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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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4 enero 2010 1 04 /01 /enero /2010 09:17

Clich--Literatura

 

El Comité de Huelga de la “Prevo 5”,
en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.
 
La alienación social:
el reflejo de una nueva
situación revolucionaria

Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;
México, 4 mar 10.

                                 El psicologismo en la educación formal (válido en cierto modo quizá en la educación básica), pero en donde los estudiantes de nivel superior son tratados como casos clínicos de psicoterapia; aunado al proceso que llevó de la “contracultura” del Instituto de Esalen, al programa educativo en la posmodernidad de la UNESCO una vez desparecida la Unión Soviética, con lo que tal organismo de la ONU, sin aquellos delegados del comunismo, no tiene restricciones ideológicas para operar los proyectos del capitalismo; constituye, pues, un hilo conductor único del proceso de alienación social.

 

Ante todo ello, verifiquémoslo preguntándonos a su vez ahora sobre las condiciones subjetivas del proletariado.  En principio, sin dificultad puede verse el deterioro paulatino de las capacidades del proyecto del proletariado en el curso de las últimas cuatro décadas.

 

Terminaremos este ensayo verificando, en una crítica al sistema filosófico en el cual convergen el psicologismo y la contrasociedad, la contracultura y el psomodernismo, con un análisis muy sucinto de los planteamientos de la Escuela de Frankfurt, el llamado “neomarxismo”, o de “los teóricos de la suerestructura” [a]; en el ejemplo de un solo autor que no sólo sintetiza muy bien la problemática a discutir, sino que esencialmente antes lo hemos mencionado aquí como profesor en el Instituto de Esalen: Carl Rogers, para mostrar cuan esta filosofía verdaderamente revisionista del marxismo, hoy obstaculiza la capacidad directiva del proletariado.

 

El punto central de los planteamientos de C. Rogers, es su teoría de la personalidad y de las relaciones humanas, pero tratadas como un problema de psicoterapia (que en este autor ello equivale a problema de la educación).

 

Sin duda, el problema de la personalidad del individuo y el problema de las relaciones humanas, puede ser tratado desde el ángulo de la psicoterapia; esto es, desde el ángulo de la conducta pulsiva o inconsciente.  Pero pretenderlo así para el análisis social, es reducir al individuo y a la sociedad a casos patológicos, es decir, sufriendo una enfermedad emocional; cuando el individuo humano y la sociedad, tratados socialmente, no puede serlo sino desde el punto de vista de sus determinaciones económico-políticas en su conciencia, y de ésta, por lo tanto, como su conducta volitiva o moral.

 

Esos planteamientos de Rogers, pues, están preñados de individualismo; del individuo que ha de “comprenderse a sí mismo”, por la “valorización del “yo” (...) [mediante] la concepción que el sujeto hace de sí mismo”[1]; cuando el planteamiento verdaderamente marxista, incluso de raíces hegelianas, es que el individuo social, para conocerse a sí mismo, sólo lo puede hacer a través de la otredad, de su alteridad, y más esencialmente dicho aun, de su alter ego; del otro en el que antes de ver un extraño y lo diferente, se ve a lo semejante como el “otro yo” en el que él mismo se reconoce, incluso, perfeccionado.

 

Una tesis importante de Marx; de hecho subyacente en el espíritu general de este documento; es también aquella en que éste plantea que las masas sociales poseen una iniciativa histórica.

 

Lo que debemos entender por esa “iniciativa histórica de las masas”, es el fundamento materialista histórico del progreso social dado en el objetivo desarrollo de los elementos de producción, transformadores de las fuerzas productivas; y ello, en el seno de una sociedad cada vez demográficamente creciente y de una organización cada vez más compleja; llevan necesariamente a la más esencial y profunda contradicción económico-política dada en las relaciones de producción, en el carácter privado de los medios de producción, y la necesidad social del proceso productivo.  Es ese fundamento el que da la base material de la “iniciativa histórica”, misma que tiene otros componentes más de carácter ideológico, incluso en lo ético y estético, y empuja a las masas a los cambios necesarios.

 

Tal hecho supone el acto espontáneo, mas esa “iniciativa histórica de las masas” no es exclusivamente un acto espontaneísta, sino el movimiento social que responde a una ley social económico-política, y que brota espontáneamente justo cuando las condiciones están dadas.

 

Estos planteamientos elementales de Marx son bien aprendidos por Carl Rogers, y luego perversamente distorsionados y vulgarizados, identificando en una pretendida generalización válida, al individuo humano, como un simple “organismo”.  Así, dice dicho autor: “si las condiciones circunstanciales se mantienen favorables, el organismo tiende, invariablemente, a la actualización[2].  Y como bien lo apunta Jesús Palacios, “la palabra <<tendencia>>, hace aquí, de hecho, referencia a una <<espontaneidad automática>>”[3]; donde por esa “tendencia” se entiende “desarrollo”, categoría más amplia y con mayores connotaciones que la de “progreso”, implicando con ello el concepto de “realización humana”.

