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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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25 marzo 2010 4 25 /03 /marzo /2010 09:03

El Estadista:
Proeycción Intemporal de Benito Juárez.
Dos Flechas para la Ballesta.
Ensayo, 2010 (3/3).

Dr. Luis Ignaco Hernandez Iriberri.

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 01 abr 10.

 

 

La consolidación del Estado nacional como necesidad histórica.

 

Toda la influencia ideológica de Juárez, esencialmente, sobre la teoría del Estado, y como tal, como forma de consolidación del Estado, es la deontología política (hemos dicho y subrayamos: el acto en el deber ser que obra con el propio criterio y albedrío en nombre de lo moral y universalmente justo, en el contexto de la necesidad histórica), de los representantes de la clase social emergente en el poder.

 

Desde mediados del siglo XVIII, ya las reformas borbónicas pugnaban por la modernización de la entonces Nueva España, insertándola en los nuevos procesos económicos; que cuando en el resto de Europa se transitaba al liberalismo económico, en España se luchaba para transitar forzadamente de un mercantilismo incipiente, a la fisiocracia, y de hecho intentando dar un salto a ese nuevo modelo que impulsaba el desarrollo en todo el viejo continente.  La Guerra de Independencia de 1810-1821, rompió y revolucionó ese lento proceso controlado por el reino.  Una nueva clase social que terminó con su condición de súbdita del reino, tomó el poder.

 

Comenzó con ello una nueva lucha caracterizada, por una parte, por echar las bases para el desarrollo capitalista; pero, por otra parte, y esencialmente, por lograr la estabilidad política que posibilitara y favoreciera ese desarrollo económico-social con la consolidación del Estado, cuyo fundamento esencial estaba dado con la solución final a la “Querella de las Investiduras” desde el siglo XII en Europa, y que constituía la esencia de la Reforma: la separación entre la Iglesia y el Estado.  Pero no fue sino justo con el triunfo sobre la intervención francesa y el fusilamiento de Maximiliano y los principales representantes del conservadurismo de resabios monárquicos: Miramón y Mejía, que se rompió con todo cuanto causaba inestabilidad política y frenaba el desarrollo, instaurándose, por fin, en forma, el Estado nacional consolidado.

 

Por ello había respondido ya otro prócer, reflejando la integridad política que tal conciencia de la necesidad histórica reclamaba: Mariano Escobedo, que cuando Maximiliano le pidió le diera una salida en el sitio de Querétaro comprometiéndose a embarcarse de inmediato en el puerto de Tuxpan, Veracruz, rumbo a Europa, Escobedo negó tal posibilidad.

 

Y la influencia ideológico-política en lección sobre el ejercicio de la razón de Estado pasó; no sin dejar de sernos paradójico a los legos; al discípulo[]: Porfirio Díaz.  Éste, con prudencia política bien calculada, se había mantenido al margen –y citamos un largo pasaje justificado por sí mismo, narrado por Ralph Roeder acerca de esa lección entre el Maestro y el discípulo–: “Una vez –cuenta Roeder–, sin embargo, [Porfirio Díaz] intervino a favor de uno de sus compañeros de armas, cuya rebelión había fracasado y cuya suerte estaba en manos del Primer Magistrado..., <<don Benito –expone Porfirio Díaz citado por Roeder–, estaba en pie y me recibió.  Don Benito era un hombre que no se reía nunca, que no inspiraba confianza a nadie: muy frío, muy sereno, muy grave, muy adusto.  Y hablamos así: –¿Cómo está usted, Porfirio? –Muy bien, don Benito, ¿y usted? –¿En qué puedo servirle? –Pues, don Benito, vengo a hablar por el pobre de Aureliano.  Y le conté entonces la situación de Rivera y lo que éste quería.  Las facciones de don Benito no se movieron en lo más mínimo.  Con la mirada fija –unos ojos como carbones– me dijo: –Dígale a Aureliano que se presente.  –¿Qué le diga que se presente?  Pero, entonces... ¿quiere decir que está indultado?  –Que se presente y se cumplirá la ley.  Dígale que se presente.  –Pero, don Benito, ¡qué voy a decirle que se presente para que lo fusilen!  –Es la única solución: que se cumpla la ley.  Se hizo una pausa, y al ver que era inútil insistir, me levanté y dije: –Pues don Benito, siento mucho haberlo molestado.  Yo voy a ver qué puedo hacer por el pobre de Aureliano.  Me acompañó hasta la puerta y en la puerta me dio la mano y me dijo: –Veremos lo que hace usted por Aureliano.  Y esta frase me pudo, y sabe Dios hasta que punto influyó en la determinación que formé después>>; y Roeder termina diciendo; lo supo también don Benito.  A pesar de la inflexibilidad del Presidente, el pobre Aureliano fue indultado...”.

 

Luego siguió lo sórdido de la política en la lucha de diversas facciones por el poder, en lo que Juárez se centraba con dificultades crecientes en la restauración de la República y la administración del Estado.

 

Ello tenía que ser así, esa era la condición histórica de necesidad; la conciencia y preclaridad del Benemérito de las Américas en ello, lo hizo enfrentar paciente y sistemáticamente esa lucha por la libertad..., ou la Mort.

 

 

Conclusión.

 

Benito Juárez, como estadista, es un hombre de apotegmas, de la sentencia breve como instrucción y consigna de la acción de Estado.  De su pluma no correrá la tinta de una prosa decimonónica profusa de ideales político-sociales romanticistas de una sociedad futura más justa e igualitaria, como quizá lo pudiéramos considerar en sus contemporáneos, como un José Martí, que apostólico, propaga una doctrina y muere cual mártir en una acción de combate; o de un Abraham Lincoln, que gozando de plenos poderes impone su razón de Estado, y pronuncia su famoso como lacónico discurso de Gettysburg expresando la ideal plenitud de la democracia: el poder del pueblo, para el pueblo, y por el pueblo.  En Juárez, el ápice de su pluma y su tintero se consumirán, por lo contrario, en el dictamen de la acción de Estado que hacía en ello y en ese momento, una sociedad más justa e igualitaria, más democrática; en la justa medida no sólo de lo que en ese momento era lo necesario, sino lo posible de realizar, en correspondencia plena con la necesidad histórica.

 

Había, pues, una parte del análisis histórico que nos hacía falta, justo, para poder interpretar a Benito Juárez, al hombre y su momento histórico concreto.  Así, no ha sido este escrito un ensayo de historia por cuanto al testimonio documental de archivo; sino de historia, por cuanto al fundamento teórico de la misma; sin lo cual, de Juárez todo se hace “apología sagrada”, como mejor argumento contra sus detractores.

 

De este modo, entender a Juárez y su obra, al ser humano y sus actos, es entender, en su esencia, al estadista; esto es, comprender aquello por lo que tal hombre trascendió, proyectado, intemporal, en la historia.

_____

 

Bibliografía.

 

Roeder, Ralph; Juárez y su México; primera edición, 1947; Fondo de Cultura Económica; México, 1972.

Sierra, Justo; Juárez, su Obra y su Tiempo; primera edición, 1905; Porrúa, México, 1980.

Vigil, José Mª; La Reforma; en “México a Través de los Siglos”, Tomo V, primera edición, 1884-1889; Editorial Cumbre; México, 1967.



[]      Aquí coincidimos con Roeder, el cual también llama discípulo de Juárez, a Porfirio Díaz.

     Ibid; p.1013-1014.


 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Política
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