Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog

Presentación Del Blog

  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
  • Contacto

Buscar

Archivos

4 enero 2010 1 04 /01 /enero /2010 09:08

Clich--Literatura

El Comité de Huelga de la “Prevo 5” del IPN,
en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968. 
La Transformación Cualitativa, Moral e Histórica,
del <<Comité de Lucha de la “Prevo 5”>>.

Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/: 
México, octubre, 2008.

 

Dejé de ver a Víctor a partir de que entré a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM en 1975.  Entre 1974 y 1982 milité en la Alianza Marxista Revolucionaria (una organización clandestina que trataba de reproducir lo más fielmente la experiencia bolchevique); a ello me refería cuando decía que a partir de 1974 el Comité había tenido un cambio cualitativo, tanto por lo que ocurría con los compañeros, como por esto último; en una experiencia política descomunal y brillante.  Pero, siete años después, entre 1982 y 1984 cursaba mis primeros estudios de posgrado, mi “posgrado de juventud”, en la Maestría y Doctorado en Geografía.  Me parece que fue en 1983 cuando Víctor llegó a mi casa montado en bicicleta; habían pasado unos cinco a siete años de que lo había dejado de frecuentar.  Él mismo me hizo saber la causa de ese lapso: había estado siendo hospitalizado para rehabilitación por su afección del delirio de persecución.  Esa fue la última vez que lo vi; ahora era, finalmente; y de hecho lo había sido ya desde esos cinco a siete años atrás, el que era abatido; y el compañero Víctor, el más capaz e inteligente, era ahora, y de hecho lo había sido desde 1974, el que con la mayor dignidad, contra su voluntad, se había visto obligado a caer en la lucha.

 

La causa de su problema –a mi juicio incluso quizá paradójicamente–, es que, cuando entre 1969 y 1972 estuvimos siendo presionados con un incesante pasar de agentes lentamente en automóviles; particularmente conmigo cuando regresaba por la noche a mi casa; viéndonos fijamente, señalándonos, yo me sonreía, no me intimidaron, hice caso omiso, y pronto dejé de ser de su interés.  El caso es que “ya me había templado o curtido” en la lucha: primero con algunas corretizas cuando intentaron detenernos durante el Movimiento (en una, la primera, la que nos alertó para las demás, Víctor detectó que un carro de agentes seguía el camión en el que íbamos, nos fuimos desplazando hacia la puerta, y en un semáforo, simultáneamente a que los agentes bajaban de su auto, nosotros descendimos del camión y echamos a correr); luego con lo del 2 de octubre; y más tarde, en 1971, cuando me confundieron con uno de mis primos, dirigente sindical democrático en la Sección 35 del STPRM, que se llamaba también Luis, igual que yo, deteniéndome en plena calle de Humboldt cuando regresaba de repartir la correspondencia de oficina, encañonándome con una pistola por la espalda y llevándome detenido prácticamente en calidad de secuestrado.

 

No me inquieté, sabía yo que no era “tan peligroso” como para una acción así, y más aun, sabía que buscaban a mi primo y de seguro me estaban confundiendo.  Y como fue, cuando me llevaban detenido y revisaron mi documentación, me reía por dentro al ver la confusión de esos torpes agentes; y las tonterías que comenzaron a decir me dejó en claro que yo andaba de paseo viviendo una interesante experiencia.  Cuando me presentaron ante su comandante para que me reconociera, sólo se oyeron mil maldiciones, y lo más interesante: “¡váyanlo a dejar donde lo detuvieron!”.

 

Quizá el infortunio para Víctor, fue que a él nunca, jamás, lo detuvieron, y cuando lo presionaron psicológicamente, el compañero cayó en esa psicosis que se llama “delirio de persecución”.  Su caso se agravó todavía más cuando el paso rasante y persistente de helicópteros en la persecución de activistas de la guerrilla urbana, que se agudizó justo en esos primeros años de la década de los setenta.

 

Ahora reinserto el pasaje que había suprimido una docena de  páginas más arriba (p.97):

 

 

“En ellos hay una trágica historia –decía–, ...excepto Miguel, que quizás ande aun por ahí, Víctor y Gerardo, fueron “muertos en vida”: Víctor, desafortunadamente –paradójico–, nunca fue detenido, nunca pudo experimentar qué era ser detenido e interrogado, amenazado, golpeado, estar en los separos de la Procu, o de plano en Lecumberri; él no cayó en el Campo Militar..., y esa inexperiencia lo puso en la indefensión psicológica a la hora de los hostigamientos y la persecución de los años setentas..., y perdió sus facultades.  A Gerardo, un militar lo golpeó con la culata en la cabeza..., y perdió sus facultades..., no sé si sobrevivan, la última vez que supe de ellos o los vi, fue, a Gerardo, allá por 1970; a Miguel, allá por 1973; y a Víctor en 1983....”

