su vez, se extinguía cual llama de una vela que se consume a sí misma.

 

Luego de diciembre de 1968, el Comité tuvo un cambio cualitativo en función de su conciencia por los compromisos sociales e ideológicos.  Entre 1969 y 1973, se tuvo un proceso cuantitativo en el que el Comité se fue diezmando; pero en 1974 se da, en lo que por lo menos conceptualmente quedaba de él en nuestra persona, un nuevo cambio cualitativo trascendiendo a la lucha partidaria hasta 1982.  Allí parecía haber llegado conceptualmente a su fin dicho Comité, pero fue un ínterin de cuatro años, pues luego entre 1986 y 1992, el espíritu del Comité depositado en mi persona, vivió en la lucha sindical democrática.  Hasta que, justo en ese último año, tuvimos que abrir otro imapasse en la participación política.

 

No obstante, en lo informal, pudiéramos decir que ahí quedó disuelto finalmente el Comité.  Sin embargo, lo cierto es que nuevamente, en realidad, lo que ocurrió fue un sutil cambio cualitativo más: pasamos al trabajo en la cátedra universitaria, y en ello, al proceso de conciencia.  A partir de 1993 y hasta el presente al redactar estas líneas, en algo se ha incidido en esa formación de conciencia en lo general.   Mas en lo particular, podemos estar satisfechos de que el fuego, la tenue llama de esa vela, se ha transferido; por lo menos muy directamente, en dos discípulos universitarios; y de una Universidad privada, que honran la digna participación histórica tanto de la Universidad del Valle de México, como de la Universidad Iberoamericana, en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968; una compañera y un compañero, que de modosos y católicos pequeñoburgueses, hoy son consecuentes militantes comunistas, lo cual quiere decir también, ateos (ni modo, no habiendo izquierda real con opciones, ingresaron por su iniciativa al “PC de M M-L LA Pensamiento E. Hoxa”, organización porla que guardo reservas, y por lo cual pronto adoptaron posiciones que yo he juzgado dogmáticas.  Algún compañero profesor de la vieja generación con el cual compartíamos la ideología, viendo mi contrariedad, ya sólo me dijo riendo condescendiente: “ahora tiene que vivir su propia experiencia”); en otras dos estudiantes más, si bien no plenamente discipulares, también militantes en la organización de las juventudes comunistas de dicho partido; y en otros tres, ente ellos otra compañera, activistas y participativos de conciencia; quizá victimas aun del proceso de alienación.  De estos últimos precisamente vino la invitación al 40 Aniversario, y ese desenlace lo comentaremos más adelante.  Pero sabemos que estarán ahí, justo para cuando el momento histórico les demande.

 

Y aquí me daré la libertad para intercalar una digresión analítica necesaria, o de otro modo podríamos dar la imagen de una pulcritud política imposible.  Cometimos errores, y graves, y cuya gravedad quizá no sea tanto por lo que pudieran haber significado en el movimiento (que en realidad no significaron prácticamente nada, dada nuestra posición y nuestro papel), como, precisamente, por lo que pesan en nuestra propia conciencia.

 

Esos errores tuvieron pues, un matiz político, necesariamente, pero en lo esencial, la naturaleza de esos errores fue de orden moral, y de ahí el cargo de conciencia.

 

Pero ello es inevitable.  En política, estar, puede ser un error, tanto como posiblemente no estar.  Decir, posiblemente implique un error, pero quizá no mayor que quedarse callado.  Moverse o no, por sí mismo, puede implicar el error.  La decisión en el acto político se juega permanentemente en ello, y no podría ser de otra forma.  Y ello es así, porque el acto político conlleva necesariamente y por excelencia, el acto moral, esto es, la voluntad consciente, en un compromiso en que se responde por los demás.  Por lo tanto, en esa conciencia, el error o acierto depende por entero de los conocimientos fundados.  En ese sentido, dada nuestra inexperiencia política por inmadurez, nuestros errores no podían ser sino muchos, pero, por lo mismo, sin mayores alcances y consecuencias, estábamos aprendiendo; mas no por ello menores en nuestro cargo de conciencia.

