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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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4 enero 2010 1 04 /01 /enero /2010 09:15

Clich--Literatura

 

El Comité de Huelga de la “Prevo 5” del IPN,
en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.
 Las causas profundas
 de una nueva situación revolucionaria.

Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 25 feb 10

 

Las causas profundas
de una nueva situación revolucionaria.

 

El deterioro económico, la descomposición social, la ilegitimidad política, el vacío ideológico, la ausencia de utopías; en suma, la alienación de cuarenta años, es hoy reflejo de las nuevas condiciones forjadas de una situación revolucionaria en la que nuevamente habrá de actuar la iniciativa histórica de las masas (el impulso espontáneo hacia una reorganización social para producir y distribuir sus bienes materiales); forzando una politización en breve lapso de aquellos preparados que sabrán estar ahí para cuando el momento histórico se los demande, y resuelvan para una sociedad más humanizada.

 

Desdoblando esta tesis en dos partes, veamos primero lo relativo a las causas de una nueva situación revolucionaria, y posteriormente consideremos la ruina del orden de cosas; aspectos ambos que verificaremos en el último apartado.  Así, las causas de una nueva situación revolucionaria ahí están, por sí solas acumulándose, agravándose y reclamando un cambio.  A partir del Instituto de Esalen, en California, E.U, como centro ideológico del capital, una de esas primeras causas de fondo está el desarrollo de un proceso de alienación social que ha conducido ya, para la primera década del siglo XXI auspiciado por la propia UNESCO, hasta una nueva Edad Oscurantista abierta.

 

La evidente falta de empleo general; bajo la consideración de que si el trabajo es lo que nos hace humanos, el despojo de éste a la sociedad, se convierte en un deliberado proceso de enajenación y deshumanización social, para cuyo no-entendimiento de sus causas y situación social ha operado ese profundo y sistemático proceso de alienación; más aun, sin capacidad de respuesta al perderse toda plataforma ideológica y darse un total vacío teórico, hasta la ausencia de las utopías mismas.

 

Reina pues, la pérdida de identidad, el despojo de valores, un relativismo, subjetivismo e individualismo extremos; el posmodernismo y su inherente pesimismo y fatalidad; la contracultura y la contrasociedad con su nihilismo muy propio, y con ello la pérdida de la noción de la verdad y el conocimiento científico, y de la libertad no como el concepto marxista o dialéctico materialista de la conciencia de la necesidad; sustituidas con el culto a la destrucción, al caos, a la guerra, y a la libertad por autodeterminación (como en la contracultura y el antiautoritarismo), o en el concepto existencialista de la posibilidad y voluntad; la primera como la no-afectación a la libertad del otro, y la segunda como la decisión de tener esa libertad (como en el caso de la escuela de Summerhill referida por Hugo Hiriat, y la llamada “Escuela Nueva” en general).

 

Es en esta consideración última de la libertad, que comentaremos brevemente sobre el caso de aquella “carga explosiva de profundidad” que pudo haber significado la experiencia en la educación formal, de la escuela de Summerhill, fundada en 1927 a propuesta de A,S. Neill (1883-1973).

 

“Paradigma de la educación antiautoritaria”[1], será calificada Sumerhill por Jesús Palacios en su antología, La Cuestión Escolar; donde el concepto de “libertad” será su principal característica.

 

Palacios sintetiza muy bien la idea de Summerhill como una estructura comunitaria o una “forma de vida” que, dice Palacios, “seguramente bendeciría con gusto el Marcuse de Eros y Civilización”[2]; diciendo Palacios al respecto: “Puesto que la escuela no puede ser <<curada>> si no lo es antes la sociedad, lo que hace Neill es crear un modelo alternativo de pequeña sociedad en la cual la educación escape del engranaje letal del capitalismo.  En definitiva, Summerhill no es ni más ni menos que eso: una contrasociedad”[3].

 

Para Neill, ese concepto esencial de “libertad”, se reduce a la pleitesía al individualismo de la tolerancia indolente, apolítica, de la más plena inconciencia social, en el <<vive y deja vivir>>: “libertad significa hacer lo que se quiera mientras no se invada la libertad de los demás”[4].  Una concepción existencialista del mundo, destinada a inmovilizar a las masas.  Pero con ello, en general, un psicologismo en la formación de la conducta social para atenuar hasta su anulación, sus inconformidades.

 

La sociedad ahogada en la corrupción y la impunidad, la delincuencia organizada en la que no pocos funcionarios de Estado se ven involucrados, la ilegitimidad política; la educación pública deliberadamente deteriorada para justificar la proliferación de la educación privada, y ésta como expresión más cruda de esa alienación; en suma, la ausencia total de expectativas, el vacío de todo.

 

Esa mezcla de las condiciones objetivas y subjetivas en crisis dan las causas profundas de los grandes movimientos sociales.  Las condiciones objetivas por sí solas no son suficientes para el cambio social; éste supone esencialmente la consideración de las condiciones subjetivas, y por dos partes: éstas, como la capacidad de la clase social en el poder para mantener su dominio; y las mismas, como la capacidad de la clase social oprimida para emanciparse.

 

Y por lo visto más arriba, todas esas condiciones están dadas, con una particularidad: no se ven las condiciones de la capacidad de la clase social oprimida para emanciparse.  Al final, ese proceso de alienación social, por ahora, ha hecho su efecto.

 

Sin duda, la historia lo demuestra, no puede negarse la importancia de la organización dirigente; sin ella, el brote espontáneo de la inconformidad y la insurrección misma luego de un proceso, acaba disipándose.  Pero lo que la historia también demuestra, en particular en América Latina o si se quiere, singularmente en México, es que, en general, la organización dirigente no organiza el proceso de masas (su inconformidad, su insurrección, o por lo menos, difícilmente lo hace), sino que por lo regular, lo que hace simplemente es estar ahí, tratando de organizar, haciendo conciencia; preparándose para darle direcciones al movimiento una vez desencadenado (por lo menos, el Movimiento del 68 es una clara evidencia de ello).

 

En última instancia, que el proletariado no cuente con un alto desarrollo subjetivo, esa condición de un Partido altamente ideologizado, organizado y disciplinado, no es tan determinante como el que la burguesía cuente con la capacidad para mantener el control.  No obstante, esa organización, o por lo menos la existencia de cuadros preparados, es condición de necesidad, y la escasa y débil organización con que se cuente, la cual aprenderá rápidamente en la fragua de la lucha, será suficiente para, en un momento dado, dirigir el movimiento a los más altos fines.

 

                               Y ahora que todas las condiciones están dadas, no hay quién salga al frente que no sea para mediatizar; y de ahí que la condición primera del cambio real, sea el brote real de inconformidad de las masas, el que “se arme la bola”; tras lo cual vendrá, en el seno del espontáneo movimiento de masas, la lucha de las organizaciones políticas con sus fundamentos teóricos e ideológicos para dirigir el proceso.  Pero así es el movimiento social, en ello está su complejidad; entre tanto, las contradicciones del sistema se seguirán agudizando, y, necesariamente, algún día, estallarán.



[1] Palacios, Jesús; La Cuestión Escolar, Críticas y Alternativas; Ediciones Coyoacán, Col. Diálogo Abierto, Pedagogía Nº 128; México, 2005; p.183.

[2]       Ibid. p.192.

[3]       Ibid. p.186 (subrayado nuestro).

[4]       Ibid. p.197 (citando Palacios a Neill).


 

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