 

 

Y aquella carta que le envié a la revista Proceso en diciembre de 2001, concluía así:

 

 

“La historia de los más jóvenes en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 aun no ha sido contada..., espero poder hacerlo pronto como un homenaje a ellos.  A mí me tocó esa parte”.

 

 

Esos datos autobiográficos relativos ya sólo a mi persona, y que explicarán la conclusión de este trabajo, se sintetizan en los siguientes hechos.

 

Los años inmediatos al término de mis estudios profesionales, de 1980 a 1992, absolutamente en lo personal, fueron, con toda plenitud, nuestros años.  Hicimos nuestro primer posgrado y participamos con gran intensidad en la vida académica universitaria presentando ponencias en toda clase de eventos nacionales e internacionales, organizando y fundando varias sociedades profesionales con sus respectivos eventos científicos, haciendo algunas contribuciones de interés a nuestra disciplina de conocimientos.

 

En 1982; simultáneamente a que me había casado y en este año nació mi primera de dos hermosas hijas, terminando mi reproducción biológica con el nacimiento de mi hijo en 1986; abandonamos la militancia partidaria que había sido no más que una maravillosa experiencia en el romanticismo socialista; de un socialismo que en su experiencia del siglo XX se encaminaba al derrumbe.  Y éste empezó incluso en México con la disolución del Partido Comunista Mexicano y su viraje en dos tiempos, primero como Partido Socialista Unificado de México (PSUM), y luego como Partido Mexicano Socialista (PMS), al democratismo liberal.

 

Con motivo de las elecciones presidenciales del 82; primero toda la izquierda se polarizó en dos bandos fraccionando las anteriores organizaciones, al tomarse posición ya por la candidatura del Partido Mexicano Socialista (PMS, en las tradiciones “ortodoxas” del marxismo asociadas al stalinismo), ya por la candidatura del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT, de filiación a la IV Internacional y al trotskismo); y luego, en el proceso posterior, disolviéndose poco a poco todas las organizaciones de izquierda, las cuales finalmente se desaparecieron a sí mismas en el nuevo proceso electoral de 1988; tras lo cual surgió el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

 

A partir de ahí, la “geometría política” se hizo relativa: el PRD como organización “de izquierda”, sólo lo fue por estar en lo más a la izquierda de la derecha absoluta.  Acaso perduró “obcecadamente” representando a la izquierda otro partido comunista, el Partido Comunista de México (PC de M), que enfatizando su postura se denominó “Partido Comunista de México Marxista-Leninista” (PC de M-ML; y luego incluso agregaba, en medio de la diferencia Chino-Soviética, “PC de M-ML Línea Albanesa”, o “Pensamiento Enver Hoxa”); un reflejo, de otro modo, de la misma descomposición y el derrumbe.

 

Pero a partir de 1986, luego de cuatro años de receso, simultáneamente a nuestra actividad profesional nos involucramos, inevitablemente, en la actividad sindical; integrando la planilla a la representación en la Sección 34 del STPRM como Secretario de Organización y Estadística, por el sector de Técnicos y Profesionistas (por supuesto, perdimos; y la paradoja es que perdimos, precisamente contra la Planilla del “Movimiento Depurados 27 de Agosto”, el fundado con el movimiento democratizador de las luchas de 1958, pero ahora puesto por entero al servicio patronal).  El Comité de Lucha de la “Prevo” 5, en su espíritu, sobrevivía.  En realidad, fue allí donde acabamos de aprender que la política es un ajedrez de la realidad social en lo abstracto.  Aprendimos a desarrollar la visión o preclaridad en las condiciones y los acontecimientos, en las “jugadas políticas” en sí.  En el 68 apenas aprendíamos sobre la marcha, de la manera más mecánica, no había visión o preclaridad en nada, nuestro juego en ese ajedrez era mecánicamente, sin estrategia alguna porque no podíamos prever movimiento alguno[*].  La militancia en la época del romanticismo socialista más pleno, por una parte nos dejó una experiencia extraordinaria, pero por otra parte –otra paradoja– obnubiló, antes que esclarecer, esa capacidad de visión sobre esos movimientos ajedrecísticos y acerca de las condiciones económico-sociales y políticas.

