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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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31 mayo 2015 7 31 /05 /mayo /2015 22:04

Un Cuerpo; lo que Ocupa un Lugar en el EspacioEl Espacio Geográfico en la Teoría del Vacuum, de Luis Ignacio Hernández Iriberri: los Estados de Espacio (6/...)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

20 abr 13

 

Antiguamente, hablar de los estados de la materia, era hablar de las esencias o elementos: tierra, agua, aire, fuego y ápeiron.  Luego, por los estados de la materia se empezó a entender, si bien los mismos elementos, pero con categorías semejantes que expresaban ya relaciones distintas en un mayor grado de abstracción y generalización: sólido, líquido, gas; a lo que se sumaron otros estados nuevos descubiertos (coloides y bosones), a la vez que el ápeiron, por su propia determinación etimológica como “lo indefinido”, fue omitido.

 

Con la aparición del marxismo (1844) y su sistema filosófico, la dialéctica materialista, consolidado en sus fundamentos esenciales con Lenin hasta principios de los años veinte del siglo pasado, como con los desarrollos de la física, tuvo que hacerse una distinción entre los conceptos de materia (concepto filosófico) y de sustancia (concepto físico que alude a una masa en reposo), pues al descubrimiento de los campos eléctrico y magnético, y con ello el reconocimiento de otros campos semejantes como el de gravedad, el térmico, o el lumínico, parecería que éstos, al no ser sustanciales careciendo de masa en reposo (o dicho en sentido positivo, poseyendo masa en reposo nula), pudiera denominársele como “inmateriales”, complicándose la idea con los sistemas filosóficos, al identificarse tales campos en tanto nuevos estados de la materia, con un condición metafísica.

 

El último concepto identificado con esta situación, fue el vacío (hasta los años noventa del siglo XX), del que si se reconocía su existencia, a su vez se identificaba con “la nada”, dando esa condición metafísica.  Sin embargo, de manera semejante, el vacío, como un hecho de experiencia, bien podía reconocerse como un campo, y por lo tanto, como un estado de la materia más: y el ápeiron volvió a la escena; sólo que ambos conceptos (vacío y campo), identificados entre sí, de antiguo (como una distancia entre dos cuerpos) se identificaban a su vez con el concepto de espacio.

 

Finalmente, el espacio no podía entenderse exclusivamente como la extensión (el campo o lo vacío), sino que a su vez adquiría formas en lo extendido (las sustancias o lo lleno); y con todo ello se hizo posible ya elaborar una teoría del objeto de estudio de la Geografía: el espacio geográfico en particular.

 

Al empezar a estudiar el espacio geográfico por el análisis mismo de su estructura, ya no podemos limitarnos, como anteriormente, al espacio dado por la estructura de la sustancia (el planeta con su litosfera, hidrosfera, atmosfera y biosfera), sino aún más, considerando la estructura de los campos involucrados en esa geometría (sus campos de gravedad, electromagnético, térmico, etc).  Pero al hacerlo dialécticamente, esa consideración ha de ser en las transformaciones mutuas de la sustancia y campos; de donde, del estudio de la estructura, se pasa al estudio de los estados del espacio geográfico sustanciales básicos (conocidos en la físico-química como “medios de dispersión” y “fases dispersoras”) dados los procesos de solidificación, fusión, disolución, evaporación, sublimación, condensación o medios de dispersión, y sus transformaciones en energía.

 

Al adentrarnos al estudio del espacio, en particular geográfico, dadas estas consideraciones esenciales de la naturaleza del espacio, la estructura del mismo nos revela un aspecto más: su geometría.  El espacio geográfico no es un “algo” amorfo, sino, por todo lo contrario, resulta en una compleja morfología que, en lo básico, análogamente se nos presenta con los elementos de la cristalografía: la presencia de ejes, planos y ángulos de simetría, que, aún más, no permanecen fijos o estáticos, sino que se mueven, esto es, que tanto se trasladan, como cambian de tamaño (ambas cosas en magnitudes casi infinitesimales).

 

 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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