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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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4 enero 2010 1 04 /01 /enero /2010 09:11

Clich--Literatura

El Comité de Huelga de la "Prevo 5" del IPN,
en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.
 Los Años Sesenta del siglo XX.

Luis Ignacio Hernández Iriberri.
"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 11 feb 10.

Y para terminar de integrar el anterior ensayo al cuerpo de este documento, debo agregar: esas luchas, como muchas más que están en la historia de esos años; el movimiento de los médicos, la destitución del Dr. Ignacio Chávez como Rector en la UNAM, el asesinato del líder guerrillero morelense Rubén Jaramillo, los levantamientos guerrilleros en Guerrero, primero con Genaro Vázquez, y luego con Lucio Cabañas, y en Chihuahua con los hermanos Gamiz; o la huelga estudiantil de la Universidad Nicolaíta; hicieron síntesis, como causalidad profunda, en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.  Cada movimiento, por modesto, por aparentemente insignificante, por desconocido que haya sido, o en el futuro sean, han significado y significarán siempre un paso adelante en el logro de cada vez mayores libertades democráticas.

 

Pero el texto de ese ensayo, lo que claramente nos da, es el conocimiento de las condiciones económicas, sociales, política e ideológicas en las cuales se fraguó el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.

 

Luego, un año más después, en el 2006, en algún otro Seminario sobre el México contemporáneo acerca de los años sesenta, en el doctorado, presenté un ensayo más al respecto de la trascendencia del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 y la vigencia de su espíritu de lucha, que ahora, a su vez, juzgo oportuno insertar aquí, titulado: Los Años Sesenta del siglo XX:

 

 

“Los Años Sesenta del siglo XX”.

 

<<La represión en los primeros años de la década de los sesenta, a los movimientos obreros iniciados desde fines de los años cincuenta; el asesinato de Rubén Jaramillo y su familia; el embaucamiento y represión al movimiento de los médicos; la represión al levantamiento en Ciudad Madera, Chihuahua y al Movimiento Estudiantil de la Universidad Nicolaíta, tuvieron, todos en su conjunto, un momento histórico de conclusión en los acontecimientos del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968.

 

Más aun, dicho acontecimiento político-social no sólo caracteriza en su esencia a toda esa década, sino es –a nuestro juicio, a la luz de los hechos a treinta y siete años-, muchísimo más que un simple acontecimiento que arrojó; en mucho, incluso, pos facto; algunas reformas políticas y cambios sociales; sino una verdadera divisoria histórica.  Esto es lo que demostraremos en este trabajo.

 

El Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 en México es por ello, la expresión más viva de la dialéctica entre la libertad y la necesidad; esto es, entre la autodeterminación y voluntad de acción del ser humano y las leyes objetivas de lo social; es decir, ajenas o independientes a sus deseos o voluntad; que efectivamente le determinan.  Es, en ese sentido dialéctico, al mismo tiempo un acontecimiento lo mismo sublime que trágico, ennoblecedor y alegre, que funesto y terrible; lo mismo festivo, que fatal.  Y tanto más, que ocurre no en el ámbito del recurso laboral de un trámite de ley, ni –en lo que de ello lo haya- en la figura del romanticismo impostado del guerrillero de la época; sino en el ámbito de los jóvenes en los niveles de estudio Medio Superior y Superior, que luego reciben el apoyo popular solidario, y que brota en toda su magnitud de la manera más espontánea; diría Marx, en la plenitud de la “iniciativa histórica de las masas”,  Y cuando decimos “brote espontáneo”, no dejamos de tener en cuenta la innegable provocación del Estado, que como tal, pretendió ser un medido acto premeditado.  Así, lo espontáneo, se refiere precisamente a esa acción de respuesta inesperada en esa “iniciativa histórica” que fue más allá de toda medida preconcebida.

 