 

Finalmente, en 1992, simultáneamente al derrumbe final del socialismo; pero no determinado por ello, sino porque salimos de PEMEX en la reestructuración de ese año, y luego con la crisis económica de 1994-1995, la vida se nos tradujo en un penar por la simple lucha por la subsistencia.  Abandonamos toda participación política, y nos dedicamos a la cátedra universitaria.  Ese es el año en que podríamos declarar el fin “informal” del Comité de Lucha de la “Prevo 5”.  Pero éste, aun cualitativamente, también podemos decirlo, en su espíritu, continuó su trabajo en nuestra persona en el plano de la conciencia.  De ello, años después, la flama se logró transferir en varios estudiantes, a la nueva generación de jóvenes.

 

Sólo brevemente volvimos a intentar una participación haciéndolo ahora en la nueva política nacional.  Con motivo de las elecciones del 2000, en medio del triste panorama, acudí a un Comité Distrital del Partido de Democracia Social (PDS); el “partido de la rosa”, dirigido por Gilberto Rincón Gallardo.  Me recibió una compañera que hacía de Secretaria, que a mi solicitud de hacerme miembro del partido, al mismo tiempo que me apoltronaba en un sofá a unos dos metros frente a ella, ésta me preguntaba la razón; simplemente –conociendo los antecedentes de militancia comunista de Gilberto Rincón Gallardo– le respondía que ello era porque ese me parecía un “partido de clase” (obvio, evidentemente, me refería a un partido que creí que respondía, si bien muy tenuemente, a los intereses de la clase social mayoritaria); a lo que ella contestó con un ademán ufano: “¡claro, este si es un partido con clase!”.  Y el ademán acompañado de la expresión y el sutil cambio de la preposición de clase, por con clase, de golpe me puso en la realidad de una época ya totalmente distinta.

 

No me hice miembro del partido, registrarse o no registrarse daba lo mismo, lo importante era contar con el voto, pero para lo cual tampoco contarían conmigo, ya que (en un viejo resabio anarquista) nunca he tramitado mi credencial de elector.  La compañera trabajaba directamente con el candidato a la alcaldía de la ciudad, y me invitó a ese Comité.  Aquello fue otra experiencia interesante, me convertí en una especie de asesor del candidato.  El asunto estaba planteado para no ganar (sic; así, tal cual), y pronto, perspicaz, todo el mundo voló; pero decidí quedarme a vivir la experiencia durante todo el proceso.  En los debates y relaciones con los demás candidatos, me quedó claro de qué se trataba la “política” ahora: el país estaba convertido en la gran cueva de Alí Baba, y todo no era mas que una rebatinga por el fabuloso botín y la negociación de los intereses personales más vulgares.

 

Poco después, finalmente decidí también ceder a mi posición, y acudí ahora a las oficinas del PRD: ahí, de principio, yo no era yo, sino apenas el abstracto registro de mi credencial de elector.  Y si ese mi “yo” habría de hacer algún bulto, eso sería en la medida de mi presencia en el “mitin del candidato”; y soporté algo de eso, sólo por acabarme de convencer de que ello era realidad.  No me registré, simplemente porque nunca tramité mi credencial de elector, ni me interesó ello para el caso.

 

Ese día, esperando al compañero para mi supuesto registro, vi en la cartelera una Convocatoria del periódico del partido para el <<Certamen Literario “Pluma del Sol”>>; tomé los datos y participé: lo gané con un ensayo con el título: <<”Ya”, de la Democracia Civil, a la Democracia Popular>>; inspirado en el lema: “¡Democracia Ya, Patria para Todos!”, que expuesto así expresaba una democracia sin apellidos, que se enunciaba desideologizadamente con el “Ya”; donde ese “Ya”, traducido, era la propuesta de conciencia de transitar de la Democracia Civil (de la “sociedad civil”, meramente gestora de un Estado ya perfecto, hegeliano, y para la eternidad), a la Democracia Popular (transformadora de las condiciones sociales), tanto en el marco de la propuesta general de refundación del PRD, como de las condiciones del llamado “Gobierno de transición”; pasando, dadas las condiciones objetivas ineluctables, del “Partido Frente” (origen de la “tribus”), al “Partido Social”, el de “todos los de este lado” (en la experiencia del PDS); en el que recomendaba acciones dirigidas a la disolución de las “tribus”, que de no cumplirse, predecían la catástrofe del PRD, misma que, al no haber ocurrido tales acciones, vivamente tiene ahora en este 2008.  Aquella breve experiencia pasó, y a partir de 2001 y hasta la fecha en este 2008, volvimos a abandonar la participación política.