 

La complejidad del problema está en que el acto político, está inmerso en alto grado en un acto moral (y no hay acto político en que se prescinda de ello, así sea en lo más bajo de la condición moral; el acto político ha de ser, necesariamente, ya moral o inmoral, pero nunca amoral); pero más aun, en donde ese acto político puede pasar a la vista como lo más virtuoso, siendo en la realidad lo más vil; o aparentar a la vista de los demás la mayor ruindad, siendo tanto por sus motivos como por sus consecuencias, lo más sublime.  Esto es, que si bien el acto político en tanto acto moral queda necesariamente normado en un deber ser, ello sólo lo es en general, pues, como ninguna ciencia, la política, por su propia naturaleza, en el marco del aparente deber ser normado, depende del acto moral fáctico o no necesariamente normado.  Y ahí es donde tras las decisiones, o se sale ufano en el alma en el acierto, o terriblemente abatido en el espíritu por el error.

 

Nuestros principales errores, personales, pero en cierto modo generalizables en lo colectivo en ese Comité y que sólo en la fragua de la lucha se fueron corrigiendo, dado nuestra condición de clase pequeñoburguesa, pecaron en un principio de un espíritu anarco, empapados de actitudes nihilistas.  El que los humanistas renacentistas como Petrarca, Valla, Ficino, Pico, Pmponazzi, Telesio, Patrizi, o Bruno, entre muchos más, hayan aborrecido y despreciado al ignorante vulgo que acudía a las plazas a verlos quemar vivos sin entender su lucha, es fácilmente entendible; pero nuestro nihilista y anarco espíritu personal pequeñoburgués; como una expresión del coraje contra aquel orden de cosas para el cual el pueblo parecía ser condescendiente y por lo que había que destruirlo todo; por confusión, tuvimos que elevarnos desde ahí.

 

Pronto se aprendió por la fuerza misma de la razón.  Cuando la toma de la Vocacional 7 por la policía y la pedrea con los granaderos sobre la Av. “Flores Magón” en las proximidades de Relaciones Exteriores, me dejé en la mano un exquisito canto rodado extraído de los jardines de la Unidad Habitacional de Tlatelolco frente a un enorme ventanal verdaderamente grande, del tamaño de una pared de lo que me parece que era un centro comercial (en Francia, dice Carlos Fuentes, los estudiantes desprendieron “el pavé, el bello y humilde adoquín de las calles de París”[2], un adoquín rectangular pequeño); habría  sabido exquisito estallarlo..., pero, para qué?..., por más que “se me hizo agua la boca”.  Al poco tiempo de eso, me cayó en las manos un folleto que explicaba y alertaba sobre la naturaleza de los actos provocadores, y me di cuenta de que había salido airoso en esa decisión.

 

Luego hubo ocasión de otra situación semejante.  Hacia el anochecer, circulábamos por las calles en un camión secuestrado por la brigada, y en algún lugar, no recuerdo en dónde, vimos un vehículo del PRI.  Nos paramos, nos bajamos, y arremetimos contra él a palos, y a pedradas.  Yo traía en las manos una larga varilla corrugada, de esas para la construcción de edificios, esa camioneta ya estaba toda destruida, y para rematar, alguien más le arrojó una bomba molotov y empezó a arder..., me quedé otra vez frente al parabrisas saboreando el estrellarlo, pero..., otra vez, para qué?, no obstante el fuego mismo lo destruiría.  Mucho tiempo después, unos diecisiete años después, me encontré en la Universidad con el compañero de la ESE que coordinaba aquella brigada; yo no lo reconocí, pero él sí se acordó de mí, y me recordó el hecho.  Me sorprendí, me sentí mal, con sólo saber que alguien me lo recordara me hizo sentir la acusación y condena como provocador.  Sentí una incomodidad doble, por el acto provocador mismo, como por el hecho de que por mi actitud no vandálica se entendiera cobardía; y a la vez, reaccionando, le pregunté admirado, “¿¡tu ibas en esa brigada!?”; entonces se rió de buena gana, y para mi descanso, finalmente me dijo: “hiciste bien, fuiste el único”.  Pero ello no me eximió del cargo, ahí todos actuamos mal; si acaso él, o yo mismo, por no haber sabido evitarlo.

 

Finalmente se enfrentó también otro difícil problema a superar: aquel del que <<los amigos de mis enemigos son también mis enemigos>>, o más ampliamente dicho, <<aquellos que se identifican o se parecen a mis enemigos, son mis enemigos>>..., ¿qué hacer con los “fenetos”?...; y equivocadamente, sin que viniera al caso, pretendimos usarlos como “chivos expiatorios”.