Sin hipérbole alguna, el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 constituye una divisoria histórica, precisamente porque luego del mismo, el Estado; con especial interés, preocupado por que aquello no volviese a ocurrir; sometió a las generaciones de jóvenes posteriores, a un literal genocidio intelectual (esto es, a un “exterminio sistemático de un grupo social”, en este caso el grupo de jóvenes estudiantes entre 18 y 28 años de edad); no sólo primero mediante la violencia extrema de la “guerra sucia” de los años setenta; sino luego, así, continuadamente, en segundo lugar, mediante la sutil “guerra ideológica” dada en el ámbito de la educación, insertando de manera rígida la educción bajo la pedagogía conductual-pragmática (con la cual se funda el Colegio de Bachilleres de la Secretaría de Educación Pública); y ante lo cual apenas se enfrenta el proyecto de la educación bajo la pedagogía estructural-funcionalista con que se fundan los Colegios de Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México; y luego, mediante un tercer elemento, se difunde con particular énfasis la filosofía e ideología del llamado “posmodernismo”, que condiciona a las nuevas generaciones al pensamiento anticientífico y a la manera de ser apolítica, conformista e individualista, que fue caracterizando cada vez más a la equívocamente llamada “Generación Perdida” de los jóvenes entre 18 y 28 años de edad, que acaban asumiéndose así, como “jóvenes perdidos” durante los años ochenta, y más aún perversamente, de igual modo, a la denominada “Generación X” de los jóvenes que se asumen así, irrelevantes, intrascendentes, sin identidad alguna, de los años noventa; hasta llegar, con pleno éxito para el Estado, a la alienación extrema dada en la condicionada “Generación Light”, de los jóvenes universitarios sumidos en el individualismo, en el relativismo y subjetivismo extremos, con nula conciencia social (hablando siempre en lo general), de la primera década de este siglo XXI.  Nada de esto ocurrió mágicamente, por más que aquella “Generación del 68” se encuentra ahora estupefacta ante una situación que jamás pensó, y mucho menos pudo haber deseado para sus hijos.

 

Demostremos lo anterior mediante un sencillo silogismo desarrollado en el contenido de los siguientes apartados.

 

 

1  La “Iniciativa Histórica de las Masas”, 
    entre la Libertad y la Necesidad [a]

 

El deseo de una vida social menos autoritaria; de hecho, el deseo de acabar con toda forma de autoritarismo: “¡Prohibido Prohibir!”, gritaban los muros en 1968; lograr una sociedad en que imperara mayor libertad y una verdadera democracia: “¡Libertades Democráticas!”, fue el lema de aquel Movimiento; constituyó la esencia de aquella movilización social en que el estudiantado tomó las calles de la Ciudad de México.  Y el pueblo, reprimido una y otra vez en los años inmediatos anteriores, sumido en la desigualdad e injusticia social, se vio representado en aquella anhelante juventud.

 

Cuando el movimiento se inicia, se inicia con una represión violenta; difícilmente podría esperarse que no terminara ahogado en sangre; y la paradoja es que entonces nadie, no sólo no esperaba un desenlace trágico como el ocurrido el 2 de octubre, sino en lo absoluto tal cosa podría haberse imaginado.  Mas, debemos decir con Marx no obstante la magnitud de la tragedia: “De cualquier manera (...) la insurrección (...), en el caso de ser aplastada por los lobos, cerdos y viles perros de la vieja sociedad, constituye (una) proeza...”[1].  Sólo así podremos empezar a entender la tragedia y a aceptarla no con el pesimismo de la fatalidad, sino con la dignidad que merecen los caídos en la lucha por las libertades democráticas.  “Marx –dice Lenin-, pone, por encima de todo, el que la clase obrera crea la historia mundial heroicamente, abnegadamente y con iniciativa...; incluso por una causa sin perspectiva, es indispensable para los fines de la educación ulterior de estas masas y de su preparación para la lucha siguiente”[2].  Y así, una memoria fatalista que vive unilateralmente lamentando la tragedia en vez de celebrar el costo de la proeza heroica, se predispone con temores, cuando no, niega la lección histórica y se desmoraliza.  Desea, y fervientemente, que no vuelva a ocurrir lo que inevitablemente habrá de darse, porque esa es la condición de necesidad –así lo registra la historia- en la lucha por la libertad.

 

No es no-rememorar el “2 de Octubre”, sino hacer memoria de él de otro modo, con otro sentido; no con el sentido de los que ahí murieron porque fueron masacrados cobardemente, sino con el sentido de aquellos cuyo sacrificio heroico nos dejó una lección de alta valía revolucionaria: tarde o temprano, cuando las masas se insurreccionen, el Estado lo volverá a hacer por un elemental principio de poder.  Pero entonces sabremos estar ahí para morir dignamente, con la mayor entereza moral.

 

En el artículo: “A la Memoria de la Comuna”, Lenin se refiere a los cuarenta años ha de aquella insurrección, narra las celebraciones y honras fúnebres del proletariado en “las tumbas de los comuneros fusilados durante la terrible “semana de mayo”, y (el que) ante ellas volverá a jurar que luchará sin descanso hasta lograr el pleno triunfo de sus ideas, hasta dar cabal cumplimiento a la obra por ellos legada”[3].  Es pues, otro el sentido, no es el temor a que tales hechos se repitan, sino más bien el desafío histórico a los opresores a que lo vuelvan a hacer ante la causa justa de la lucha por las libertades democráticas.

