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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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1 mayo 2011 7 01 /05 /mayo /2011 23:03

Ícono EducaciónEl Estudiante Universitario Actual. Ensayo, 2004 (3/4).

Dr. Luis Ignacio Hernandez Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over.blog.es/

La Tierra, 1 (jN, lW); 09 may 11.

 

 

La Solución Moral en el Docente,

y de Conveniencia para la Institucionalidad.

 

Como docente, parado frente a ellos y declarándome marxista –en el supuesto del beneficio de su formación crítica, algo que ahora se hace evidente como una ingenuidad sin sentido–, en tanto ello no ponga en riesgo su propia proyección en los términos antes dichos, puede pasar en la medida que la autoridad respalde –sin ello, ellos mismos se encargarían de poner en entredicho a aquel que a su vez cuestiona su propia condición–; mas, siendo estrictos, ejerciéndoles presión de mi parte al estudio (y al estudio simple, descriptivista), ese respaldo institucional resulta tan bano, como pretender la defensa de Hypatia aduciendo ante la fanática e ignorante chusma, que era geómetra (cuando justo por ello la sacrificaban)

 

A un docente al que juzguen como de su propia condición ideológica, le guardarán respeto necesariamente, por definición; en las leyes de esta selva, “ya les llegará a ellos su turno”, y serán tanto o más “lideres” que él para dictar el establecimiento de su propio orden.  Pero al docente que juzgan contrario a su ideología, y más aún, el que pretende hacer valer ante ellos “su propio orden de cosas”, si con la pura exposición de las ideas de ese docente –y explícitamente sin poner en riesgo la situación académica personal de ese estudiante y el mismo esté consciente de ello– se suscitan casos que obligan a pensar[*]; aunado a la exposición de las ideas, la exigencia académica por parte de aquel que juzgan actúa perversamente en su contra, no puede tener buen fin.

 

Más aún, lo que para el docente puede ser un acto de carácter deontológico, para todos los demás, dado el reino de otra ideología y manera de ver el mundo, ese acto puede reducirse meramente a una afección y defensa psicológica.

 

Todo pues, invita al arte de la simulación; no por falsedad ética, sino como consecuencia de las condiciones objetivas concretas, y no sólo en bien personal, sino institucional y de un proyecto del que, estamos conscientes, formamos parte; como recurso para sobrevivir en la ignorancia y el fanatismo propio de una Edad Oscurantista.  Es el condicionamiento a la esquizofrenia en la cual, nuestro pensar y sentir es uno, pero nuestro decir y hacer es otro y lo opuesto.

 

La naturaleza de este docente no es la del docente común, formal, sino lo más parecido, a lo que más se puede aproximar y lo que más daría una idea acerca de su concepto del docente que se hace de sí, es la del maestro filósofo de la Antigüedad.  A éste lo respaldaba su condición de miembro de la clase esclavista; al docente de que se habla aquí, no puede respaldarlo más que la institución.  Después de ello, todo no es más que el conocimiento científico..., pero como con el maestro del la Antigüedad..., no para todos, sino sólo –decía uno de ellos–, “para el que sepa geometría”, es decir, para el que ya esté dispuesto a saber, que lo desee, que lo busca, que lo pide realmente.

 

En realidad, ya en este medio alienado sin remedio, el problema no es mas que reconocer el tipo de simulación: el formal, el “oficial” del sistema educativo en donde se hacen sus rigurosos exámenes, algunos reprueban, se vuelven a examinar o recursan y van saliendo, pero en el fondo muy pocos realmente aprenden algo (y lo que aprenden, en el ámbito del eclecticismo o de lo idealista subjetivo, no es necesaria y exactamente lo riguroso científico); o el convencional del docente de que se habla aquí, en donde se enseña y aprende el que está preparado y dispuesto para ello, y por ello realmente aprende (con conciencia clara de que se hace en el marco teórico del materialismo dialéctico); y no reprueba mas que aquel por el cual nada es posible hacer; y los demás, “van saliendo”.

 

A nuestro juicio, más vale explicar estas condiciones de un aprendizaje voluntario a los estudiantes y por su propia decisión, que vivir la docencia como un conflicto en que ambas partes asumen mutuamente actuar con perversidad, y recíprocamente se predisponen el uno con el otro.  Esto último no es mas que la negación misma del hecho educativo.

 



[*] Aquí se hacer referencia a dos o tres casos de conflicto.

 



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