 

Ya con esa premisa falsa, Rogers saca sus conclusiones idealistas metafísicas: <<El “yo”, el individuo real, ha de tender al “yo ideal” en un proceso de desarrollo o autorrealización>>.  Pero si, como un fundamento esencial del marxismo, hemos de aceptar la naturaleza social del ser humano, su realización; esto es, el que el ser humano sea un ser humano real; no podrá ser nunca por “autorrealización”.  El ser humano, para ser un ser humano real, ha de realizarse socialmente; es decir, en función de los demás, de su otredad, de su alteridad, y más aun –decíamos–, reconociendo en ésta a su alter ego, a su “otro yo” incluso perfeccionado, como un espejo en el cual se identifica.  La realización del ser humano, el ser humano real, ha de ser la realización social del ser humano.

 

El planteamiento de Rogers no es así, mas que un planteamiento misticísta, oscurantista, en consonancia con los fines alienantes de Esalen.  No por otra cosa Palacios, en el comentario que en su antología hace al trabajo de Rogers, anota: “Se ha criticado con frecuencia a Rogers que, al no incluir entre las variables que maneja aquellas que son de tipo sociológico, el individuo salido de su terapia [b] sería un individuo conformista y renuente a todo tipo de <<sublevaciones>>”[4].  De ahí que, para concluir con este autor, comentemos una cita del más puro estilo alienante “neomarxista”, de ese fetichismo “posmodernista” metafísico, misticista, esotérico, en el que, en una acrobacia oscurantista, las cosas se invierten confundiendo los efectos como causas o introduciendo subrepticiamente un “cuarto término” para confundir las causas reales; dice Rogers: “Si tomamos las concepciones de los demás como nuestras, perdemos contacto con la sabiduría potencial de nuestro propio funcionamiento y perdemos confianza en nosotros mismos”[5].  He ahí, el forjamiento de una nueva Edad Oscurantista, favorecido por el derrumbe del Realismo Socialista, y el ascenso del Posmodernismo [c].

 

Frente a ello, a manera de conclusión en este ensayo, no queda sino referirnos por último a las condiciones subjetivas del proletariado en la nueva situación revolucionaria, y a lo que ciertamente, le caracteriza un vacío orgánico, ideológico y político, frente a un proyecto fatalista propio al milenarismo oscurantista de los grupos de poder actuales.

 

Así, sin que lo siguiente quiera decir hacer “culto a la espontaneidad de las masas”, debemos esperar el nuevo brote de su iniciativa histórica ante una aguda crisis económica, social, política e ideológica.  Sin duda habrá, siempre habrá, los cuadros preparados necesarios para, por muchas que sean sus limitaciones teóricas y su experiencia política, en la fragua de “la bola” ya podrán organizar y dirigir a los más altos fines la nueva lucha.

 

Invitado por la nueva generación de estudiantes universitarios de la ciudad de Cuernavaca, en el Estado de Morelos, a los actos conmemorativos del 40 Aniversario del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968; lo que en mucho motivó el finiquitar este documento; curiosamente estudiantes de las escuelas privadas, los dignos herederos de aquellos jóvenes del 68 de la Universidad del Valle de México que para el 13 de agosto se integraron al Movimiento yéndose a la huelga, o de la Universidad Iberoamericana, que para el 15 de agosto se pronunciaban en el apoyo al mismo; para que en plaza pública les dirigiera un discurso; siendo ello un acto político que necesariamente respondía a los intereses de una o algunas organizaciones, presté atención al hecho de que tal evento estaba siendo organizado, entre algunas instituciones educativas privadas y la Universidad pública de Morelos, por una agrupación denominada “Jóvenes por la Revolución Cultural”, del “Club Rotaract” [d], que para nada sonaba a estudiantil, pero que se pronunciaba, al igual que el Comité de estudiantes, por caracterizar al Movimiento del 68 como un movimiento de “Revolución Cultural”, y por constituirse ellos mismos en una lucha por una “Revolución Cultural”.

 

Entendiéndose la cultura en general siempre como algo positivo, aquello que constituye el concepto de desarrollo mismo de la sociedad, la contracultura adquiere un dejo negativo hasta lo nihilista; pero, justo por ello, con un sentido positivo, ahora se le llama “Revolución Cultural”.  Sin embargo, plantearse simplemente el revolucionar la cultura, ya pone en entredicho a tal “Revolución Cultural”, pues entonces habrá que reconocer que la cultura, esa cultura en general, tendrá algo que la estanca, que impide su desarrollo, e incluso la hace retrógrada; y más aun habrá que precisarla, cuando el problema se plantea ya no en general, sino en particular, en cuanto a qué tipo de cultura prevaleciente es la que ha de revolucionar.