 

 

2  El Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 en México: 
    una “Iniciativa Histórica de las Masas” [b].

 

En otro artículo de Lenin titulado “Las Enseñanzas de la Comuna”, en su último párrafo escribe: “No importa que (las) sublevaciones de la clase obrera hayan sido aplastadas.  Vendrá una nueva sublevación ante la cual serán las fuerzas de los enemigos del proletariado las que resultarán débiles.  Ella dará la victoria completa al proletariado socialista”[4].  Es claro, un teórico de la revolución como Lenin nos extrae la lección histórica: cuando las masas vuelvan a insurreccionarse, el Estado lo volverá a hacer; el asunto es, de qué lado estará la correlación de fuerzas.

 

Ese vis de las masas en su “iniciativa histórica” es precisamente lo que estuvo presente en el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968; aun cuando ciertamente, en el vis a vis con el Estado en ese momento histórico, la desproporción fue enorme.  Pero cuanto más fue la desproporción en el frente a frente de una fuerza ante la otra, tanto mayor la derrota histórica y moral del pírrico “vencedor”.

 

Ese Movimiento –se ha repetido por todos sus protagonistas- no tuvo “líderes”, sino representantes, todos surgidos espontáneamente por decenas y cientos.  Fue esa espontaneidad la esencia de la fiesta popular: por poco más de cuarenta y cinco días, el pueblo tomó las calles; cierto es, tímidamente a través de la decidida acción de los estudiantes, pero ese fue el verdadero Movimiento Estudiantil-Popular: la toma de las escuelas, el “boteo”, las brigadas y el “volanteo”, los perros pintados o portando carteles, los discursos en los camiones, en los cines, en los mercados y en las plazas; los festivales, las marchas “de todos”, hasta de los que expectantes veían y saludaban el paso de las manifestaciones, ya del griterío como la del 27 de agosto, ya del impresionante silencio como la del 13 de septiembre.  La creatividad afloró sin límites, fuimos, en la medida que la espiritualidad humana creativa se manifestó plena.  Ese fue el verdadero Movimiento; la tragedia del 2 de octubre, sólo lo ennobleció.

 

 

3  El Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 en México: 
    Divisoria Histórica [c].

 

Concluyendo en un lógico-formal consiguiente: el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968, no sólo visto en su perspectiva histórica de forma que caracterizó aquella década, sino por cuanto a su contenido, puso la marca de un momento histórico-político y social tras el cual quedó un México de autoritarismo y prepotencia, y abrió las perspectivas de un México, finalmente, con mayores libertades democráticas.

 

Mas el Estado no sólo tomó la ofensiva militar a partir del 18 de septiembre y durante todo el lapso de la “guerra sucia” durante la década siguiente; sino tomó la ofensiva en el sutil plano de lo ideológico, y por los últimos casi cuarenta años ha atenuado, hasta nulificar, todo viso de insurrección estudiantil.  Mas el problema no es la insurrección de los estudiantes, que difícilmente pasará de cimbrar al Estado, pero nada más, pues la verdadera revolución ha estado y estará, en manos de la clase obrera.  El problema real, es que ese Estado anuló, más allá de la mediocridad e ignorancia oscurantista, a las nuevas generaciones.

 

 

Conclusión.

 

No casualmente Luis González de Alba se pregunta: <<¿Por qué hemos llegado a tales extremos de rechazo a la razón?>>; y allí en donde él duda preguntándose si <<¿será esta obcecación producto de la educación que hemos dado a las dos últimas generaciones?>>, nosotros afirmamos: sí, ha sido la educación; no la familiar o informal, sino la formal o escolar, reforzada con la subliminal “guerra psicológica” a través de los medios de comunicación para el condicionamiento de masas>>.



[a] Premisa antecedente: <<Toda “iniciativa histórica de las masas” es la expresión más viva de la dialéctica entre la libertad y la necesidad, que constituye una divisoria histórica>>.

[1] Lenin, V.I; Prefacio a la Traducción Rusa a las Cartas de C. Marx a L. Kugelman”; en Lenin, V.I; “La Comuna de París”; Editorial Progreso, Moscú, (s/f); p.18. [Lenin cita a Marx, aludiendo éste a la insurrección de la Comuna de París]

[2] Ibid. pp.18-19 (subrayados suyos)

[3] Op. Cit. p.24, en Lenin, V.I; “La Comuna de París”; Editorial Progreso, Moscú, (s/f).

[b] Premisa de tesis: <<El Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 en México, fue producto de la “iniciativa histórica” de las masas>>.

[4] Op. Cit. p.23; en Lenin, V.I; “La Comuna de París”; Editorial Progreso, Moscú, (s/f)

[c] Consiguiente hipótesis: Luego entonces, <<El Movimiento Estudiantil-Popular de 1968 en México, es la expresión más viva de la dialéctica entre la libertad y la necesidad, que ha constituido una divisoria histórica>>.


 

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