 

Sin lugar a dudas, la participación política nos demandaba experiencia y los conocimientos derivados de ello; y nosotros, el Comité de Lucha de la “Prevo” 5, teníamos por todo conocimiento una experiencia indirecta que sirvió para nuestra propia y libre iniciativa en el primer impulso, para los acontecimientos entre el 26 y el del 29 de julio de 1968; allí no nos equivocamos, sabíamos lo que hacíamos..., bueno, por lo menos lo parecía porque las decisiones tomadas fueron las correctas, a tal punto que nadie puso en duda que sabíamos, y ciertamente, teníamos bien fundado lo que hacíamos, y eso fue suficiente, pero a la vez, ese fue nuestro máximo alcance de miras; lo demás, fue el aprendizaje a partir de nuestra propia experiencia directa sobre la marcha.

 

Esa experiencia directa, a la que escapaba toda capacidad de predicción, no podía sino estar plagada de errores de todo tipo.  Algunos de ellos nos pesaron con un gran cargo de conciencia por mucho tiempo.  Hasta que, por otras razones, entre 1997 y 1999 comenzamos a estudiar sistemáticamente y con profundidad tanto la teoría de la moral, la Ética; como la teoría del arte y de Lo Bello, la Estética.

 

Pero una vez entendida la teoría de la Ética, y en particular su relación con la política, comprendimos la naturaleza del cargo de conciencia y las vías de su solución.  El cargo de conciencia por los errores cometidos –sobre todo cuando estos no son de alta gravedad– no puede ser castigo eterno; moral y políticamente, la reivindicación siempre será posible.  Ello tiene que ver con la comprensión de la estructura del acto moral que necesariamente subyace al acto político, en el cual, a diferencia del acto jurídico, cuentan las motivaciones.  A pesar de los motivos que nos impulsen, las cosas pueden salir mal, podemos equivocarnos y cometer errores, pero el hecho es que esas motivaciones estarán siempre ahí, dándonos la oportunidad de la reivindicación social, una vez aprendido de los fallos.

 

Y en política, ello no es un aprendizaje menor, sino su esencia.  De ahí que ahora vayamos un poco más allá.  A Maquiavelo, esencia de la teoría política, no se le puede comprender, sino en función de un análisis ético-estético en el conjunto y contexto de su principal obra El Príncipe.  Aquella famosa frase en su Capítulo XVIII titulado: “De Qué Modo los Príncipes Deben Cumplir sus Promesas”, de: “Trate, pues, un príncipe de vencer y conservar un Estado, que los medios siempre serán honorables y loados por todos...”[3], sin su fundamente ético, es hecha “maquiavelismo” en su interpretación en un cinismo vulgar como <<el fin justifica los medios>>.

 

Tan sólo en el contexto de ese capítulo; ya no se diga en el de toda la obra y de su momento histórico, y todavía más en el de sus apostillas históricas; Maquiavelo dice: “...hay dos maneras de combatir: una, con las leyes; otra con la fuerza”[4]; y ahí, en el s.XVI, por “ley”, debe entenderse a su vez lo que aun no estaba teorizado sino en ese plano: lo moral (pues la Ética de Aristóteles es apenas un compendio de preceptos morales a su hijo Nicómaco; y la Deontología como rama de la Ética que teoriza estos aspectos morales, no aparece sino hasta el primer tercio del siglo XIX; no siendo sino hasta con Engels y particularmente con Lenin en su teoría del Estado, que todo ello se aclara y queda teorizado).  A eso se refiere Maquiavelo cuando dice que en un caso es comportarse como hombres (no sólo con la civilidad de la ley, sino moralmente), y en el otro como bestias.

 

Más aun, ahí mismo, Maquiavelo preestablece cinco virtudes: la piedad, la fidelidad, la humanidad, la rectitud y la religiosidad, que no pueden ser sino morales.  Si bien en nombre del bien común, de la razón de Estado, el político deberá “estar dispuesto a irse al otro extremo si ello fuera necesario”[5] (excepción que, por lo demás, confirma la regla de la necesidad moral).  El príncipe, el político, habrá de estar imbuido de moralidad en cada uno de sus actos.  “Por todo esto –dice Maquiavelo– un príncipe debe tener muchísimo cuidado de que no le brote nunca de los labios algo que no esté empapado de las cinco virtudes citadas...”[6]; y diez líneas después aparece su tan famosa frase citada.

