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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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12 abril 2015 7 12 /04 /abril /2015 22:04

Molusco FumandoEl Espacio Terrestre como el Continuum Einsteniano, en José C. Martínez Nava, 1995. (4/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http:espacio-geografico.over-blog.es/

29 ene 13.

 

A lo anterior hay que agregar un hecho importante muy simple, pero determinante.  En 1995, aún no existía la Red Internacional de Información (Internet).  Y ello está vinculado a  otro hecho de particular  importancia: un reflejo determinado de la realidad objetiva, inducirá a una interpretación determinada de la historia; pero, dialécticamente, por lo inverso, una defectuosa interpretación de la historia, sólo dará un reflejo defectuoso de la realidad.  Y esa era una situación  crítica aún en 1995.  De una lectura general de la historia, habíamos desarrollado un modelo interpretativo de la historia que nos ayudó a entender mejor la realidad de la geografía, tanto en su historia como en su teoría, pero ese modelo, en su generalización a falta de fuentes documentales, estaba plagado de lagunas, de vacíos, de falta de continuidad, de falta de explicación de transiciones; y ello no podía sino inducir a un error tan crítico; hoy, casi veinte años después, visto evidentemente así; como el considerar la fundación de la geografía como ciencia moderna, en Alejandro de Humboldt y Carlos Ritter, en el siglo del romanticismo, cuando en esencia, ello ya estaba en el siglo anterior, en la Ilustración, pero, no casualmente, del que no sabíamos casi nada, y lo poco que conocíamos estaba totalmente distorsionado y nada entendíamos.  Y de ahí esas críticas contradicciones, como el juzgar a Humboldt y Riiter como los fundadores de la geografía científica moderna, y, a la vez, reconocerlos como idealistas subjetivos y origen contemporáneo de la idea equivocada de la geografía como ciencia de los fenómenos.

 

Cómo podría hablarse, por ejemplo, de una geografía como ciencia moderna, cuando aún ésta no tenía claro su propio objeto de estudio.  Evidentemente, nos faltaba información, y sobre su base, un esfuerzo aún mayor de abstracción y generalización.

 

A pesar de ello, con toda nitidez, se apuntaba en la dirección correcta, sin embargo, al retomar los antecedentes dados en estos trabajos, en el caso del autor aquí en análisis, luego de que en las dos primeras unidades de su obra ha tratado tanto con los fundamentos teóricos como con la historia de la geografía, de donde tales fundamentos teóricos se generalizan; en la tercer unidad de su Geografía Integral, pasa a abordar el tema que titula: “El espacio terrestre como sistema de elementos”, unidad particular de especial importancia, porque en ella se concreta, en un lenguaje y categorización al alcance del estudiante de la educación media superior, su propio planteamiento teórico acerca de la teoría del espacio terrestre.

 

En ello, todo se centra tan sólo en el enunciado del primer subtítulo: “El espacio: vacío o materia?”, el cual ya desde entonces, poseía con evidencia, una disyuntiva que estaba en el centro de la teoría del espacio desde el último tercio del siglo XIX, y ya enfáticamente durante el siglo XX, dada tanto en la física como en la filosofía; y la discusión estaba, significativamente, no en la respuesta en tal o cual sentido; en si el vacío era algo material o si simplemente no formaba parte de la realidad objetiva; sino en si tal disyuntiva era falsa o  no.  Todo ello dado particularmente en el ámbito de la filosofía y física dialéctico materialista.

 

Se formaron, pues, dos posiciones: 1) la mayoritaria, de aquellos que  negando la existencia del vacío, identificaban al espacio como las formas  materiales de las sustancias concretas, en la teoría einsteniana del continuum; y 2) la de unos cuantos, Kósiriev, Guerásimov, aquellos que se atrevieron a afirmar la existencia del vacío, e identificaban al espacio con éste, en su cualidad más esencial.  Era, pues, ya desde entonces, una falsa disyuntiva en la que se pretendía hacer del vacío una abstracción metafísica.

 

Un argumento débil de esto último, siendo una expresión funcional del vacío, la expresa el autor: “el vacío, lo que no está ocupado por cuerpos materiales”[1], establece el vacío tan sólo como “la ausencia de algo”, donde lo que queda es “nada” (nada de ese algo), induciéndonos a la identidad, primero, del espacio con el vacío, y luego de éste con “la nada”, resolviéndose así en la metafísica.  Ciertamente, el espacio, como el tiempo, son dos propiedades universales de la materia, de modo que no puede haber espacio sin materia, como estado material sin la propiedad sin la propiedad espacio-temporal.

 

Hasta antes de los experimentos de Otto von Guericke a mediados del siglo XVII al crear estados de vacío y estudiar sus propiedades, y cuando se identificaba (como incluso todavía en muchos casos), la materia con la sustancia, ciertamente el vacío podía identificarse, a su vez, con “la nada” (lo que no es sustancia=materia), y por lo  tanto, lo que  no es material.  Pero los experimentos  de Guericke demostraron nos sólo que el vacio existía, sino que tenía que ser, en consecuencia, algo perfectamente material, aún sin ser sustancia.  Pero ese “algo” que podía ser material sin ser sustancial, la física tardó en definirlo, haciéndolo sólo hasta el siglo XIX con el concepto de campo (térmico, lumínico, eléctrico, magnético, gravitacional (+p), o de vacío (-p)).

 

Así, lo que finalmente habrá entre dos partículas infinitesimales, será un campo, que sin ser sustancia, es completamente  material: como el vacío, así sea relativo en los distintos estados de densidad, que finalmente Einstein identificará con la constante cosmológica cuya energía (-p), es opuesta al campo gravitacional (+p), donde el valor de (–p) se incrementará de manera directamente proporcional a la disminución de la densidad (o conforme a la tendencia al vacio absoluto).  José C. Martínez Nava, así lo entendía ya entonces, y de ahí  que  concluya: “el espacio es la unidad de lo continuo… (los campos o estados de masa en reposo nula), y lo discreto (la sustancia)”[2].

 

De este modo, José C. Martínez Nava llegaba a las mismas conclusiones a las que nosotros habíamos arribado quince años antes en la investigación de nuestra tesis de licenciatura.  Parecería, entonces, que no habría lugar alguno a diferencias, pero sutilmente allí quedaron, y ello derivó en dos planteamientos distintos de la teoría del espacio terrestre: 1) el dado en el planteamiento del continuum einsteniano con el rechazo de la  noción del vacío (no aceptado ni en sus términos relativos); y 2) el planteamiento dado, por oposición, en lo que el autor de esta análisis sobre la obra de Martínez Nava denominó como el vacuum, con la aceptación del vacío reconocido incluso como la propiedad más general y esencial del espacio.

 



[1]        Ibid. p.43

[2]        Ibid. p.44 (paréntesis nuestros).

 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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