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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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14 octubre 2012 7 14 /10 /octubre /2012 22:04

Argo, ConstrucciónEl Espacio Geográfico como la “Mare Nostrum”, y la Constante Expansión Histórica de sus Horizontes.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

13 oct 12.

 

El Perimetrón de Anaximandro, no podía ser sino como resultado de los Ulises de su tiempo, esos grandes navegantes de los Siete Mares de la “Mare Nostrum” antigua, centro de conocimiento del mapa de éste y reflejo del espacio geográfico hasta entonces explorado, y en donde “lo demás”, lindaba en la hipótesis.

 

Todo comenzó allí donde el padre de Teseo, creyéndolo destruido por el Minotauro, decidió ahogarse, y de ahí el mar que lleva su nombre, el Mar Egeo.

 

Zarpó de Yolcos la nave “Argos”; nombre en honor a Panoptes, a Argón, el que, con sus cien ojos, todo lo ve; con sus cincuenta y dos míticos expedicionarios, rumbo a la Clóquide (el lugar de “los otros”), en pos de la aurea piel de lana de Aries.

 

Al frente de la expedición estaba Herácles, pronto desplazado por el amotinado Jasón en Misia, donde fue abandonado.  De ahí la exploración se extendió al Mar de Tracia, y atravesando el Helesponto, el Estrecho de los Dardanelos, descubrió el Mar Mármara; y tras el Estrecho del Bósforo, el “Ponto Euxino”, el extremo Mar Negro, en cuyo profundo horizonte de tinieblas estaba el Vellocino de Oro, objeto de su viaje.

 

En el extremo opuesto, del Egeo Meridional o Mar de Creta navegado por el argonauta Teseo, en otras exploraciones se desembocó en la “mar abierta” (ciertamente, aún dentro de la “Mare Nostrum” antigua), el Mar Jónico; y de ahí, el séptimo y “lejano” mar, el Mar Adriático.

 

Navegar al Mar Tirreno y al Mar de Liguria, fue poner fin a la leyenda de los míticos Siete Mares, y pronto la “Mare Nostrum”, ese centro de exploración del espacio geográfico de la Antigüedad, sólo fue ya el Mar Mediterráneo, de una tierras, a su vez, rodeadas completamente por la “Mar Océana”.

 

Más allá de las Columnas de Hércules, en un nuevo horizonte profundo, estaba lo insondable: el Océano Atlántico; pero en el otro extremo del Mediterráneo, cruzando el corredor de Port Said, se desbordó al Mar Rojo, y cruzando la “Puerta de los Lamentos”, el Estrecho de Báb el Mandab, se desembocó en el Golfo de Adén, y un nuevo horizonte sin límites mostraba la extensión del Océano Índico.

 

La exploración de la nueva “Mare Nostrum” ampliaría el conocimiento del espacio geográfico, llegando en un extremo a Thule, y en el otro a Taprobana; sólo para saberse que aún había más espacio por recorrer; y tánto más aún, que el que habían navegado hasta ahí.  La antigua “Mare Nostrum” del Mar Mediterráneo, fue suplida por la nueva “Mare Nostrum” del Océano Mundial; como los Siete Mares antiguos, ahora éste estaba formado por cinco grandes Océanos, que llevó toda la Edad Media y aún hasta hace apenas un siglo, el acabar de descubrirlos por completo.

 

Y no habiendo más “Mar Océana” que navegar, nos aventuramos entonces a una nueva “Mare Nostrum”, un espacio geográfico que ampliaba sus horizontes ahora en la plena tridimensionalidad del espacio: la “Mar Eola”.

 

Que cada uno de esos nuevos espacio descubiertos están llenos de cosas sorprendentes y maravillosas, pues sí; pero eso era una consecuencia secundaria de lo esencial: avanzar en el conocimiento del espacio, ampliar la cartografía hasta cerrar el Globo Terráqueo, y enfrentar el hacer de nuevos mapas, porque el espacio geográfico aún iba más allá en un horizonte cada vez más extraño.

