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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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29 marzo 2015 7 29 /03 /marzo /2015 22:04

Modelo del Espacio Terrestre, Continuum, Proyección PolarEl Espacio Terrestre como el Continuum Einsteniano, en José C. Martínez Nava, 1995. (2/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

29 ene 13.

 

En esencia, la exploración consecuente que José C. Martínez Nava hace de la propuesta de Riábchikov, no sólo se refiere a apegarse estrictamente a los planteamientos de éste, sino al hecho de que tanto Riábchikov como nuestro autor, desarrollan la geografía desde una posición dialéctico materialista o marxista, en los desarrollos alcanzados en ésta hasta los años ochenta; preeminentemente, en cuanto a los fundamentos filosóficos relativos al concepto de espacio.

 

Eso explica el contenido de lo expuesto por José C. Martínez Nava en las dos primeras líneas de su texto: “el espacio terrestre, es decir, los aspectos espaciales de los objetos y fenómenos naturales y sociales…”[1].

 

El pensamiento marxista con los fundamentos filosóficos dados hasta los años ochenta, al antiguo problema democritiano de qué habría entre dos átomos (en su sentido etimológico literal de dos partículas infinitesimales indivisas, se responde con los fundamentos einstenianos de su teoría del continuum, es decir, de la existencia de más formas de sustancia y campos entre ambas partículas, excluyendo en ello la posibilidad del vacío.  De este modo, el espacio no podría ser una tridimensionalidad del vacío entre esas dos partículas, sino la tridimensionalidad misma del continuum.  En ese sentido, el espacio dejaba de ser un “algo” distinto de las cosas o el conjunto de las cosas, sino las cosas y el conjunto de las cosas mismas.  Así, el espacio terrestre, dice José C. Martínez Nava, no es algo distinto de las cosas, sino las cosas, los objetos o fenómenos naturales y sociales, en sus “aspectos espaciales”, esto es, en las propiedades de su tridimensionalidad, incluso, einstenianamente, de su tetradimensionalidad o condición de espacio-tiempo.  En los términos en que a su vez lo expresa el Dr. Eli de Gortari, decía éste: “no es que las cosas existan en el espacio, sino que su existencia es espacial[2].  Si bien la práctica histórico social hasta ahora no ha desmentido este hecho, sí hizo ver su insuficiencia teórica aún en un acierto parcial, en el concepto de espacio, al referirse a sólo un aspecto del mismo: su estado discreto plenista.

 

Hasta aquellos años ochenta-noventa del siglo XX, esa era la manera en que la dialéctica materialista daba respuesta al difícil problema del concepto de espacio (y a lo que volveremos en detalle más adelante), que en su esencia, involucraba al vacío, al que no se le daba un reconocimiento en forma material objetivamente existente, sino al cual se identificaba con el concepto de “la nada”, no obstante entonces, en el supuesto metafísico, donde esa “nada” sería realmente existente en forma independiente de la materia; y de ahí su rechazo en la dialéctica materialista.

 

Que en José C. Martínez Nava había ya un desarrollo teórico del concepto de espacio en la teoría del espacio terrestre en esos términos consecuentes a la dialéctica materialista de aquel entonces, se trasluce con toda evidencia cuando, con todo acierto en ese contexto, apuntaba que: “Hacía falta no sólo la teoría del conocimiento geográfico”, sino una teoría del espacio terrestre; y refiriéndose a sí mismo, nos dice: “…hasta el surgimiento de la teoría del espacio terrestre más acabada aunque inédita aún, construida por el autor de estas líneas”[3], deja ver con tal expresión, que tenía ya una propuesta teórica del mismo.  Sin duda, pues, José C. Martínez Nava tenía ya en 1995 un planteamiento propio de la teoría del espacio terrestre, cuyo contenido concreto desconocimos, pero que podemos deducir en sus principios en la teoría plenista del continuum, tal como está dada, en el supuesto teórico, en la Estructura y Dinámica de la Esfera Terrestre (1976), de A.M. Riábchikov, de la cual José C. Martínez Nava parte y desarrolla en una abstracción y generalización mayor, llevando a más el supuesto teórico de aquel en un fundamento teórico concreto, independientemente de que en  ello falta aún su formalización teórica como axiomatización lógica.

 

Una vez que se establece un marco teórico gnoseológico explícito, el objeto de estudio claramente determinado en forma lógica e históricamente que se entiende en un conjunto categorial, dados los elementos del método propio, así como la definición de la teoría misma de su objeto de estudio, se está en una lógica plenamente consistente para determinar aspectos subsecuentes tales como la consiguiente estructura de conocimientos; y de una masa de datos históricamente dados, Martínez Nava procede a establecer la categorización de esa estructura y de la teoría geográfica que le corresponde.

 

Es pues, se puede decir, una propuesta que, como en todos los casos, será tanto más certera, cuanto más objetivamente refleje la faceta de la realidad que dice estudiar: el espacio terrestre; y, en consecuencia, el que dicho espacio sea ciertamente la espacialidad del contiunuum terrestre (en la que particularmente se prescinde de la noción del vacío), como verdadero reflejo objetivo de lo que el espacio terrestre es en la realidad.

 

Ello no es verificable sino en el contexto de una práctica histórico social.  En su momento ya diferíamos en este punto, pero a casi veinte años después, esa práctica histórico-social, se hace concreto fiel de la balanza: en la propuesta había aún insuficiencia, en ella no se estaba abarcando aún la noción del espacio en el máximo contenido y extensión posible, que no le hiciese caer en contradicción o insuficiencia.

 



[1]       Ibid. p.1

[2]        De Gortari, Eli de; Dialéctica de la Física; Grijalbo, México, 19; p. (subrayado nuestro)

[3]        Martínez Nava, José C; Geografía Integral; Ediciones Especiales, SMTHG, México, 1995; p.2

 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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