 

Mao, como éste en el extremo del absurdo en Pol Pot, no dudarían en decir que esa cultura a revolucionar sería la burguesa por el sólo hecho de ser burguesa, sin distinguir de ésta ni sus momentos históricos ni sus lugares ni formas; y entendiendo por revolución, legítimamente, por un lado la destrucción, y por otro la imposición; sin caer en cuenta que esa revolución es una Revolución Cultural y que por definición, en consecuencia, ha de ser relativa a la conciencia social; tal revolución no habrá de darse, ni por el nihilismo anarco emanado de Esalen, ni por vía de la violencia destruyendo físicamente los valores materiales y espirituales aportados por aquella no obstante su forma de clase; pues haciéndolo así, en la destrucción física, se atenta –como lo hizo la “Revolución Cultural China” y la “reeducación” polpotiana– contra la cultura misma en general en su desarrollo positivo.  Por lo tanto, una Revolución Cultural verdadera ha de ser en principio una revolución de conciencia en la larga lucha generacional, de la demostración de los valores de la nueva cultura en contraposición a los viejos y obsoletos valores.

 

Hoy, una Revolución Cultural no podría ser sino la propuesta cultural de la moralidad humanizante del proletariado, frente a las formas alienantes de la cultura burguesa ya decadente, muy lejos de sus aportes al desarrollo humano de los ss.XVI-XVIII, del Renacimiento a la Ilustración, lapso en el cual esa burguesía fue progresista y revolucionaria, e impuso la revolución cultural del método científico frente al escolasticismo.

 

Esa “Revolución Cultural” de que hoy hablan esos estudiantes, ha de tener lugar en el campo de la ciencia y las artes.  Y en el campo de las artes, ninguna de las Musas es anodina, ni el canto, ni la música, ni la danza; no lo es la literatura en sus formas de novela, narrativa, cuento o poesía; ni el teatro, la escultura, la arquitectura o la cinematografía; todas responden a los intereses de las clases sociales y expresan sus ideales.  Pero en ninguna de ellas como en la pintura –por razones que ahora no discutiremos– se expresa tan vivamente el choque de esa lucha de clases.  Con la ciencia, más discretamente, sucederá otro tanto.

 



[a] Punto esencial de su revisionismo, al hacer a un lado la consideración de la estructura y con ello la fundamental tesis de Marx, de que <<el ser social, es el que determina la conciencia social>>.

[1] Palacios, Jesús; La Cuestión Escolar, Críticas y Alternativas; Ediciones Coyoacán, Col. Diálogo Abierto, Pedagogía Nº 128; México, 2005; p.213.

[2]       Ibid. p.213 (subrayado suyo).

[3]       Ibid. p.214.

[b] Y aquí por “terapia” debe entenderse “educación”, principalmente formal, en tanto que para dicho autor uno y otro concepto son idénticos.  Palacios menciona como la hipótesis de Rogers, el que: “La <<mejor>> educación desarrollará una persona muy similar a aquella que produce la <<mejor>> terapia” (Ibid. p.231).

[4] Ibid. p.232.

[5]       Ibid. p-241. 

[c] Ese proceso oscurantista profundizando su agresividad alienante tanto en la educación formal como informal, ha hecho de los medios de comunicación, principalmente la televisión, su principal herramienta de estupidización; pero, quizá más grave aun, lo que confirma el real y verdadero genocidio intelectual sobre la juventud, es la aplicación de las teorías pedagógicas en la educación formal, en los años ochenta-noventa, del llamado “constructivismo” (un conductismo con tintes “racionalistas”), e impulsándose durante la primera década del siglo XXI para proyectarse en lo futuro, la llamada “Pedagogía Global Interactiva” (u “Holística, pero también identificada como “Pedagogía Crítica”), en la que, sin reserva alguna, se invoca a los teólogos escolástas medievales y al “conocimiento por revelación”.

[d] “Rotaract”, acrónimo en inglés de “Rotarios en Acción”, una organización juvenil del “Club Internacional de Rotarios” en calidad de Organización No-Gubernamental, fundado ni más ni menos que en 1968 en Carolina del Norte, E.U, con la idea de formar “líderes” profesionales (ese peligroso tipo fascistoide de “líderes” por autodeterminación, que no por una legitimidad social), sumando ya casi 8,000 clubes en casi todo el mundo, con cerca de 175,000 miembros; lo que bien redondea el asunto.


 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Literatura
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