 

Muchos quedaron en el camino, extasiados, embelesados en el encanto de tanto portento (lo mismo de las Amazonas que del Canto de las Sirenas; y hoy se ostentan como geólogos, que no lo son, haciendo “geomorfología”; como meteorólogos, que no lo son, haciendo “climatología”; como biólogos con dos cursos, haciendo “ecología”; como edafólogos, haciendo cultivos en microclimas cual agrónomos que no lo son; como ecónomos, que ante los economistas son “geógrafos”, y ante los geógrafos son “economistas”; como etnólogos, como demógrafos, etc, etc.  Y que cuanto más ha de reconocerse su alto nivel de especialización, tanto más alejados y olvidados de la geografía); abandonaron el conocimiento geográfico y su interés por el espacio; esto es, por lo que aún había más allá de la “Mar Océana”; y se convirtieron en una multitud de especialistas en otros conocimientos que dieron lugar a otras tantas ciencias.  Los verdaderos geógrafos, en el espíritu de los argonautas, continuarían su navegación.

 

Y entonces se comenzó a navegar por la “esfera del movimiento del aire”, la troposfera; y pronto se descubrió que había otras “esferas” más allá: la estratósfera, la magnetosfera, y la exosfera.

 

Nuevas exploraciones avanzaron en el conocimiento de la “Mar Eola” de la que los geógrafos fueron dando cuenta en la nueva cartografía, y pronto se descubrió que la “Mar Eola” daba tránsito, a “muy corta distancia”, a una “Mare Nostrum” que se ampliaba inconmensurablemente.  El espacio geográfico, en un nuevo mar extraño, abría un nuevo horizonte aún más insondable que todo océano antes explorado.  Más allá de la estratosfera, comenzaba la “Mar Vacui”.  Desde siempre, el nuevo horizonte intimidó a los más; pero esta vez, lo hizo a tal punto, que todos los geógrafos concluyeron que la “Mar Vacui” ya no era una nueva ampliación de la “Mare Nostrum”; que ese ya no era propiamente espacio geográfico, sino ya espacio cósmico.

 

De ser así, cesaba el conocimiento del espacio geográfico en extensión, y era hora de pasar de lleno al conocimiento de su estructura y propiedades internas.

 

Pero, otra vez, nuevos argonautas exploradores se aventuraron en empresas colectivas de una enorme complejidad; los nuevos Colón, los nuevos Vespucio, los Magallanes de hoy, siguieron siendo importantes, la clave, lo significativo de la exploración, pero tanto más que ellos, ahora lo son la “Escuela Geográfica Mallorquina”, la “Escuela Geográfica de Saint Dié”, la “Escuela Geográfica de Sagrés” o la “Escuela Geográfica de Flandes” (más conocidas como "Escuelas Cartográficas"), en donde los Cresqués, los Waldseemüller, los Mercator, son tanto o más importantes que aquellos; es decir, la forma antigua de la actual Baikonur o la forma antigua de la actual Agencia Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA); para incursionar en la navegación de la “Mar Vacui”.  Cada época plasmó el conocimiento del espacio en sus Cartas Geográficas, sólo que esta vez ya no estuvo presente el geógrafo dando cuenta de ese espacio en sus mapas.  Y los nuevos navegantes, incluso, desde un Y. Gagárin a un N. Armstrong, ya no se dijeron a sí mismos “Pilotos” de una náutica marina o aérea, sino “cosmonautas”, navegantes del cosmos; o “astronautas”, navegantes de los astros.

 

Hasta que apareció un geógrafo* que estudiando las propiedades de lo suyo, el espacio, se dio cuenta de que la “Mar Vacui” era aún extensión de la “Mare Nostrum”, y, ciertamente, la última mar del espacio geográfico a navegar.

 

Los nuevos exploradores, cierto es también, a su vez, nautas más allá de los 320,000 km de distancia de la Tierra, dejabn de ser nautas de la “Mare Nostrum” geográfica o terrestre, y se converten, efectivamente, en astronautas o cosmonautas, en navegantes de más allá de nuestro espacio terrestre en pos de la nueva Clóquide misteriosa ahora en la estrella de Aries; no obstante ya en una “Mar Vacui” de un cosmos infinito y de infinitos mundos para los inacabables aventureros, de los inagotables Laertes, Heracles, Jasón o Ulises de todos los tiempos en la condición de la naturaleza humana: ir al espacio.



*   Declarado risiblemente como no-existente por una cerrada y acientífica comunidad de geógrafos que “no entiende” la función de la geografía teórica (pero que en realidad la omite porque afecta sus mezquinos intereses), dada la herejía de insistir en el estudio del espacio, por lo que no le queda más remedio que identificarse a sí mismo: ese geógrafo, es el autor de estas líneas (todo lo cual, más que “lamentar” una “misantropización”, expresa la pobreza intelectual y moral de esa comunidad de “geógrafos” que se ha autocondenado históricamente).


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