 

Tiempo atrás, con motivo del 20 Aniversario del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968, el periódico La Jornada hizo una Convocatoria para integrar una antología testimonial.  La misma la coordinó Daniel Cazés, el cual seleccionó mi testimonio, mismo que se publicó en el Memorial del 68, Un Relato a Muchas Voces[1]; y por dicho testimonio me di cuenta que aun no estaba preparado para narrar los hechos; aun había pasión enceguecida y falta de información conclusiva sobre lo acontecido.

 

                              Me había dispuesto a redactar finalmente este documento para el 35 Aniversario del Movimiento, estimulado por la aparición de aquellas fotografías publicadas en la revista Proceso, pero otra vez se fue difiriendo; y el cursar mis segundos estudios de posgrado; mi “posgrado de madurez”; de Maestría y Doctorado en Filosofía entre 2003 y 2007, me abstrajo casi totalmente de esa tarea; de no ser porque, por alguna razón que no recuerdo, redacté en 2003 un breve ensayo para los estudiantes de la Universidad, al parecer con motivo de alguna discusión sobre los Derechos Humanos, titulado: “Culminación Previsible del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968: los Derechos Humanos y La Reforma del Estado”, que a continuación inserto, y ensayo por el cual se ve que la idea de que aun a nuestros días perdura no sólo el Comité de Lucha, sino su causa y el Movimiento mismo, era algo que intuitivamente estaba ahí presente.


[*] En la política sindical ocurrió todo lo contrario; veíamos más allá que ninguno; en mucho lo aprendí a hacer de un compañero, para no variar, matemático egresado de la ESFM del IPN, muy hábil en el análisis de las condiciones.  El Comité de nuestra Delegación Sindical de Técnicos y Profesionistas, incluso se condicionó a un funcionamiento muy valioso e interesante impuesto en la práctica por él: estaban los que por sus características (unos tres o cuatro) se enteraban fácilmente de rumores, “chismes”, y obtenían valiosos datos, que se convertían en tales, y hasta la admiración, en manos de aquel compañero que lograba darles real sentido y conectarlos en su causalidad con sucesos nacionales e incluso internacionales armando poco a poco un “rompecabezas” con una imagen extraña.  Pero, curiosamente, él no iba a más; qué hacer con eso, era otro asunto, y ello pasaba a mis manos haciéndose síntesis y previsión de hechos en el trabajo político-sindical; en ese mosaico discontinuo e informe que mostraba algo horrendo, con la sorpresa y admiración de todos, alcanzábamos a ver, siempre incompleto, a <<Saturno, Cronos Devorando a sus Hijos, ante la profecía de Urano; aquello era de Goya, y su estética estaba en una rica mitología oculta, y la lográbamos descifrar>>; alcanzábamos a ver más que nadie.  Nuestra capacidad de previsión de los acontecimientos llegó a ser tal, que los compañeros dirigentes supuestamente más informados y preclaros, llegaron a sospechar que estuviésemos recibiendo información de la Secretaría de Gobernación.  Incluso el principal camarada al que había transferido la vida de la Célula de la AMR, un compañero de “altos vuelos”, no podía creer en los análisis y la información que le pasaba, dándome cuenta de la enorme ingenuidad con la que operaban los cuadros políticos de partido, siendo víctimas cándidas de un par de tipos de los que tuve suficientes razones para sospechar que fueran de la policía política, y que por muchos años liderearon y controlaron el movimiento sindical democrático (los que bien sabían lo que habíamos logrado descifrar, pero que a la vez no podíamos revelar sino con la seguridad de pasar por provocadores; y se reían cínicamente de nosotros sin que pudiésemos hacer más nada que, a su vez, reír).

[1] Hernández Iriberri, Luis Ignacio; El Aire Fresco de Esa Noche; en, Cazés, Daniel; Memorial del 68; Un Relato a Muchas Voces; Ediciones la Jornada; México, 1985; pp.137-141.


 

Compartir este post

Repost0

Comentarios