 

El fin político, pues, justificará los medios, siempre y cuando, que..., tales medios presupongan el fundamento del deber ser moral.  El joven que ha de participar en las transformaciones de su país, habrá de actuar con la mayor integridad moral, y para ello deberá estudiar consistentemente la teoría de la moral, la Ética.  El fin de una sociedad más justa e igualitaria, más humana, no puede construirse sino con los medios de la mayor dignidad humana, con amor, con anhelos por la vida y la libertad; si bien deberá estar dispuesto a irse a lo opuesto; al desprecio y odio al enemigo, a la muerte, al sojuzgamiento; si fuese necesario, para someter las fuerzas que se oponen al cambio.  Prácticamente nos llevó la vida entender esto; confiemos en que las nuevas generaciones, sin esperar que su experiencia sea tomada como propia a partir de lo indirecto; con todo esto, estén más preparadas para enfrentar las nuevas situaciones cada vez de un más alto grado de complejidad.

 

De ese modo fue la vida en el Movimiento Estudiantil-Popular, y formación en él, del Comité de Lucha de la “Prevo” 5.  Allí nació, y así vivió, incluso aprendiendo a morir, ese pequeño grupo de estudiantes de esa maravillosa generación a la que nosotros pertenecimos.

 

Así, luego de la reflexión dada en este documento, siendo que el Comité moralmente había nacido con la más plena legitimidad, ello obligaba, de la misma manera, al protocolo de conciencia para decretar su fin en la formalidad de la transmisión del legado de una generación a otra.

 

Haciendo quizá un poco de filosofía, así como podemos decir que se puede existir, pero sin que ello signifique vivir; e incluso que se puede vivir –cual las mejores ideas del pensamiento humano a lo largo de la historia, diríamos, ajeno a toda metafísica–, en espíritu, más allá de la existencia física misma; así, el Comité de Lucha de la “Prevo 5” vivió, en su plenitud, en esos primeros días del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968; luego continuó viviendo con las transformaciones propias a todo devenir, primero multiplicado en la actividad diferente de sus integrantes, y poco después conceptualmente en el compromiso moral debido para con cada uno de sus miembros conforme estos se iban.  Cuando pareció morir, es que sólo se dio una tregua en su vida dejándose brevemente a la pura existencia; luego continuó su vida y hubo de sufrir lo irremediable en el proceso de la misma: transformarse, y hacerlo en un proceso tal, que siendo su propia negación, se viese afirmado en lo cualitativamente transfigurado.

 

Y con este documento, materializando esa cuarta y última participación dirigente a nombre de nuestro Comité, luego de cuatro décadas de historia, debemos decir, en lo formal y moralmente en representación del mismo, que, siendo el 40 Aniversario del año más maravilloso en nuestras vidas; en el cual nuestra aun breve y simple existencia se transformó en inconmensurable vida humana plena; el Comité de Lucha de la “Prevo 5”, ganado el futuro, y haciendo suya la posteridad, se da ahora en la nueva generación por transformado cualitativamente, en lo que ha de afirmarlo en la continuidad infinita de su lucha.

 

Así, a la memoria de los compañeros integrantes de ese Comité de Lucha de la “Prevo” 5: Miguel Reséndiz, tan osado como audaz; Víctor Cejudo Ayala, tan inteligente como decidido; y Gerardo Murillo, tan valeroso como buen camarada; en lo más solemne y sublime, con este testimonio para la historia y con la más absoluta dignidad y orgullo..., debemos decir, finalmente: ...el futuro, ha sido nuestro!.



[1]       Fuentes, Carlos; La Revolución de Mayo; Ediciones Era; México, julio de 1968; p.4.

[2]       Fuentes, Carlos; La Revolución de Mayo; Ediciones Era; México, julio de 1968; p.3.

[3]       Maquiavelo, Nicolás; El Príncipe; Editores Unidos, México, 1966; p.135.

[4]       Ibid. p.132.

[5]       Ibid. p 134.

[6]       Ibid. p.134.


 

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